Considerado un estadista popular defensor de los valores tradicionales, Jacques Chirac, de 69 años, es un veterano de la política francesa y el único político que ha experimentado la cohabitación en Matignon y en el Eliseo. Fue dos veces primer ministro (entre 1974 y 1976, y entre 1986 y 1988) y ocupó varios ministerios. Durante 18 años fue alcalde de París, lo que le sirvió de trampolín para llegar a la más alta magistratura del Estado.
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Tras ser derrotado dos veces por el socialista François Mitterand, el 7 de mayo de 1995 el político conservador, que se considera heredero de Charles de Gaulle, logró llegar hasta el Palacio del Elíseo, al imponerse a su rival, el socialista Lionel Jospin. Una vez allí, se enfrentó inmediatamente a medio mundo al emprender pruebas nucleares en el Pacífico.
En 1997, cometió un grave error político al disolver el Parlamento y convocar a elecciones anticipadas para apoyar al presionado jefe de Gobierno conservador Alain Juppé. El resultado fue que Jospin fuera electo nuevo primer ministro.
Por eso, entre otras cosas, la presidencia de Chirac se desarrolló sin brillo. En los últimos tiempos, además, se vio salpicado por escándalos en torno a fondos ilegales y donaciones irregulares a su partido en su época de alcalde de París. La Justicia se encuentra aún investigando si el entonces jefe del partido neogaullista Reagrupación por la República (RPR) desvió millones de francos para viajes privados.
•Especialista
Chirac, que en noviembre cumplirá 70 años, es, sin embargo, un especialista en la regeneración y un maestro de la supervivencia, y se mostró hasta ahora indemne a las acusaciones de corrupción. Le gustan los baños de multitudes y los escándalos no han dañado su popularidad, especialmente entre las mujeres. Precisamente mujeres son sus colaboradoras políticas más importantes. Su hija Claude dirige la labor pública del actual presidente. Con el apoyo de su esposa Bernadette, el candidato defiende la imagen de los Chirac como familia conservadora tradicional.
Sus partidarios lo ven como un hombre caluroso, generoso, sincero, «siempre atento a los demás y a sus problemas».
En su juventud, conoció la atracción de la lejanía y se embarcó rumbo a Estados Unidos. Estudiante, firmó el «Llamado de Estocolmo» lanzado por los comunistas contra el armamento nuclear e incluso vendió episódicamente «L'Humanité», el órgano de prensa del Partido Comunista francés. Sin embargo, en ruptura con su medio burgués, nunca fue hasta el final de la transgresión. Su vitalidad la orientó hacia la política, donde dio sus primeros pasos apadrinado por Georges Pompidou.
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