"A Ben Bernanke le preocupa la inflación"
El especialista en mercados internacionales que se escuda con el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- cree que a Ben Bernanke le preocupa la inflación, pero que «la Fed flexibilizó su tolerancia en la inteligencia de que se trata de un desvío temporario». En ese sentido, afirmó que «no bien se observe que el proceso deja de estar concentrado en la suba de alimentos y energía», los bancos centrales van a actuar.
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P.: Y Bernanke acude a la cita del año de los banqueros centrales y no dice esta boca es mía. ¿No es llamativo?
G.G.: No es tan así. No exagere.
P.: No es el eje ni mucho menos de su discurso.
G.G.: De acuerdo. No es tampoco el epicentro de sus preocupaciones.
P.: Entendible en un político, pero ¿en el caso del principal banquero central del mundo?
G.G.: La decisión es deliberada. Ni la Fed ni Bernanke ocultan que la prioridad fue estabilizar la situación financiera ante el asedio desbordante de la crisis.
P.: ¿No deberían cambiar las prioridades?
G.G.: Cambiaron en junio. La Fed endureció su discurso. En tándem con sus colegas del resto del mundo.
P.: Sus colegas -desde el Banco Central Europeo hasta los menos encumbrados de la periferia- respaldaron sus palabras con subas concretas de tasas de interés. No veo ningún atisbo en Bernanke -a juzgar por sus dichos aquí en Jackson Hole- de copiarles los pasos.
G.G.: Es verdad. Sólo Richard Fisher -el titular de la Fed de Dallas que votó en las dos últimas reuniones a favor de una suba- mostró intenciones serias.
P.: ¿La inflación no importa? ¿O la Fed dispone de un antídoto alternativo -como un brebaje secreto que sus pares desconocen- para conjurar pronto sus efectos?
G.G.: No hay trucos de magia. No habrá una solución rápida. No obstante, la inflación importa. Pero la Fed flexibilizó su tolerancia ante el curso ascendente de los precios en la inteligencia de que se trata de un desvío temporario. Nadie fue más agresivo que la Fed en sus posturas -nadie redujo tan brutalmente sus tasas de interés- pero tampoco ningún banco central -ni siquiera aquellos que abrazan metas específicas de inflación- cumplió a rajatabla con sus objetivos. El BCE tiene un blanco de 2% y la inflación en la zona del euro llegó a 4%. El Banco de Inglaterra también sobrepasó su prescripción. El de Suecia, otro tanto. Y así todos con honrosísimas excepciones. Digamos Brasil y Japón.
P.: ¿Cuánto tiempo tiene que mantenerse la inflación sobre su rango aceptable para que su comportamiento transitorio se repute como permanente?
G.G.: No bien se observe que el proceso deja de estar concentrado en la suba de alimentos y energía. Los bancos centrales no van a embestir a fondo al cambio de precios relativos que provoca el shock de los commodities. Pero no van a tolerar un aumento generalizado de precios.
P.: Eso es como decir que la inflación núcleo (sin alimentos ni energía) es la medida más genuina del verdadero proceso inflacionario. Pero no es cierto a menos que usted no consuma ni alimentos ni energía.
G.G.: No. Significa otra cosa. Es sostener que la inflación núcleo es un mejor predictor del verdadero proceso inflacionario de largo plazo que la tasa de inflación general. Fíjese que el Banco Central Europeo, a diferencia de la Fed, no compra la idea de utilizar indicadores núcleo. Y por buenas razones: en Europa, la indexación salarial y de contratos es una fuerza temible. Aun así, el BCE deja que la inflación se exceda y llegue a 4%. No lo toma como una catástrofe o un descarrilamiento de su única misión.
P.: Entonces...
G.G.: Echele un vistazo a la inflación depurada de alimentos y energía. Verá que se ubica mansa por debajo de 2% (que es su meta de inflación). Que no haya contagio es vital. Mientras sea así, los bancos centrales serán reticentes a emplear a pleno el poder de fuego de su artillería . Nada garantiza que destruyan el precio del crudo antes que su propio sistema financiero.
P.: En ese sentido, la baja reciente es una señal alentadora.
G.G.: ¿Por qué se cree que el discursoreciente de la Fed bajó sus decibeles? Bernanke fue muy claro. Hay tres ingredientes clave que permiten esperar una moderación de las presiones inflacionarias. La declinación del precio de las materias primas, la estabilidad del dólar (que ya mencionara como muy importante para sus decisiones, por primera vez, a principios de junio) y el crecimiento de la economía por debajo de su capacidad potencial. El verdadero mensaje que dejó traslucir en Jackson Hole es que mientras estos factores no se resientan, a su juicio, no habrá por qué apretar el cinturón de la política monetaria.
P.: Entonces, no hay prisa...
G.G.: Todavía no.




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