Sharon sufrió un duro revés en su propio partido

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Jerusalén (Reuters, AFP) --El primer ministro israelí, Ariel Sharon, sufrió ayer un severo revés dentro de su propio partido cuando la máxima dirigencia del Likud votó en contra de la creación de un estado palestino al que se arribaría tras un hipotético proceso de paz. Esta decisión, que complica los de por sí frágiles intentos de negociación, coincidió con un aplazamiento de una ofensiva militar en la Franja de Gaza y la peregrinación de una multitud de cristianos a la Basílica de la Natividad, a donde acudieron a rezar tras la reapertura del viernes.

Sharon había jugado todo el peso político de su figura para imponer una moción que demorara una proclama como la adoptada, para no obstaculizar el proceso tal como le pidió Estados Unidos. Pero los 2.700 miembros del Likud votaron mayoritariamente por rechazar la creación de un estado palestino, con lo que virtualmente pusieron en jaque el liderazgo de Sharon, y encumbraron al ex premier Benjamin Netanyahu, ubicado aun más a la derecha que el actual jefe del ejecutivo.

• Acusación

Netanyahu reclamó, incluso, la expulsión del líder palestino, Yasser Arafat, a quien acusó de «buscar la destrucción de Israel mediante el recurso del terrorismo». Al hablar ante el comité central del Likud, Sharon aconsejó no adoptar aún una postura terminante sobre la cuestión palestina, tras lo que recibió un abucheo generalizado que prenunció la votación.

En tanto, el gobierno retiró la ofensiva prevista para ayer en la Franja de Gaza por presiones diplomáticas y oposición entre sus generales, algunos de los cuales sostenían que los detalles habían sido filtrados a la prensa. El ministro de Defensa,
Benjamin Ben-Elie zer, aclaró: «Nos reservamos el derecho de responder cuándo y cómo nosotros querramos y punto».En Belén, los cristianos palestinos llenaron la Basílica de la Natividad, lugar donde los cristianos creen nació Jesucristo, y celebraron misa por primera vez desde que terminó el cerco de los militares israelíes. La misa fue ofrecida por el cardenal Roger Etchegaray, enviado especial del Papa Juan Pablo II, y el patriarca latino Michel Sabbah.

La reapertura de la iglesia había generado cierta distensión de la conflictividad, que se sumó a la declaración de Israel que consideró «alentador» el comunicado firmado en Sharm el Sheih (Egipto) por los jefes de Estado de Egipto, Siria y Arabia Saudita,
Hosni Mubarak, Bahsar Al Assad y el príncipe Abdel Aziz, que rechazó «la violencia en todas sus formas».

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