Todos los esfuerzos de la presidenta de Chile apuntan a serenar los ánimos. Es que las exequias del ex presidente de facto pueden tener un efecto inflamable entre sus seguidores y sus detractores, como se probó en los últimos dos días. A eso apuntó al dejar las honras a las FF.AA., así como al no asistir personalmente a los actos y al llamar a la reconciliación. Pero la estrategia tiene también algo de hipocresía. La TV oficial cubrió el velorio de Pinochet en la Escuela Militar desde el exterior, alegando no poder ingresar. Sin embargo, al mismo tiempo la CNN transmitía desde adentro sin inconvenientes.
La presidenta
de Chile,
Michelle
Bachelet,
explicó ayer su
decisión de no
otorgar honores
de Estado a
Augusto
Pinochet. Alertó
contra los
«gestos de
división».
Santiago (EFE, Reuters, AFP) - La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, afirmó ayer que pensó «en el bien del país», al referirse por primera vez a la muerte de Augusto Pinochet y a su decisión de descartar un funeral de Estado para el ex dictador.
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«En una sociedad, en un país, cuando no existen normas, leyes previstas para determinadas situaciones, los líderes, los gobernantes tenemos que tomar decisiones pensando en el país», afirmó Bachelet.
Tras participar en un acto en La Moneda, en el que recibió las propuestas de una comisión especial para modificar la ley orgánica de enseñanza, la mandataria socialista también dijo que las manifestaciones, a favor o en contra de Pinochet, no le agradan.
Fortaleza
«En las últimas horas hemos visto gestos de división que no nos gustan, pero sé que tenemos, como país y como sociedad, la fortaleza ética para lograr el reencuentro», señaló.
«Esa es la grandeza de un país, ésa es la voluntad íntima de reencuentro sobre la base de una verdad histórica, y los presidentes de Chile debemos pensar en todo, en nuestro pasado, en el futuro que queremos para nuestros hijos y para nuestros nietos», precisó.
Agregó que para Chile «fue terrible» el momento en que se perdió el diálogo, y puntualizó que «la historia se va construyendo y las verdades se van instalando».
«Yo tengo un concepto muy formado acerca de un período doloroso, dramático y complejo que vivió nuestro país», subrayó, en una tácita alusión a su condición de ex presa política torturada durante la dictadura de Pinochet (1973-1990). Además, su padre murió en una cárcel del régimen.
«Tengo memoria, creo en la verdad y aspiro a la justicia», recalcó la presidenta, y consideró que pese a que «hay ciclos de la historia que se instalan con mucha fuerza en la retina de un pueblo, en la memoria colectiva», no se pueden desdeñar y «son ciclos que se superan».
Reconciliación
Lo que se aprendió en el pasado, añadió, «nos debe ayudar para enfrentar mejor el presente y el futuro», y la unidad de Chile, la reconciliación, «es el gran honor al que podemos aspirar los que queremos mayor justicia, mayor diálogo y un verdadero reencuentro entre nosotros».
En tanto, el ministro chileno del Interior, Belisario Velasco, salió al cruce de la polémica en torno a la ausencia de funerales de Estado.
«Pinochet va a pasar a la historia como un dictador, como el clásico dictador de derecha que violó gravemente los derechos humanos y que se enriqueció.Esa ha sido la tónica de los dictadores de derecha en América latina», declaró.
El jefe del gabinete ministerial justificó así la decisión del gobierno de no disponer honores de Estado para Pinochet. «El gobierno considera que no cumplía los requisitos necesarios para darle un funeral de Estado», insistió, al responder a las críticas de los partidarios del ex dictador, que han reprochado esa decisión del Ejecutivo.
Subrayó, además, que «no hay ninguna disposición legal que fije la celebración de un funeral. Se tienen en cuenta otras consideraciones como, por ejemplo, la unidad o división que causa en los chilenos la figura de la persona que correspondía». «Y en este caso preciso, no hay unidad entre los chilenos en torno a la figura del general Pinochet», sostuvo.
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