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10 de abril 2008 - 00:00

Sopa paraguaya de candidaturas

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Apenas faltan 10 días para la elección presidencial en Paraguay y ya está perfilada, para la recta final, una pulseada, reñida, entre el (r) general Lino Oviedo y el ex obispo Fernando Lugo. Según las últimas encuestas, bastante atrás, en el furgón de cola, quedó la candidata del oficialista partido Colorado, la docente y ex ministra de Educación Blanca Ovelar, con 19% de intención de voto, frente a los 30 puntos que ya tendrían asegurados cada uno de sus dos adversarios.

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La campaña proselitista en tierras guaraníes se puso movidita en las últimas semanas. El denuesto duro y la acusación fácil sacaron de la modorra a un período pre electoral que, como suele ocurrir en nuestro subcontinente, nunca viene exento de promesas de milagros instantáneos para la economía, la educación, la vivienda y la salud. Sueños y vaticinios de estar entre las primeras potencias del mundo, que después, obvio, se desinflan en la triste cotidianeidad. Algo queda, siempre, cuando todo pasa, en el imaginario o al menos en el graffiti vernáculo, como quedará en Paraguay la imagen de Lugo, vestido no con sotana sino en uniforme camuflado con la leyenda «embajador de las FARC», o la caricatura en la que dos mosquitos «aedes aegypti» -transmisores de la fiebre amarilla-, con los rostros del actual presidente Nicanor Duarte Frutos (se postula a senador) y de la candidata Ovelar, se explican con la inscripción «Que se enfermen ellos», ( pegatina ésta, proveniente de Alianza Patriótica para el Cambio, APC, el partido de izquierda de Lugo). O los afiches en los que Lino Oviedo, de increíble parecido físico con el cómico Alberto Olmedo, se abraza con Cristina de Kirchner y el presidente Lula, bajo el título «Trabajo, inversiones, respeto a los contratos». Un trío, forzado, que pareciera haberse fugado del sketch televisivo del Manosanta o, mejor aún, del de la república bananera y su tirano general entorchado.

La realidad de los candidatos, en cambio, es otra. Blanca Ovelar, admiradora de Cristina de Kirchner, no pudo escaparle a las debilidades propias del género y lloró en un acto proselitista, agobiada por los números de las encuestas, la campaña sucia y los crueles ataques de una prensa opositora (el diario «ABC»). Lloró como ya lo hicieron Hillary Clinton ante las cámaras de TV o la presidente Kirchner, emocionada luego del esfuerzo para tratar de encarnar a Evita en su último discurso en la Plaza de Mayo. Cosas de mujer o, ¿por qué no?, consejos del ecuatoriano Jaime Durán Barba, que además de asesor de imagen de Mauricio Macri ahora lo es de la paraguaya. Si él definió a Macri como un « macho alfa», bien podría haber aconsejado a Ovelar que actuase en conformidad. Esto es, en contraste.

  • Intereses

  • En cuanto a los candidatos Lugo y Oviedo, la pelea pasa por otro lado. Mejor dicho, por los intereses estratégicos regionales en pugna, que no difieren en mucho de los que están en juego en la vecina Bolivia. El ex obispo Lugo, con enorme predicamento en las zonas rurales más pobres, tendría el apoyo incondicional del venezolano Hugo Chávez. Logístico y financiero. Según ha dicho Frutos, el apoyo de Lugo iría aún más allá, y se entroncaría con el de las mismísimas FARC, implicadas, con Lugo y de acuerdo a lo que dice Duarte, en el secuestro y muerte de Cecilia Cubas, hija del ex presidente paraguayo Raúl Cubas (1998-1999), en febrero de 2006. Lo que sí es comprobable es la estrecha relación del ex obispo con Roberto Requiao (PMDB), gobernador del estado brasileño de Paraná. Requiao no sólo le facilita a Lugo el avión de la gobernación (hasta para una intervención quirúrgica en Curitiba) y le «presta» a su secretario de Comunicaciones, Airton Pisetti, para que lo asesore en la campaña, sino que actuaría como nexo con Chávez.

    En Asunción, mientras tanto, se dice que a Lugo, los lazos con el chavismo le estarían apretando demasiado el zapato y que estaría por renovar su staff de asesores para redireccionar su proyecto hacia un rumbo menos bolivariano.

    El caso de Oviedo, en cambio, es desembozadamente «verde y amarillo», como él mismo se encargó de anunciar el 7 de noviembre pasado, cuando lanzó su campaña en, nada menos, que la ciudad de San Pablo, Brasil. Lo hizo desde la mansión del empresario Aramis Maia y acompañado del magnate Walter Samara, a quien conoce de sus años de exilio en Brasil. Lo curioso es que Samara es un amigo personal de nada menos que el presidente Lula, con lo cual, el lanzamiento de la candidatura de Oviedo, para los entendidos en los vericuetos del «lobby» brasileño, es como si hubiera sido hecho desde el mismísimo Planalto.

    Respecto de su meteórico ascenso en las encuestas, algunos analistas ya presumen que se habría cerrado un pacto subterráneo entre el Partido Colorado en el poder y el ex militar, para impedir la llegada de Lugo a la presidencia. Blanca Ovelar, a su pesar, habría accedido a renunciar a su candidatura casi sobre la fecha de elecciones, para permitir que los votos «reales» se vuelquen a Oviedo.

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