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18 de agosto 2026 - 00:00

San Martín: lecciones sobre el uso del poder

La grandeza del Libertado no reside solamente en haber cruzado los Andes o en las victorias obtenidas en sus campañas, sino en su idea de cómo alcanzar la independencia.

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Cada 17 de agosto volvemos a mirar la figura de José de San Martín. Las fechas patrias tienen, sin embargo, un riesgo: convertir a quienes hicieron nuestra historia en imágenes inmóviles, en nombres de calles, plazas y monumentos. Al hacerlo, podemos terminar olvidando aquello que los hizo verdaderamente excepcionales: las decisiones que tomaron cuando las circunstancias les exigían elegir entre caminos difíciles.

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La grandeza de San Martín no reside solamente en haber cruzado los Andes o en las victorias obtenidas en sus campañas. Su verdadera dimensión histórica se encuentra en algo menos visible: tuvo una idea acerca de cómo alcanzar la independencia, fue capaz de convertirla en una estrategia y, cuando llegó el momento, estuvo dispuesto a renunciar al protagonismo que esa misma empresa podía haberle otorgado.

Su primer gran acierto fue comprender que la independencia de las Provincias Unidas no podía asegurarse simplemente defendiendo las fronteras del actual territorio de Argentina. Mientras la amenaza española permaneciera en América del Sur, la revolución seguiría expuesta. San Martín entendió que había que llevar la guerra hacia el centro del poder español en el continente. De allí surgió el plan de cruzar los Andes, liberar Chile y avanzar hacia el Perú.

No fue una decisión improvisada. Durante más de dos años organizó y entrenó al Ejército de los Andes, reunió recursos y enfrentó las dificultades propias de una empresa que muchos consideraban extremadamente arriesgada. En una época sin los medios tecnológicos actuales, miles de hombres atravesaron una de las geografías más difíciles del continente. El cruce de los Andes fue una hazaña militar, pero sobre todo fue la ejecución de un plan concebido mucho antes de que pudiera concretarse.

Pero hay otra decisión de San Martín que, a mi juicio, resulta todavía más significativa: la decisión de no convertir su prestigio militar en una carrera por el poder.

Después de sus campañas en Chile y Perú, podría haber intentado conservar una posición de poder en las nuevas repúblicas. La América independiente ofrecía numerosas oportunidades para quienes estuvieran dispuestos a disputar el control político. San Martín eligió otro camino. Sus diferencias con Bolívar mostraron hasta qué punto la cuestión militar se había convertido también en una disputa acerca del futuro político de las nuevas naciones. En lugar de prolongar el conflicto y arriesgar una guerra entre quienes habían combatido por la independencia, San Martín decidió retirarse.

San Martín tuvo la posibilidad de luchar para conservar el poder y decidió no hacerlo. Paradójicamente, fue esa renuncia al poder la que hizo que su prestigio perdurara mucho más allá de su tiempo. Esta decisión plantea una cuestión política que conserva plena actualidad: ¿para qué sirve el poder?

La pregunta importa porque la historia está llena de hombres que llegaron al poder convencidos de que lo utilizaban para alcanzar una causa superior y terminaron convirtiendo la conservación del poder en la causa principal. San Martín ofrece, en ese sentido, un ejemplo diferente. Su legado no se construyó sobre su permanencia indefinida en la vida pública, sino también sobre su capacidad de retirarse cuando entendió que continuar podía resultar más perjudicial que beneficioso para la causa que defendía.

Recordar a San Martín no debería consistir solamente en repetir que fue el Padre de la Patria. Debería llevarnos a preguntarnos qué hace verdaderamente grande a un líder. Su trayectoria ofrece algunas respuestas: la capacidad de pensar más allá de la coyuntura, de transformar una idea en un plan, de perseverar frente a las dificultades y, sobre todo, de comprender que el poder es un instrumento y no un fin.

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