La histórica bodega mendocina reivindica una variedad que estuvo en el origen de los grandes vinos argentinos y busca mostrar su potencial a partir de distintos terroirs. Viñedos históricos, partidas de alta gama y reconocimientos internacionales sostienen una estrategia que tiene al Cabernet Sauvignon nuevamente como protagonista.
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Trapiche vuelve a las raíces del Cabernet para potenciar su apuesta por la alta gama
La histórica bodega mendocina busca recuperar el protagonismo de una variedad ligada a los primeros grandes vinos argentinos. La estrategia combina viñedos históricos, partidas de alta gama y distintas expresiones de terroir.
Trapiche Terroir Series Finca Laborde Cabernet Sauvignon 2024 proviene de un viñedo implantado en 1960 en La Consulta, San Carlos, Valle de Uco.
Mucho antes de que el Malbec se convirtiera en la carta de presentación de la Argentina ante el mundo, el Cabernet Sauvignon ya ocupaba un lugar privilegiado entre los grandes vinos nacionales. Trapiche busca recuperar esa historia y, al mismo tiempo, darle una expresión contemporánea a través de sus etiquetas de alta gama.
La apuesta tiene detrás más de un siglo de recorrido. A comienzos del siglo XX, cuando empezaban a aparecer en la Argentina vinos destinados a un público más exigente, el Cabernet era la referencia internacional. Esa historia quedó plasmada incluso en una de las marcas emblemáticas de la bodega: Fond de Cave, creada en 1908.
“Ahí aparecen los primeros vinos de alta gama, que básicamente eran Cabernet Sauvignon, porque era lo que se conocía”, explica Sergio Casé, gerente de Enología de Trapiche. Y agrega: “El varietal de esa época era el Cabernet Sauvignon. Siempre fue el Cabernet Sauvignon”.
Más de un siglo después, la variedad vuelve a funcionar para Trapiche como una herramienta para mostrar la diversidad del vino argentino. El desafío es diferente. El Malbec construyó una identidad propia para la Argentina en los mercados internacionales, mientras que el Cabernet obliga a competir con exponentes de prácticamente todas las grandes regiones vitivinícolas del mundo.
“El Cabernet es difícil de vender porque es una categoría extremadamente competitiva. Hay Cabernet en todas partes del mundo y en diferentes estilos”, reconoce Casé. Por eso, sostiene, los reconocimientos internacionales permiten ampliar la mirada sobre el vino argentino: “Que estas menciones te ayuden a que te miren y digan: ‘Ustedes son expertos en Malbec, pero también hacen Cabernet’, es muy importante”.
Un Cabernet de parcela única
En esa estrategia, uno de los principales exponentes es Trapiche Terroir Series Finca Laborde Cabernet Sauvignon 2024, elaborado a partir de un viñedo ubicado en La Consulta, San Carlos, en el Valle de Uco.
No se trata de cualquier parcela. Las uvas provienen de un parral implantado en 1960, situado a 1.030 metros sobre el nivel del mar y apenas 100 metros del río Tunuyán. Allí predominan los suelos pedregosos, con abundante canto rodado, mientras que la cercanía al río genera condiciones particulares para el desarrollo de la vid.
La elaboración también responde a la lógica de un vino de alta gama. La cosecha es manual y luego se realiza una selección de racimos y bayas. Tras una maceración prefermentativa, el vino fermenta con levaduras indígenas en pequeñas piletas de cemento durante al menos 25 días.
Después llegan 18 meses de crianza en barricas de roble francés de primer uso y otros 12 meses de estiba en botella. La bodega le asigna un potencial de guarda de hasta 15 años.
El trabajo tuvo este año una fuerte validación internacional: la cosecha 2024 obtuvo Medalla de Platino y 97 puntos en los Decanter World Wine Awards 2026, uno de los concursos de vinos de mayor alcance global.
El reconocimiento también permite poner el foco sobre una idea que atraviesa buena parte de la alta gama argentina actual: la búsqueda ya no pasa solamente por la variedad, sino por identificar lugares específicos capaces de imprimir un carácter propio al vino. En ese sentido, Terroir Series lleva al Cabernet una lógica de interpretación de parcelas y microterroirs que durante años tuvo al Malbec como principal protagonista.
Precisión desde el viñedo
Para Casé, el Cabernet exige además un grado especialmente alto de precisión. Su calidad final depende de una combinación de suelo, drenaje, temperatura y, sobre todo, del manejo del viñedo.
“Hay mucho trabajo detrás de un Cabernet, porque es una variedad que requiere muchísimo trabajo”, señala el enólogo. El deshoje, la exposición de los racimos, el suelo y las condiciones climáticas terminan reflejándose de manera directa en la copa. El objetivo es conseguir madurez plena sin resignar frescura y, especialmente, alcanzar taninos finos.
La búsqueda no se agota en Finca Laborde. Dentro del portfolio aparecen distintas interpretaciones del varietal, desde Trapiche Medalla, elaborado con uvas provenientes de viñedos históricos de Luján de Cuyo y Maipú, hasta Fond de Cave Gran Cabernet Sauvignon, que mantiene el vínculo con la tradición centenaria de la casa. También aparecen Perfiles, con una lectura más contemporánea, y Expedición Sur, que lleva la variedad hasta la Patagonia.
Esa diversidad es parte de una escala mucho mayor. Trapiche cuenta con más de 1.200 hectáreas de viñedos propios, trabaja junto a casi 300 productores independientes y exporta sus vinos a más de 80 países.
Para una bodega de esas dimensiones, la alta gama funciona también como territorio de exploración. En el caso del Cabernet Sauvignon, la apuesta combina dos extremos: recuperar una cepa ligada a los primeros grandes vinos argentinos y utilizarla, más de cien años después, para mostrar hasta dónde puede llegar la identidad de un viñedo específico.


