22 de febrero 2023 - 10:53

Big Data y control ciudadano para empoderar al consumidor

En un contexto caracterizado por el empoderamiento del consumidor, las tecnologías de ciencia de datos ofrecen diversas oportunidades para identificar productos faltantes, controlar precios, detectar fraudes y socializar información de valor agregado en plataformas de consumo o apps colaborativas.

Los cambios de hábito en los usuarios, generados por la pandemia tanto en clientes como en grupos de consumidores y comerciantes, resultan uno de los temas de conversación más usuales para quienes trabajamos en ciencia de datos. De la mano de la tecnología y los datos, aparecen diversas herramientas para que, tanto usuarios como comercios, tengan a mano soluciones de digitalización simples y flexibles para incorporar en su día a día.

Algunos de los problemas actuales más usuales tienen que ver con la falta de stock de productos y el control de precios. Estos inconvenientes, propios de la gestión comercial y enmarcados en programas gubernamentales de precios, han existido durante décadas. Sin embargo, las soluciones tradicionales de las empresas para enfrentarlos, presentan diversos inconvenientes, principalmente por la ausencia de análisis de datos precisos, así como también por resultar soluciones puramente reactivas (y no proactivas).

¿Qué cambios está generando la ciencia de datos para revertir estas dificultades?

Las tecnologías de Big Data e Inteligencia Artificial permiten ajustar los procesos productivos y el stock necesario para atender a la demanda futura. Se trata de utilizar proactivamente las herramientas predictivas para encontrar el equilibrio en el stock, sin tener sobreproducción pero sin llegar, tampoco, al desabastecimiento.

Al mismo tiempo, gracias a herramientas que analizan los precios dinámicos (que ya son una realidad en el comercio electrónico y, paulatinamente, están llegando a las tiendas físicas), diversos comercios cuentan con etiquetas electrónicas que les permiten cambiar de forma remota los precios, atendiendo a diversos factores de la demanda y el comportamiento de los clientes. Este proceso incluye mejorar las predicciones de productos faltantes, aprender de situaciones históricas de variaciones de stock y maximizar el valor de los datos de consumo, redireccionando la operación logística de manera óptima.

Al mismo tiempo, observamos a un consumidor multiplataforma que ya no está limitado a los productos que le ofrece el comercio de su barrio, y que está cada vez más empoderado en el uso de tecnología. Es más exigente; conoce y demanda cada vez más sobre el producto; compara precios y ofertas; y puede identificar abusos o problemas concretos cuando el comercio no satisface sus necesidades.

Nuevos desafíos potenciados por soluciones de inteligencia colectiva y crowdsourcing

¿Qué pasaría si, de repente, cientos o miles de consumidores reportaran espontáneamente la falta de stock de ciertos productos en una app colaborativa o denunciaran que no se cumple una política de precios establecida por el gobierno?

¿Qué actitud podrían tomar las empresas, comercios e industria en general, con el objetivo de utilizar esos datos en pos de una mejor planificación?

¿O, por el contrario, si estos usuarios informaran en estas plataformas en qué tiendas de una determinada ciudad se puede encontrar un producto escaso o más barato, ante una coyuntura desfavorable, ayudando a otros usuarios con el mismo interés?

El control ciudadano combinado con la tecnología no deja de ser una opción viable para proyectar un futuro próximo, donde el aprovechamiento de los datos se produzca por los registros que dejan espontánea y voluntariamente los usuarios de plataformas.

Si bien ya existen numerosas aplicaciones top-down, donde las empresas informan a los consumidores sobre productos con bajo stock, el proceso sería inverso: las apps colaborativas funcionan en un modelo bottom-up de inteligencia colectiva. Los ciudadanos se convierten en emisores y fuentes clave de información del mercado.

De este modo, se incrementa su intervención social en asuntos públicos en forma inédita y con acciones descentralizadas que, anteriormente, no hubieran sido posibles. Se trata de un fenómeno que, con la transformación digital, empieza a crecer en materia de control y comparación de precios de productos o servicios.

Por ejemplo, durante la "crisis de la leche" en Francia, un grupo de consumidores creó el programa "C'est qui le patron?!" (¿Quién es el jefe?), con el objetivo de apoyar el desarrollo del sector agroalimentario. Un propósito alcanzado, al permitir que los .consumidores diseñen sus productos a través de una plataforma de crowdsourcing, votando en contra de una variedad de características de sostenibilidad, y decidiendo cuánto pagarían al minorista y al productor (el modelo, que resultó exitoso, cuenta con el apoyo de 14 millones de consumidores, sostiene a 4.000 familias de productores y agricultores y logró que haya más de 30 productos distintos en las tiendas).

Entre otras iniciativas innovadoras en materia colaborativa, se encuentra el caso de Kigüi, una app argentina que recompensa a los consumidores por adquirir un producto con fecha de vencimiento cercana, solo con una foto del producto y el ticket. De este modo, los consumidores colaboran socialmente para evitar el desperdicio de alimentos (cabe recalcar que en 2019 un 17% del total de alimentos disponibles en todo el mundo se desperdiciaron; mientras que el 4,8% de los alimentos perecederos que ingresó a un supermercado argentino se tiró).

El desafío para las organizaciones es, sin dudas, considerar a los consumidores como principales fuentes de datos y gestionar esta información de valor, detectando patrones ocultos que ayuden a mejorar la gestión comercial, y cumplir con pautas de calidad y precios acordados en el sector, especialmente para aquellos rubros de productos de primera necesidad.

Co-founder & Chief Scientist de 7Puentes

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