Al mismo tiempo, las empresas buscan perfiles diferentes. Quienes provienen de carreras técnicas necesitan incorporar una visión de negocios y, a la inversa, quienes vienen del mundo empresarial deben comprender cada vez más la tecnología. La inteligencia artificial está acelerando ese cambio porque hace que el lenguaje tecnológico sea mucho más accesible y favorece el trabajo integrado entre áreas que antes funcionaban de manera aislada. Eso obliga a repensar la formación. Un profesional muy especializado, pero desconectado del contexto del negocio, hoy resulta insuficiente. Las organizaciones necesitan personas capaces de entender el problema que deben resolver, trabajar de manera interdisciplinaria y combinar conocimientos técnicos con una mirada estratégica.
P.: ¿Cómo están atravesando las empresas el proceso de reconversión e incorporación de la inteligencia artificial?
M.M.: Las empresas se encuentran en distintas etapas de ese proceso. Algunas recién están poniendo las herramientas de inteligencia artificial a disposición de sus empleados para que comiencen a utilizarlas, mientras que otras ya tienen una estrategia mucho más definida y empiezan a medir sus resultados. En la mayoría de los casos, el gran desafío sigue siendo encontrar la mejor forma de integrar estas tecnologías al negocio. La discusión tampoco pasa por reemplazar personas. El objetivo es aprovechar la inteligencia artificial para aumentar la productividad, automatizando tareas repetitivas y permitiendo que los equipos dediquen más tiempo a actividades de mayor valor.
La clave está en definir una estrategia de uso y no simplemente incorporar una herramienta porque está disponible. Ese proceso también está modificando el tipo de talento que demandan las organizaciones. Hoy necesitan profesionales que, aunque no sean especialistas en tecnología, comprendan cómo utilizarla, y perfiles técnicos capaces de desarrollar una visión de negocios. Esa combinación permite resolver problemas de manera más eficiente y responder a las nuevas necesidades que plantea la transformación digital.
P.: Ya no alcanza con tener conocimientos técnicos. ¿Por qué el mundo laboral exige cada vez más una formación en negocios y habilidades de liderazgo, incluso para profesionales de áreas fuera de la economía?
M.M.: Lo vemos claramente en el MBA de la UTDT. Recibimos ingenieros, médicos, arquitectos, abogados y profesionales de distintas disciplinas que llegan porque descubren que el conocimiento técnico ya no alcanza para asumir posiciones de liderazgo. A medida que crecen en sus carreras aparecen desafíos vinculados con la gestión de equipos, la toma de decisiones y la estrategia del negocio. El mercado laboral también cambió. Antes era habitual desarrollar toda una carrera dentro de una misma empresa; hoy las trayectorias son mucho más dinámicas y los desafíos aparecen mucho antes.
La formación en negocios ya no está pensada únicamente para quienes crean una empresa, sino para cualquier profesional que deba comprender cómo genera valor la organización en la que trabaja. Esa mirada también implica desarrollar criterio. Un diseñador, un ingeniero o un médico necesitan entender qué problema resuelven, cómo impacta su trabajo en el negocio y cómo liderar personas cuando asumen nuevas responsabilidades. Por eso, cada vez más profesionales vuelven a capacitarse a través de maestrías o programas ejecutivos.
Melani Machinea sostiene que las compañías ya no buscan solo especialistas técnicos, sino profesionales capaces de combinar negocios y tecnología. Además, explica cómo la inteligencia artificial está transformando el liderazgo, la productividad y la capacitación dentro de las organizaciones.
Di Tella
"La IA debe liberar tiempo para generar más valor, no solo hacer las tareas más rápido"
P.: La inteligencia artificial promete cambiar la productividad y la forma de trabajar. ¿Qué impacto real está teniendo hoy en las empresas y qué desafíos plantea para los profesionales?
M.M.: Las empresas esperan que la inteligencia artificial permita aumentar significativamente la productividad, no necesariamente reduciendo personal, sino automatizando tareas repetitivas para que las personas puedan concentrarse en actividades más estratégicas. Sin embargo, entre los empleados todavía predomina la incertidumbre y el temor a que la tecnología termine reemplazando algunos puestos. Esa amenaza todavía no se verifica de manera generalizada.
