30 de julio 2019 - 00:00

Una guerra entre mafias dejó 52 muertos (16 decapitados) en un penal del norte de Brasil

Se enfrentaron dos bandas de presos que se disputan la ruta de la cocaína en la región. La rebelión duró cerca de cinco horas.

Batalla. Los enfrentamientos se iniciaron cuando dos de los detenidos en una de las facciones irrumpieron en la zona del grupo rival y desencadenaron un incendio. Dos guardiacárceles fueron tomados como rehenes.
Batalla. Los enfrentamientos se iniciaron cuando dos de los detenidos en una de las facciones irrumpieron en la zona del grupo rival y desencadenaron un incendio. Dos guardiacárceles fueron tomados como rehenes.

Río de Janeiro - Una nueva masacre se produjo ayer en la prisión de Altamira, en el norte de Brasil, donde 52 reclusos murieron en enfrentamientos entre bandas rivales que disputan las rutas de la cocaína de esa estratégica región. Al menos 16 de las personas asesinadas fueron decapitadas, precisaron las autoridades del estado amazónico de Pará. La rebelión comenzó a las 7 de la mañana y concluyó casi cinco horas después.

“Fue un enfrentamiento entre bandas rivales. Dos guardiacárceles fueron tomados como rehenes, pero ya fueron liberados”, dijo un portavoz de la Superintendencia de Prisiones de Pará. Los enfrentamientos se iniciaron cuando dos personas detenidas en un ala reservada a los miembros de una de las facciones irrumpieron en la zona del grupo rival y desencadenaron un incendio. “Es probable que muchos detenidos hayan muerto asfixiados”, agregó, indicando que el balance de víctimas podría agravarse una vez que los expertos enviados al lugar terminen su inspección.

Un vídeo que circula en las redes sociales, reproducido igualmente por medios locales, muestra seis cabezas amontonadas junto a un muro; un prisionero se aproxima y hace rodar una con el pie, como si fuera una pelota de fútbol. Otro video muestra cuerpos calcinados sobre un techo del que emana una espesa humareda oscura, mientras reclusos armados con machetes recorren el lugar.

Según las autoridades penitenciarias, la cárcel de Altamira tiene una capacidad de acogida de 200 presos, pero albergaba más de 300. En septiembre pasado, siete presos fueron asesinados en otro motín, atribuido a una tentativa de fuga de ese mismo establecimiento.

Brasil, con 727.000 detenidos, tiene la tercera mayor población carcelaria del mundo, aunque apenas cuenta con 368.000 plazas en sus prisiones. A fines de mayo, 55 presos perdieron la vida en ajustes de cuentas durante dos días de enfrentamientos en varias cárceles del estado de Amazonas, vecino de Pará.

Una ola de motines en estados del norte y del nordeste, con más de 100 asesinados, muchos de ellos en condiciones atroces, sacudió al país a inicios de 2017, atribuidos a rivalidades entre bandas por el control de las rutas del tráfico de cocaína. Las autoridades y los expertos atribuyen esas masacres a la lucha por el control de las rutas de la cocaína procedente de Bolivia, Perú y Colombia, los tres mayores productores de la droga.

Altamira, a más de 800 km de Belem (la capital de Pará), está situada en una región que enfrenta graves problemas de deforestación y de conflictos por la tierra entre tribus autóctonas con madereros y grupos que invaden sus territorios para practicar actividades agropecuarias.

La ciudad, de 110.000 habitantes, tuvo un fuerte crecimiento demográfico tras el lanzamiento en 2010 de la construcción de la central hidroeléctrica de Belo Monte, que debe concluir a fin de año.

La central incluye una represa que será la tercera más grande del mundo, cuya construcción requirió el desplazamiento de decenas de miles de ribereños del río Xingu, un afluente del Amazonas.

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