Desconsuelo de una madre junto a un supermercado ya arrasado en Concepción (arriba). La asistencia con víveres genera desesperación en pobladores, que aguardan con los brazos alzados tratando de atrapar bultos, como quien a la vez pide al cielo que cese la inclemencia.
Talcahuano (Chile) - Los ciudadanos de Talcahuano, que fue cubierta por el oleaje tras el fuerte sismo, estaban ayer consternados por el vandalismo que se ha apoderado de la ciudad: el «terremoto humano» ha superado al natural.
El fuerte oleaje que siguió al terremoto de 8 grados Richter en el centro y sur de Chile anegó la ciudad y provocó la muerte de varias personas y el derrumbe de cientos de edificios en esta población de la región del Bío Bío, ubicada a unos 500 kilómetros de la capital chilena.
Sin embargo, las consecuencias del sismo pasaron a un segundo plano ante la inseguridad que se vive en la calles de Talcahuano, una ciudad ribereña del Pacífico y con una importante industria pesquera.
Después de saquear supermercados, bancos, gasolineras y todo tipo de comercios, algunos vecinos comenzaron en la noche de ayer a robar también en el interior de los domicilios y hasta en los grandes buques, que contaban con importantes equipos electrónicos en su interior.
«Han devastado todo. No era tanta la necesidad», señaló Osvaldo Ramírez, de 50 años, mientras hacía guardia frente a su panadería, donde no había mercadería porque se había visto obligado a regalarla. Lo que trataba evitar era que fuera destrozado el local.
Un joven que no quiso revelar su identidad reconoció que durante la madrugada de ayer tuvo que defenderse a escopetazos para que no entraran a saquear su casa, que ha quedado parcialmente aplastada por las decenas de contenedores que fueron desplazados por el oleaje y ahora están esparcidos por el centro de la ciudad.
Aunque algunos militares llegaron para imponer el toque de queda establecido por el Gobierno, la ciudad está prácticamente desamparada. «¿Ahora vienen, ahora que todo el daño está hecho?», reclamaba Rodolfo Aldano, de 57 años, que todavía no puede creerse que no hayan recibido ayuda alguna por parte de las autoridades.
Sin luz, sin agua y sin alimentos, los vecinos de Talcahuano esperaban una ayuda oficial que llegaría demasiado tarde. «Estamos en tierra de nadie. Esto es peor que una película sobre el fin del mundo de Steven Spielberg», lamenta otro joven, que explica que los vándalos han llegado a quemar varios supermercados.
A su lado, un centenar de personas trataba de sustraer combustible de los depósitos subterráneos de una céntrica estación de servicio que quedó totalmente destrozada.
En las afueras de la ciudad, varios centenares de personas hacían también largas colas para poder rellenar sus bidones y después, en el mejor de los casos, abandonar el lugar.
En la tercera jornada después del sismo, todavía no habían comenzado las tareas de remoción de escombros ni el reparto de alimentos o agua potable, por lo que la angustia de los vecinos era cada vez mayor. Pero la preocupación de muchos de ellos va más allá, al recordar que la semana próxima iba a comenzar la temporada pesquera que da de comer a muchas familias de la ciudad.
Gerardo Cifuentes, que trabaja en una de la mayores embarcaciones del puerto, creía que va a estar «todo el año perdido» por lo ocurrido.
«El muelle, las embarcaciones, está todo destrozado», explicó sin quitar la mirada de varios barcos que ayer fueron saqueados.
Todos coincidían en que se va a tardar años en reconstruir una ciudad que a duras penas va a lograr recuperarse de este desastre.
Agencia EFE
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