Escenas de pánico se volvieron a vivir en Concepción y alrededores ante la nueva alarma de tsunami.
Una fuerte réplica de 5,9 grados en la escala de Richter desató el miércoles el caos en la ciudad chilena de Concepción, luego de que surgieran falsas alertas de tsunami, al tiempo que comenzaba la distribución de la ayuda alimentaria en la zona más golpeada por el terremoto del último sábado que ya se cobró más de 800 vidas.
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Luego del movimiento telúrico los militares y bomberos comenzaron a evacuar la zona.
En sólo algunos minutos las calles se llenaron de vehículos que iban hacia los sectores altos de la ciudad.
En la ciudad costera de Constitución la alarma la entregó la policía por megáfonos, llamando a la población a dirigirse hacia los cerros ante la posibilidad de que una marejada violenta pudiera aumentar el nivel de agua en el río y provocar desbordes.
En tanto, bajo la mirada de miles de soldados, la ayuda alimentaria llegó por fin a las zonas devastadas, desactivando así una explosiva situación que se tradujo en violencia y saqueos tras el sismo y tsunami que asolaron Chile, con un saldo de más de 800 muertos.
La presidenta Michelle Bachelet reconoció que el sismo y el tsunami, que dejaron un saldo de 802 muertos según un último balance, generaron un daño generalizado en el sector productivo, afectando duramente la agricultura, el comercio, el turismo, la minería, la industria y la construcción del país.
La preocupación se concentraba ahora en las zonas costeras, donde el tsunami que siguió al sismo de magnitud 8,8 generó más estragos y la mayor cantidad de víctimas.
Toneladas de provisiones comenzaron a ser repartidas en Concepción, ciudad de medio millón de habitantes 500 km al sur de Santiago, bajo rigurosa vigilancia, tras cuatro días de desesperados reclamos por agua y alimentos.
Las autoridades debieron desplazar 14.000 militares a esa ciudad, azotada poco después del sismo por una ola de saqueos y pillajes, que luego se extendieron a otras regiones.
También abrieron algunos supermercados, ante los que se formaron extensas filas.
"La red de distribución está operativa y el grueso de la ayuda comienza a llegar", dijo Carmen Fernández, directora de la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi).
Esto en medio de una polémica que involucra a la presidenta Michelle Bachelet, a la Marina y a la Onemi por la una serie de órdenes y contraórdenes tras el potente terremoto del sábado, entre ellos al haber descartado inicialmente la alerta del tsunami que luego devastó varios pueblos costeros.
"Fuimos poco claros en la información que le entregamos, no fuimos lo suficientemente precisos para decir a la presidenta se mantiene o se cancela la alarma de tsunami. Hubo titubeo por parte nuestra", reconoció el martes un oficial de la Marina.
Concepción cumple su cuarta noche de toque de queda para evitar que se repitan escenas de violencia. La medida de excepción rige también en otros seis municipios: Talca, Cauquenes, Constitución, Curicó, Molina y Sagrada Familia.
Así Concepción se convirtió en zona de guerra, con tanquetas custodiando lugares estratégicos, mientras patrullas con soldados con armas en ristre recorrían sus calles. Incluso los vecinos se vieron obligados a unirse en grupos de autodefensa.
"Decidimos organizarnos para defendernos", dice un hombre que fuma al pie de una fogata en un suburbio.
Un paramédico comenta que en las villas donde viven militares retirados se ha sugerido a los jefes de familia "dormir con las armas al alcance".
Localidades cercanas a la ciudad, como el puerto de Talcahuano, afectado por un tsunami, viven en penumbras y quedaron expuestas al pillaje.
Si Concepción daba la sensación de aislamiento, la situación parece más crítica en los balnearios de la costa del sur-centro de Chile donde el maremoto se abatió con toda su fuerza.
Pulluhue, Cobquecura, Dichato, Constitución son los poblados arrasados por la fuerza del agua, y donde más hay desaparecidos. La ayuda también llegó allí, pero no logra mitigar la sensación del horror vivido.