En tiempos de tensión global, un país elige un camino poco habitual para cerrar acuerdos y volver a ganar margen de maniobra.
Imagen: Freepik
Cuando un país queda acorralado por restricciones financieras, inventa atajos para seguir comerciando. En ese tablero, donde circulan millones fuera del radar, las criptomonedas aparecen como un puente incómodo entre la economía real y los pagos por fuera del sistema bancario.
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Esa lógica explica una noticia que sacudió al mundo cripto: Irán impulsó un esquema formal de cobro con activos digitales para una de sus áreas más sensibles. La movida se lee como una salida comercial, pero también como una señal en medio de sanciones internacionales y presión diplomática.
Los pagos alternativos ganan terreno cuando el sistema financiero se cierra: el plan suma criptomonedas y reabre el debate sobre controles y rastreo.
Foto: Medialine
Aceptan criptomonedas: cuál es el plan de Irán
El eje del plan pasa por Mindex, el centro exportador vinculado al Ministerio de Defensa, que abrió la puerta a acuerdos internacionales liquidados con métodos alternativos. En otras palabras: no se limita a aceptar pagos convencionales, sino que contempla activos digitales para cerrar operaciones.
Según el material difundido por el propio organismo, el inventario reúne miles de ítems de uso militar, desde sistemas de radar y plataformas marítimas hasta drones y misiles. El foco no es el detalle del listado, sino la decisión de sumar un carril de cobro que no dependa del circuito bancario global.
La justificación aparece ligada a una estrategia para sortear sanciones. En su sección de preguntas frecuentes, la entidad sostiene que el uso de estos medios no genera inconvenientes, en línea con una política orientada a eludir bloqueos financieros y sostener el flujo de exportaciones.
En ese marco, el país busca prescindir de la Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales, conocida como SWIFT, y del dólar, con mecanismos que complican el rastreo y los frenos. Además, el antecedente ya existe: en 2022 autorizó el uso de bitcoin (BTC) para importaciones y, en 2024, junto a Rusia, registró movimientos en criptoactivos por 15.800 millones de dólares, de acuerdo con datos atribuidos a Chainalysis.
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