La verdadera libertad para enfrentar los desafíos del futuro del trabajo

Negocios

¿Personas en el centro del negocio? No alcanza. Se necesita a las personas en el centro del hacer, al lado de los objetivos de negocio.

El concepto de aprender del error, de fallar como resultado aceptado, e incluso promovido desde las organizaciones, es una bocanada de aire fresco para poner en circulación la tolerancia al fracaso como un paso necesario para actividades creativas que salen de lo esperado. En ese camino, sin embargo, hay una estación deseada que aparece más adelante: el concepto de acción libremente formulada.

Se trata de una experiencia que integra los propósitos de los colaboradores con los de la organización y desde ahí es más genuinamente humanizante y excede la idea única de la eficiencia del proceso. Es la acción como capacidad de las personas de diferenciarse de los otros aportando su individualidad única e irrepetible y, que, al ser irrevocable, incluye al error como posibilidad. Es, además, una respuesta posible a los desafíos del futuro del trabajo, la automatización y la inteligencia artificial.

La escritora y filósofa Hannah Arendt contraponía el concepto de “acción” al de la “labor” y el “trabajo”. Para ella, la acción era la actividad que mejor constituía a las personas en su hacer: era la genuina expresión de libertad específicamente humana.

Es un desafío extraordinario de este tiempo para los que lideramos organizaciones construir nuestros espacios como lugares para el desarrollo de las personas. Me refiero no al concepto que hoy ya es mainstream -e insuficiente, a mi parecer- de considerar el bienestar y promoción de los empleados de una empresa como sustento necesario para los negocios, sino al más equilibrado de equiparar los fines de negocios con los objetivos de realización personal de quienes son parte.

Por supuesto que, en esta acción, en su sentido más profundo, puede aparecer el error, pero ese abrirse al fracaso necesita ser más que una búsqueda de la eficiencia: es dar paso a la verdadera libertad, ejercida en el marco de una acción colectiva que surge del hacer en comunidad en una organización. La promoción de lo específicamente humano está entonces en esa acción libre y creativa que supera los objetivos del trabajo y la labor -en los términos de Hanna Arendt- y nos vincula con la posibilidad de ser genuinamente personas.

Es a veces contraintuitivo pensar en libertad para la acción desde el lugar de la empresa; especialmente en el trabajo moderno, basado en procesos estandarizados y reiterados. Pero, al mismo tiempo, no puede ser más pertinente: cada vez son más los que temen perder su trabajo por robots e inteligencias artificiales.

¿Personas en el centro del negocio? No alcanza. Se necesita a las personas en el centro del hacer, al lado de los objetivos de negocio. Constituir espacios de libertad, espacios de acción para las personas en su expresión personal, es dar lugar al desarrollo de las personas en nuestras organizaciones. Equiparar ese fin a los objetivos de negocios, paradójicamente, en lugar de alejar a las empresas de su búsqueda de beneficios, las pone en un camino de intersección de ambos objetivos, que necesariamente constituye un camino de mayor potencial de desarrollo. Sobre este pensamiento holístico se pueden construir caminos seguros y que enfrenten los desafíos del futuro de las organizaciones.

CEO de Finnegans.

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