24 de junio 2026 - 00:00

Bodega Familia Zuccardi: tres generaciones unidas por una misma pasión por la tierra, el vino y los olivos

Lo que comenzó en 1963 como un viñedo experimental para demostrar la eficacia de un sistema de riego terminó transformándose en una de las empresas vitivinícolas más reconocidas de la Argentina.

José Alberto Zuccardi (segunda generación) y sus tres hijos, Miguel, Julia y Sebastián. 

José Alberto Zuccardi (segunda generación) y sus tres hijos, Miguel, Julia y Sebastián. 

La historia de Familia Zuccardi suele contarse a través de sus vinos. Sin embargo, detrás de las etiquetas que hoy llegan a más de 70 países existe una trama mucho más profunda: la de una familia que atravesó más de seis décadas de trabajo, cambios generacionales, crisis económicas y transformaciones productivas sin perder de vista una idea central: la tierra como punto de partida de todo.

Cuando José Alberto Zuccardi recuerda el origen de la empresa, vuelve inevitablemente a la figura de su padre, Alberto “Tito” Zuccardi, un ingeniero civil que jamás imaginó que terminaría construyendo una de las bodegas más prestigiosas del país.

"Mi padre fundó la empresa plantando su primer viñedo en 1963. Él era un ingeniero civil que se enfocaba en la resolución de temas de riego. En 1950 comenzó a adaptar sistemas que mejoraban el uso del agua y la eficiencia del riego", recuerda.

Aquella primera finca, ubicada en Maipú, no nació con el objetivo de producir vinos. Era, simplemente, un espacio de demostración tecnológica.

"Él decide plantar un viñedo y su motivación era hacer un showroom, un lugar de prueba donde otros productores pudieran ver el sistema de riego con un manejo adecuado", explica.

Pero algo ocurrió en el camino: "Se apasionó con la viticultura. De ser una parcela de prueba para mostrarle a otros productores pasó a ser una actividad que lo apasionó. Desarrolló una vocación muy fuerte vinculada a la viticultura".

Jose Alberto Zuccardi (2)
José Alberto Zuccardi junto a un retrato de su padre Alberto

José Alberto Zuccardi junto a un retrato de su padre Alberto "Tito" Zuccardi. El fundador de la empresa familiar falleció en 2014.

Esa pasión llevó a la creación de una pequeña bodega orientada inicialmente a la producción de vino a granel para terceros. Allí comenzó una primera etapa marcada por la innovación agrícola, la mejora de los sistemas de conducción de la vid y la búsqueda permanente de eficiencia en el uso del agua.

La segunda generación llegó en 1976, cuando José Alberto se incorporó al proyecto familiar. "Yo me sumé exactamente hace 50 años y empecé a trabajar en la parte agrícola sobre todo".

Aquellos años fueron decisivos para definir la identidad de la empresa. "Nosotros somos una empresa de base agrícola. Nuestra orientación, y lo ponemos en algunos vinos, es que somos una familia de viticultores".

La década de 1980 puso a prueba esa convicción. La vitivinicultura argentina atravesaba una crisis profunda y el sector sufría una de las mayores contracciones de su historia.

"Siempre teníamos el objetivo de embotellar nuestros vinos y llegar al mercado, pero en ese momento, como resultado de esa gran crisis, tuvimos que acelerar el paso", recuerda José Alberto.

La decisión cambió para siempre el rumbo de la compañía. Durante más de una década la familia concentró sus esfuerzos en desarrollar el mercado argentino, mientras trabajaba simultáneamente en mejorar la calidad de los viñedos.

"Durante 12 años nos enfocamos muy especialmente en el mercado argentino. Mientras por un lado mejorábamos la calidad con injertaciones y plantaciones de uvas de mejor calidad, íbamos aprendiendo sobre el mercado", agregó.

El momento de la internacionalización

"A partir de 1993 hicimos un proceso similar en el mercado internacional. Argentina en ese momento era un país absolutamente desconocido. Nos tocó salir a los distintos mercados y poner a la Argentina en el mapa", explica.

Hoy la empresa comercializa aproximadamente la mitad de su producción en el mercado interno y la otra mitad en el exterior, con presencia en decenas de países.

Pero quizás el mayor desafío no fue crecer. Fue lograr que una nueva generación quisiera sumarse al proyecto. Para José Alberto, la clave para conseguirlo estuvo en evitar los mandatos.

"Creo que para ninguna persona joven es tentador sumarse solo para hacer lo que ya está hecho, porque siempre hay un desafío por delante", sostiene.

"Yo tuve una muy buena relación con mi padre y me tocó hacer cosas diferentes de las que él hacía. Mientras él empezó la empresa muy enfocado en la viticultura, a mí me tocó insertar la bodega en el mercado y darle un paso más de integración", añade.

Y con sus hijos ocurrió algo similar. La tercera generación está integrada por Sebastián, Julia y Miguel, y cada uno encontró un espacio propio dentro del grupo.

"Se dio de forma natural que cada uno, en base a sus vocaciones, entró a la empresa en lugares diferentes y con proyectos bastante propios", cuenta Miguel Zuccardi, el menor de los tres hermanos.