Las organizaciones siguen necesitando incorporar perfiles junior para formar a los futuros líderes, mientras que los mandos medios sienten la presión de actualizarse constantemente para no quedar rezagados. Ese fenómeno empieza a describirse con un nuevo concepto: FOBO ("Fear of Becoming Obsolete"), el miedo a volverse obsoleto. Frente a este escenario, la formación vuelve a ocupar un lugar central. Más que aprender una herramienta específica, el desafío es desarrollar la capacidad de aprender de manera continua, adaptarse a los cambios y construir criterio para aprovechar la inteligencia artificial como una aliada.
P.: ¿Cómo debe adaptarse la universidad a este escenario atravesado por la inteligencia artificial?
M.M.: La inteligencia artificial transformó la forma de enseñar y de aprender, por lo que la universidad también debe cambiar. Hoy ya no tiene sentido prohibir estas herramientas porque forman parte de la realidad de los estudiantes. El desafío es incorporarlas al proceso de enseñanza y también repensar la manera de evaluar. No todo puede resolverse con inteligencia artificial. Hay conocimientos que requieren el aprendizaje tradicional y otros que pueden potenciarse con estas herramientas.
La clave está en enseñar a los alumnos a interpretar las respuestas, identificar sus supuestos y desarrollar pensamiento crítico. La universidad debe formar profesionales capaces de cuestionar lo que produce la inteligencia artificial y no aceptar una respuesta simplemente porque la generó una herramienta. El objetivo sigue siendo desarrollar criterio.
P.: ¿Qué implica liderar en la era de la IA?
M.M.: La inteligencia artificial debe entenderse como un copiloto y no como un reemplazo del criterio humano. Puede mejorar el trabajo y facilitar procesos, pero los líderes siguen siendo responsables de analizar, verificar y cuestionar la información antes de tomar decisiones. El desafío no es impedir el uso de estas herramientas, sino establecer criterios claros para integrarlas al trabajo de manera que complementen el conocimiento de las personas y mejoren los resultados de la organización.
Al mismo tiempo, aparece un nuevo riesgo: la dependencia de la inteligencia artificial. Es importante evitar que las personas pierdan autonomía o sientan que ya no pueden resolver ninguna tarea sin recurrir primero a estas herramientas.
"Los argentinos sean muy valorados para liderar equipos y desarrollar proyectos en otros países"
P.: ¿Qué habilidades seguirán siendo diferenciales en un mercado laboral atravesado por la IA?
M.M.: La tecnología vuelve aún más valiosas las capacidades humanas. Las empresas buscan profesionales con criterio, inteligencia emocional, empatía, capacidad para trabajar en equipo y generar confianza, habilidades que la inteligencia artificial no puede reemplazar. Al momento de contratar, las organizaciones siguen priorizando perfiles técnicamente sólidos, pero también personas capaces de desenvolverse en contextos complejos, construir consensos y liderar equipos. La combinación entre conocimientos técnicos y habilidades humanas es la que genera mayor valor.
Por encima de todo, el criterio se convierte en un diferencial. Los conocimientos técnicos pueden enseñarse, pero la capacidad para analizar situaciones, tomar buenas decisiones y aplicar sentido común es cada vez más determinante para el desarrollo profesional.
P.: Argentina se consolidó como uno de los principales polos de economía del conocimiento de la región. ¿Qué potencial ve?
M.M.: Argentina tiene una enorme fortaleza en su capital humano. Cuenta con profesionales muy bien formados y con un fuerte espíritu emprendedor, producto también de la capacidad de adaptarse a contextos complejos. Esa resiliencia hace que los argentinos sean muy valorados para liderar equipos y desarrollar proyectos en otros países.
Las exportaciones del sector superaron por primera vez los 10.000 millones de dólares anualizados, estamos hablando de cifras muy significativas. Cada vez más profesionales trabajan de manera remota para empresas del exterior y eso demuestra la competitividad del talento argentino. Aún así, todavía queda mucho por desarrollar en materia de financiamiento, redes de inversores y acompañamiento a los emprendedores.
P.: ¿El sistema financiero es otro sector con gran potencial? ¿Qué cambios hubo?
M.M.: Si, tiene muchísimo potencial de desarrollo. En pocos años, hubo una transformación tanto en términos de educación financiera como de desarrollo del mercado, con cambios muy importantes. Recuerdo que hace apenas cinco o seis años, cuando les preguntaba a los alumnos del MBA (personas que en promedio tienen más de 30 años y, en muchos casos, más de 40), quiénes habían invertido alguna vez, prácticamente nadie levantaba la mano. Muchos nunca habían tenido un portafolio de inversiones. Más allá de un plazo fijo, no conocían otras alternativas.
