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18 de junio 2021 - 14:47

El fin de mi relación laboral: ¿Y ahora qué hago?

¿Podré reinsertarme? ¿Qué proyectos podría iniciar?¿Seré capaz de lograrlo? ¿Habré tomado la decisión correcta? Son interrogantes que obedecen a una verdadera crisis existencial, y que inevitablemente convocan a una profunda reflexión. 

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Gentileza: Factor Capital Humano

El trabajo es una actividad personal, productiva y social. Alrededor del mismo se desarrollan muchos aspectos de la vida de cualquier persona. Desde el punto de vista psicológico, trabajar satisface la necesidad de tener un propósito y darle sentido al día a día. Proporciona sustento, no sólo desde lo económico, sino también desde un plano interpersonal, ya que facilita establecer relaciones humanas, vincularse y adquirir un sentimiento de utilidad para la sociedad, para el entorno y, fundamentalmente, para uno mismo.

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El impacto psíquico que trae consigo cualquier tipo de interrupción laboral (renuncia o desvinculación) deja una marca importante. Es una etapa de duelo, dónde surgen preguntas de quiebre: ¿Y ahora qué hago? ¿Podré reinsertarme? ¿Qué proyectos podría iniciar?¿Seré capaz de lograrlo? ¿Habré tomado la decisión correcta? Son interrogantes que obedecen a una verdadera crisis existencial, y que inevitablemente convocan a una profunda reflexión.

En el caso de quienes fueron despedidos se pone plenamente en juego la autoestima.

Por lo general, cuanto más alto es el rol que se haya ocupado; “director, gerente, jefe, etc; más grande es la “herida narcisista”. Los altos ejecutivos, en el caso de haber sido desvinculados, son a quienes les cuesta más tiempo recuperarse. Datos que surgen del área de Transiciones de Carrera de Wall Chase, basados sobre un estudio de 240 personas asistidas a través de programas de Outplacement entre marzo del 2020 y mayo 2021, indican que el 80% de éstos altos ejecutivos se tomaron un receso promedio de 60 días, para iniciar la búsqueda de un nuevo trabajo. La mayoría de este grupo, se reinsertó al mercado laboral en un empleo, acorde a la altura de sus expectativas, en un promedio de 6 meses. Señales de que el duelo ocupa un espacio de tiempo importante.

Y respecto a aquellos que renunciaron, debido a distintos motivos, y aún habiéndose capitalizado con un plan de retiro, el duelo se vive de manera distinta; más orientado a la duda: si fue o no acertado irse de su trabajo para tomar otro o emprender, o si eligieron el momento adecuado para terminar la relación. El 90% de estos casos, en el mismo período citado anteriormente, tuvieron un promedio de 30 días para iniciar su negocio o nueva búsqueda.

A pesar de las diferencias, el común denominador entre quien renuncia y es despedido es la ineludible crisis que adviene ante la ruptura con el ex empleador. La falta de un horizonte o metas para alcanzar frente a un futuro incierto: ¿Qué hay después? ¿Ahora qué? ¿Podré? ¿será posible hacer otra cosa? Es una situación que remite a la persona a un estado de inminente angustia, confusión y desorientación. Estar sin trabajo coloca a la incertidumbre en primer plano, y si hay algo con lo que cuesta convivir psicológicamente es justamente con lo desconocido e incierto.

En todos los casos de interrupción laboral, lo acertado es evitar las reacciones inmediatas como ofrecer el currículum vitae sin distinción alguna, asociarse sin detenerse cuidadosamente a pensar con quién, o volcarse a invertir financieramente desde el desconocimiento. La situación de desempleo es una transición, que debe llevarse adelante con cuidado y con la atención debida, sin subestimar la implicación emocional que provoca.

Para quienes estén en esta circunstancia de dar los primeros pasos en su búsqueda laboral, existen criterios que pueden ser de utilidad:

En primer lugar; abordar los cuestionamientos que surgen, con la apertura para encontrar respuestas a preguntas básicas y a la vez complejas como: ¿Qué sé hacer?, ¿qué quiero?, ¿qué pide el mercado?. Es en esa triangulación donde es factible encontrar una dirección. Conocer el territorio,( uno mismo), es lo que permitirá encontrar el mapa de cómo ir (el modo) hacia el lugar a dónde se quiere llegar (trabajo/ proyecto).

Esta es la etapa crucial e inicial para determinar, lo que luego será el camino a seguir.

Lo segundo es definir las empresas-target que pueden ser del propio interés, e investigar cómo conectarse con ellas. Esto conduce a tomar contacto con lo que se desea y a responder con una comunicación directa y eficaz.

Permite identificar las posibilidades y oportunidades reales. Las dificultades que podrían surgir estarían relacionadas con la habilidad para gestionar contactos, cómo abordarlos y la capacidad para sortear estos obstáculos dependerá de la personalidad y preparación que tenga cada uno, pero básicamente de la claridad de los objetivos propuestos.

Lo último es diseñar la propia marca personal para posicionarse, es decir planear estratégicamente la imagen que se quiere proyectar, tanto desde la comunicación oral como desde la escrita. Aquí buscar el diferencial es la clave, ya sea para recobrar un lugar profesional, como para crear un negocio. Luego la tarea sigue con desarrollar correctamente el contenido del mensaje que se quiere transmitir, las formas, el estilo y contar con un criterio para medir los resultados que se obtienen.

Todo lleva a comprender que si bien estar sin trabajo inicialmente produce un fuerte shock, el fin de una relación laboral trae el comienzo de otra. El secreto consiste en transitar este momento con la mayor conciencia intelectual y emocional posible, para retornar al mercado renovados, habiendo hecho realmente de esa crisis una verdadera oportunidad de crecimiento profesional y personal.

(*) Head of Career Transition & Talent Development de WallChase

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