El primero en marcar un nuevo rumbo fue Sebastián Zuccardi, hoy una de las figuras más reconocidas de la enología argentina.

Mientras estudiaba agronomía comenzó a investigar el potencial del Valle de Uco, una región que en ese momento todavía no ocupaba el lugar central que tiene actualmente dentro de la vitivinicultura nacional.

"Sebastián empezó a estudiar las distintas zonas del Valle de Uco y sugirió que fuéramos a trabajar allí", recuerda su padre.

Una intuición que terminó siendo transformadora

Cuando Sebastián regresó de una experiencia profesional en Francia, la familia ya había adquirido una antigua finca en la región. Desde allí comenzó un proceso que derivó en la expansión hacia zonas como Paraje Altamira, San Pablo y Gualtallary, además de la construcción de la nueva bodega en el Valle de Uco.

PANORAMICA BODEGA ZUCCARDI EN VALLE DE UCO

"Los miembros de la nueva generación se sumaron con un proyecto específico. Cada uno aportó a la empresa un nuevo proyecto que tenía que ver realmente con su vocación", remarca José Alberto.

Miguel también eligió su propio camino. Su historia dentro de la empresa comenzó lejos del vino y cerca de los olivares.

"Cuando empecé agronomía hice un curso de cata de aceite de oliva. Ese curso fue la puerta de entrada. Así descubrí mi vocación. Con el vino no estaba tan definido y con el aceite sí me di cuenta de que me quería dedicar a esto", explica.

A partir de esa decisión nació una nueva unidad de negocios dentro de la empresa familiar. En 2004 se lanzó la primera línea de aceites monovarietales y comenzó un proyecto que hoy es uno de los referentes de la olivicultura premium argentina.

Con el paso de los años llegaron las plantaciones propias, el desarrollo industrial y posteriormente Pan & Oliva, el espacio gastronómico y turístico dedicado a difundir la cultura del aceite de oliva.

"Empezamos con el objetivo de construir una categoría premium. Hoy contamos con 350 hectáreas de olivares y una base de producción propia", detalla Miguel.

Mientras tanto, Julia Zuccardi encontró su lugar en el desarrollo de la hospitalidad, el turismo y la experiencia gastronómica.

Según recuerda José Alberto, la incorporación de Julia estuvo vinculada al crecimiento del área de enoturismo y a la consolidación de propuestas que hoy forman parte esencial de la identidad de la empresa.

Tres vocaciones, un mismo proyecto familiar

La combinación de las vocaciones de los tres hermanos terminó fortaleciendo el proyecto familiar. "Lo importante es que la suma de la nueva generación produjo un potenciamiento muy fuerte de la empresa", explica José Alberto.

Sin embargo, para los Zuccardi el concepto de familia trasciende ampliamente los lazos de sangre: "Nosotros siempre hablamos de objetivos y valores. La familia no es simplemente una relación sanguínea".

Y profundiza: “Cuando hablamos de la familia no solo hablamos de quienes llevamos el apellido. Hablamos del conjunto de personas que son parte del proyecto por compartir objetivos y valores. Nosotros ponemos la cara, pero hay un equipo grande de personas haciendo posible todo esto".

A lo largo de más de sesenta años, la compañía atravesó crisis económicas, cambios políticos y transformaciones profundas en la industria del vino. Sin embargo, José Alberto asegura que nunca modificaron el rumbo.

"No ha habido un momento de despegue explosivo ni un momento de dificultad que nos frenara. En épocas difíciles hemos podido seguir trabajando y seguir adelante sobre la base de mucho trabajo y de objetivos", dijo.

Quizás esa mirada de largo plazo explique por qué la empresa logró atravesar los distintos ciclos de la economía argentina.

Pero cuando se le pregunta por el futuro, vuelve otra vez sobre la cuestión generacional y la ausencia de mandatos: "La cuarta generación definirá como lo ha definido la segunda y la tercera. Muchas veces lo que mata a las empresas familiares es el mandato que no permite que se desarrollen vocaciones genuinas".

Y reitera la frase que resume una filosofía construida durante décadas: "En nuestra empresa no hay mandato familiar".

Cuatro pilares que guían a Bodega Zuccardi

Operar en la economía argentina durante más de seis décadas exige una matriz de pensamiento que priorice el largo plazo por sobre la urgencia del día a día. José Alberto Zuccardi detalla que la empresa se rige estrictamente por cuatro pilares guía.

El primero es crecer en calidad (de producto y de gestión). El segundo, innovar ("El vino y las demás actividades no son sólo tradición, sino muy especialmente innovación"). El tercero es el cuidado del medio ambiente, con foco en el cultivo orgánico y sustentable. Y el cuarto es ser útiles a las comunidades donde se desarrollan.

"Siempre que vamos a tomar una decisión tiene que aplicar a uno de estos cuatro pilares y no estar en contra de ninguno de ellos. Ese ha sido como un rumbo y como una matriz para tomar decisiones que nos ha ayudado bastante a mantenernos en una dirección constante", remarca el presidente de Bodega Familia Zuccardi.