Michele Ferrero llegó a acumular una fortuna estimada en u$s26.500 millones. Pero detrás de esa cifra había una historia que comenzó mucho antes, en Alba, una pequeña localidad del Piamonte, Italia, donde su familia tenía una pastelería.
Con sede en Italia, la compañía familiar pasó de elaborar una crema de avellanas en Piamonte a convertirse en un imperio millonario de alimentos.
La historia de una familia italiana quedó ligada a algunas de las marcas más conocidas de la industria alimentaria.
Michele Ferrero llegó a acumular una fortuna estimada en u$s26.500 millones. Pero detrás de esa cifra había una historia que comenzó mucho antes, en Alba, una pequeña localidad del Piamonte, Italia, donde su familia tenía una pastelería.
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La compañía que lleva su apellido terminaría convirtiéndose en una multinacional con presencia en más de 170 países y un catálogo que incluye algunos de los productos más conocidos de la industria, entre ellos Nutella, Kinder, Tic Tac y Ferrero Rocher.
La historia comenzó en 1946, cuando Pietro y Giovanni Ferrero trabajaban en la pequeña pastelería familiar de Alba. La localidad, ubicada en la región del Piamonte, era conocida por sus avellanas, un ingrediente que terminaría siendo fundamental para la identidad de la compañía.
Pietro tenía fama de experimentar constantemente con sabores y texturas. Sus allegados llegaron a llamarlo “el científico”, mientras que su hermano Giovanni asumió un perfil más comercial y ayudó a construir una red de distribución que permitió llevar las primeras creaciones mucho más allá de Alba.
El contexto también fue decisivo. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el cacao era caro y difícil de conseguir para buena parte de la población italiana. La familia encontró en las abundantes avellanas de la zona una manera de reducir la cantidad de cacao y desarrollar una preparación de chocolate diferente.
Así nació una primera fórmula conocida como SuperCrema, que años más tarde serviría como antecedente directo de Nutella. La crema de avellanas no apareció de la nada: fue el resultado de una búsqueda iniciada en una época de escasez y adaptada a los recursos disponibles en la región.
Michele, hijo de Pietro, creció dentro de ese ambiente y terminó tomando las riendas de la compañía. Tras la muerte de su tío Giovanni en 1957, asumió un papel central y comenzó a llevar la producción hacia una escala mayor.
El salto internacional empezó relativamente pronto. En 1956, Ferrero inauguró su primera planta fuera de Italia, en Stadtallendorf, Alemania. Allí comenzó a producirse, entre otros productos, Mon Chéri, que se transformaría en uno de los primeros grandes éxitos internacionales de la compañía.
La expansión siguió hacia Francia y otros mercados europeos. Para comienzos de la década de 1960, la empresa ya tenía presencia en distintos países del continente. La estrategia combinaba producción local, distribución y adaptación de las propuestas a los gustos de cada mercado.
En 1964 nació Nutella, a partir de aquella antigua fórmula de SuperCrema. El producto terminó convirtiéndose en el emblema internacional de la compañía y en uno de los grandes fenómenos comerciales de la industria alimentaria.
Después llegaron nuevas marcas y categorías. Kinder Chocolate apareció en 1968, Tic Tac en 1969 y Kinder Sorpresa en 1974. En 1982 se sumó Ferrero Rocher, otra creación que terminaría asociada al apellido familiar en distintos rincones del mundo.
El crecimiento fue considerable, aunque la empresa conservó su estructura familiar. Actualmente, el Grupo Ferrero cuenta con más de 35 marcas comercializadas en más de 170 países y decenas de miles de trabajadores a nivel global.
La expansión de Ferrero no dependió solamente de producir grandes cantidades. Una parte de la estrategia estuvo vinculada a convertir cada producto en una experiencia reconocible, con recetas, formatos y presentaciones particulares.
Mon Chéri es un buen ejemplo. La especialidad combina chocolate negro, cereza y licor, una mezcla que se convirtió en uno de los productos emblemáticos de los primeros años de expansión internacional. La marca comenzó en Italia en 1956 y poco después llegó a otros mercados europeos.
Ferrero Rocher siguió otro camino. Creado en 1982 en Alba, fue concebido como un chocolate de apariencia sofisticada pero pensado para llegar a un público amplio. Su composición incluye una avellana entera, relleno, chocolate con leche y trozos de avellana.
La presentación también tuvo peso. El envoltorio dorado y la forma individual ayudaron a asociar el producto con regalos y celebraciones, una característica que permitió diferenciarlo dentro de una categoría con numerosos competidores.
En paralelo, Michele Ferrero apostó por algo que terminaría siendo una marca de la compañía: mantener el control familiar mientras la empresa crecía internacionalmente. Esa combinación entre expansión y reserva contribuyó a construir una identidad empresarial bastante particular.
Cuando Michele Ferrero murió en febrero de 2015, a los 89 años, era considerado uno de los hombres más ricos del planeta. Forbes había estimado su patrimonio en u$s26.500 millones en 2014, una cifra que lo ubicaba entre las mayores fortunas mundiales de aquel momento.
El perfil reservado de Michelle contrastaba con la enorme popularidad de las marcas que llevaban su apellido. Tras su muerte, su hijo Giovanni quedó al frente de la tercera generación familiar y continuó con la expansión internacional del grupo.
Así, el recorrido que empezó con una pequeña pastelería de Alba terminó dando forma a una compañía presente en buena parte del mundo. La historia de Ferrero no se explica solamente por una receta exitosa: también por una sucesión familiar sostenida durante décadas, una fuerte apuesta por las avellanas del Piamonte y la capacidad de transformar productos sencillos en marcas reconocibles a escala global.