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6 de septiembre 2022 - 18:26

El multifacético Goethe

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“Así como la mediocridad es siempre unilateral, el talento siempre es multifacético”.

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Y si a alguien le corresponde este aforismo es al escritor alemán, Johann Von Goethe. ¡Porque fue tantas cosas!. Por su modestia y su enorme talento.

A los 15 años, dominaba varios idiomas: el alemán, su lengua natal, el latín y el griego, el inglés, el italiano y el francés.

A los 17 años, publicó su primer drama, con una profundidad y una gracia asombrosas.

Llegó a escribir 150 libros, aunque hasta los 40 años fue fundamentalmente un excelente pintor.

Goethe fue también un científico brillante que escribió la “Teoría del Color”, donde cuestionaba a Newton nada menos.

Alcanzó a ser también un botánico de primer nivel, que escribió un libro: “Metamorfosis de las Plantas”. Tenía 40 años.

Todavía a los 70 escribió “Metamorfosis de los Animales”.

Fue también ministro de Minería, por sus conocimientos de geología.

Y por si esto fuera poco, se recibió de abogado.

Además, tocaba aceptablemente el violoncelo y era un diestro esgrimista.

En fin, no deseo agregar más aptitudes –que las tuvo- para no resultar aburrido.

Prefiero aludir a una faceta netamente humana.

Goethe, fue un mujeriego empedernido. Pero las debilidades de los grandes no los empequeñece. Simplemente los humaniza.

Nació en Francfort del Meno, Alemania, un 28 de agosto de 1749.

Su padre fue consejero imperial y por ello gozó deuna cómoda posición económica.

Tenía 26 años cuando el Príncipe de Weimar lo llamó como consejero. Allí permaneció toda su vida.

Weimar era una pequeña Provincia con un ejército propio como se estilaba entonces.

Estando el príncipe de Weimar, en guerra con los franceses le pidió a Goethe canciones patrióticas para los soldados. Este se disculpó diciéndole:

-“He compuesto cantos de amor, porque he amado. ¿Cómo podría escribir cantos de odio si no se odiar?”. Perdóneme.

Fue amigo de Behetoven, quien le puso música a un drama histórico escrito por Goethe: “Egmont”.

Pero el libro cumbre de Goethe fue “El Fausto” una obra maestra de la literatura universal.

Tiene dos partes. Tardó 30 años en escribir la primera y 25 años demoró en la segunda. La termino teniendo ya 80 años.

Moriría 2 años después, en marzo de 1832.

El argumento de “Fausto” es conocido.

Hastiado de la vida que llevaba, el anciano doctor Fausto invoca a Mefistófeles –el diablo- para que le proporcione una nueva y placentera juventud, vendiéndole a cambio su propia alma.

El demonio acepta y entonces el viejo –rejuvenecido- puede seducir a la joven e inocente Margarita para luego abandonarla.

Sigue teniendo todos los placeres terrenales, pero no la felicidad.

Transformado en un joven robusto y atractivo seduce mujeres, obtiene cargos y honores.

Pero se siente triste. El cansancio lo abruma.

En ese momento llega el demonio a reclamarle lo que fijaba el contrato: debe darle su alma. Ahora, le toca morir. Ya en el cielo encuentra a Margarita, la joven seducida y recién en ese momento sesiente feliz.

Entonces comprende que la felicidad total es un horizonte y que la verdadera, está solo en el momento que nos sentimos felices.

¡Un verdadero canto a lo espiritual!

Y una simple anécdota final que lo humaniza.

Como expresé antes, sentía una atracción irresistible por las mujeres, que si eran hermosas o atractivas le impedían resistir la tentación.

En una ocasión caminando por la plaza principal de Francfort, una dama muy exuberante, lo trastornó. Se acercó a ella y en un impulso irrefrenable manoseó su cuerpo. Gritos de la dama y un desmayo.

Varios caballeros rodearon a Goethe y lo llevaron hasta el príncipe. El era, repito, era consejero de Carlos Augusto, el citado príncipe.

Este, reprendiéndolo severamente le dijo.

-Debo castigarte. Has faltado el respeto a una dama. ¿Tienes algo para decir?.

-Estimado príncipe.Deseo solo decirle que estoy arrepentido. Aplíqueme el castigo que considere correcto.

Quise finalizar esta nota con un anécdota simple, pero que da su dimensión como hombre normal.

Pero fue un elegido. Porque no solo demostró la realidad, sino que también ayudó a modificarla.

Porque si bien tuvo defectos comunes poseyó virtudes diferentes.

Y este es el aforismo con el que cierro esta nota. Dedicado a Goethe.

“Hay metas que parecen inalcanzables. Pero hay hombres nacidos para alcanzarlas”

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