La del miércoles fue una jornada trágica sin precedentes.
Nunca antes desde el inicio de las protestas contra el presidente sirio Bashar al Asad habían muerto tantas personas en un día: 376 perdieron la vida el martes, según indicaron defensores de los derechos humanos y activistas. Entre las víctimas letales figuran 49 soldados de las tropas leales al régimen.
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Fuentes coincidentes de varias organizaciones indican que la mayoría de muertes se produjeron en la capital, Damasco. Durante la jornada siguieron los combates en varias provincias. Desde el inicio del conflicto el año pasado en marzo unas 30.000 personas han muerto en Siria.
Las partes en conflicto parecen que van a decidir el futuro del país en el campo de batalla, a pesar de que en Nueva York se debate sobre una solución política a la crisis, que ha derivado en guerra civil.
El opositor Consejo Nacional Sirio elogió el avance de los insurgentes armados en las provincias de Alepo y Al Raka. La agencia estatal de noticias Sana informó que las tropas del presidente Bashar al Asad registraron avances en sus lucha contra "grupos terroristas" en Daraa y Alepo.
Por su parte, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiado (ACNUR) advirtió en Ginebra que la cifra de refugiados sirios que huyen del conflicto podría duplicarse y ascender a 700.000 personas antes de que acabe el año.
Esa oleada desbordaría a los países vecinos, dijo el coordinador de ACNUR, Panos Moumtzis, quien pidió la solidaridad de la comunidad internacional. Naciones Unidas estima que para atender a estos refugiados se precisan u$s 488 millones, más del doble de lo que se ha empleado hasta ahora.
Hasta la fecha, según datos de ONU, han huido 294.000 sirios de su país y han buscado refugio sobre todo en Jordania, Líbano, Irak y Turquía.
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