Hoy hago exactamente la misma pregunta el primer día de clase y levanta la mano cerca del 50% del curso. Todavía hay muchos que no invierten, pero el cambio fue radical. La "democratización" del acceso a las inversiones y de la educación financiera me parece un fenómeno muy importante. Y eso también es consecuencia del trabajo de jugadores como Mercado Libre y Mercado Pago, por citar a los más conocidos, que facilitaron enormemente el acceso al sistema financiero.
Inteligencia artificial, formación ejecutiva, liderazgo, economía del conocimiento y mercado de capitales. Melani Machinea, decana de la Escuela de Negocios de la UTDT, analiza las tendencias que ya están cambiando el mundo de las empresas y los negocios en Argentina.
Di Tella
"La sociedad argentina sigue valorando la educación"
P.: Es decir, las herramientas financieras son más accesibles y existe una mayor conciencia sobre su utilización.
M.M.: Hoy invertir resulta mucho más sencillo que hace cinco años y eso genera una población con mayor conocimiento financiero desde edades tempranas. Todavía queda mucho camino por recorrer para desarrollar un mercado de capitales más profundo.
Eso hace que desde chicos empiecen a entender conceptos como los flujos de dinero, las inversiones o las cuentas remuneradas. Además, esa competencia obligó también a los bancos a ofrecer productos mucho más accesibles. En la actualidad, por ejemplo, invertir en un fondo común de inversión es mucho más sencillo que hace apenas algunos años. Antes las alternativas eran muy pocas: dejar el dinero inmovilizado, hacer un plazo fijo o comprar dólares. También hay muchísimo potencial en toda la actividad vinculada con las finanzas corporativas.
P.: En el marco de la economía y las finanzas, ¿qué desafíos y oportunidades se presentan para el país en el futuro?
M.M.: Creo que si bien hubo avances muy importantes desde el punto de vista macroeconómico, como una mayor estabilidad cambiaria y una reducción significativa de la inflación, todavía esos cambios no se tradujeron plenamente en el bienestar cotidiano. Todavía hay muchos sectores de la economía que no terminan de activarse ni de sentir esos efectos. Pero esos procesos llevan tiempo. Creo que estamos bien encaminados y que, a medida que esa rueda empiece a girar con mayor fuerza, el impacto se irá extendiendo a distintos sectores.
Desde el punto de vista del capital humano, Argentina está muy bien preparada. Volvemos al mismo punto de siempre: somos una sociedad que, en términos generales, sigue valorando la educación. La mayoría de los jóvenes de clase media continúa pensando en estudiar y en seguir formándose. Las empresas también lo perciben. Nosotros tenemos un área muy importante de Educación Ejecutiva y trabajamos muy cerca del mundo corporativo. Existe una demanda creciente de capacitación y las empresas nos piden acompañamiento en ese proceso.
P.: ¿Qué piden concretamente?
M.M.: Prácticamente todo gira alrededor de la inteligencia artificial. Cómo gestionar la transformación digital y tecnológica. Pero, al mismo tiempo, hay una demanda muy fuerte vinculada con el liderazgo, el pensamiento crítico, con la inteligencia emocional, la innovación y la creatividad. Es decir cómo desarrollar todas esas capacidades dentro de las organizaciones.
En el último año creció muchísimo la demanda de programas relacionados con la transformación digital y tecnológica. Y también vemos empresas tradicionales que buscan profesionalizar la gestión de sus equipos. Muchas pymes necesitan atravesar ese proceso de reconversión porque, de lo contrario, quedan completamente fuera de competencia. Ya no alcanza con ser el hijo del gerente o del fundador, hay que aportar herramientas, conocimientos y capacidad de gestión.
P.: Ya no alcanza con ser una empresa familiar. Hay que profesionalizarla y darle más estructura.
M.M.: Hay que darle más sustento para poder competir. En ese sentido soy optimista. Argentina tiene una población con una buena base educativa y eso sigue siendo una ventaja muy importante dentro de la región. Todavía falta que las mejoras macroeconómicas terminen de reflejarse plenamente en la vida cotidiana, pero creo que el potencial está y la educación va a seguir teniendo un rol central para aprovechar esas oportunidades.