Subsidio suicida a la bolivariana
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«Hay una creencia popular de que el petróleo nos pertenece a todos y por eso no se puede cobrar lo que cuesta producirlo. La consecuencia son estos subsidios brutales», explicó el experto.
Los venezolanos todavía recuerdan el llamado «Caracazo», las protestas de 1989 que dejaron centenares de muertos, originadas cuando el entonces presidente Carlos Andrés Pérez propuso un aumento de 50% en el precio del combustible.
«El consumo irracional de gasolina será difícil de paliar mientras la gente llene el tanque por un dólar. Pero a PDVSA ya no le bastan los ingresos petroleros y comienza a tener un importante agujero económico», advirtió Guerra.
El bajísimo precio del combustible provoca situaciones insólitas. Se calcula que en Caracas la velocidad de los autos -que ya llegan a 1,8 millón para una ciudad de 4 millones de habitantes- no supera normalmente los 8 km/h. La ineficacia del transporte público, incapaz de atender a tan alto número de personas, sólo agrava la situación. «En Caracas, 80% de las vías públicas está ocupado por vehículos particulares que sólo transportan a 20% de la población», explicó Leopoldo López, alcalde del municipio caraqueño de Chacao.
El año pasado este dirigente de oposición fue el artífice de un plan que limitaba la circulación de los vehículos dependiendo de su matrícula. El proyecto, que según él tenía el apoyo de 90% de la población, duró sólo algunos meses, hasta que la Justicia decretó su suspensión.
Venezuela, mayor productor latinoamericano, gasta 9 dólares en producir un barril de crudo y lo vende a 116 dólares fuera del país. Según cifras del gobierno, el país exporta unos 2,8 millones de barriles diarios.




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