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Según la síntesis de esa entidad, la declinación del dólar registrada al comienzo de la era Lula dejó paso a un «tipo de cambio mucho más volátil», mientras que «la tasa de inflación de enero fue mayor a la prevista (2,25%) y la de febrero aún no se consiguió desacelerar». Además, recuerda que el Comité de Política Monetaria del Banco Central debió elevar una vez más la tasa de interés de referencia -a 26,5%- y que «se detuvo la caída del riesgo-país, que descendió hasta los 1.200 puntos básicos».
En lo que hace a la deuda pública interna brasileña, el informe señala que «no para de crecer y hoy totaliza unos R$ 687.301 millones, representando más de 70% de la deuda pública total; poco a poco empeora su composición y no mejora su perfil de vencimientos».
«Los vencimientos de la deuda pública interna correspondientes al presente año totalizan R$ 239.789 millones. El 38% de los vencimientos está concentrado en el segundo trimestre, cuando vencen unos R$ 90.556 millones. Durante este primer trimestre vencen unos R$ 56.449 millones», añade.
En lo que respecta a la reciente suba de tasas, la Fundación Capital rescata la ratificación de «una política de austeridad monetaria», menor inflación y estabilidad cambiaria. Con todo, recuerda que la tasa de referencia, Selic, «en los últimos cinco meses pasó de 18% anual a 26,5%, agudizando más el proceso recesivo, pero sin conseguir aún contener la inflación ni la suba del dólar».
A modo de evaluación de los dos primeros meses de Lula, la Fundación Capital ve razones tanto para el optimismo como para el pesimismo. A cuenta de las primeras apunta que el nuevo gobierno brasileño «ha dado hasta ahora señales creíbles a los mercados de que su política económica será responsable», que «el equipo económico se halla comprometido con una política fiscal y monetaria austera» y que se ha señalado «una agenda de reformas económicas fundamentales pendientes para encaminar al Congreso brasileño (principalmente la reforma previsional, la tributaria y la de autonomía del Banco Central)».
En lo que hace a los riesgos, se alude al hecho de que Lula «ganó las elecciones con la promesa de un cambio en el modelo económico... por otro que permita más crecimiento, más empleo y una mejor distribución». El problema, según el informe, es que esto «no puede ser logrado en forma inmediata».
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