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1 de diciembre 2022 - 11:50

Criptomonedas: centralizar o descentralizar, ese es el dilema

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Si bien las criptomonedas aún no están reguladas por el BCRA, Sergio Massa busca incluirlas en el blanqueo. 

Gentileza: Criptonoticias

La idea de crear un mundo cripto supranacional descentralizado yace en las raíces del documento que da vida al bitcoin publicado por Satoshi Nakamoto en el año 2008 en el que se destaca el propósito que las transferencias electrónicas se realicen “sin pasar por una institución financiera” y donde no sea necesario confiar en un tercero ya sea una institución pública o privada.

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En su libro “Mastering Bitcoin”, Andreas Antonopoulos define a bitcoin, no como una moneda digital sino como algo mucho más grande y profundo “una red descentralizada de confianza” sobre la cual se puede construir -y se está construyendo- una nueva realidad.

Distintas vertientes ideológicas -a veces contradictorias entre sí- : tales como las llamadas libertarias, cipherpunks, o seguidores de la denominada escuela económica austríaca, entre otros, abrazaron este nuevo tótem convencidos que constituye la semilla que, tarde o temprano, acabará con la emisión sin respaldo de los bancos centrales, con los bancos centrales y en algunos casos -los más entusiastas- sostienen con la existencia misma de los Estados (al menos tal como los conocemos en la actualidad).

Extrañamente, esta mirada libertaria indiscriminadamente anti-Estado se extiende incluso a algunas sociedades democráticas occidentales, como las nórdicas caracterizadas por su elevado nivel de vida, su igualdad y por contar con un sector público que funciona eficientemente cobrando impuestos altísimos, y en algunos casos sustentado en empresas públicas de gran tamaño.

Su fe libertaria se sustenta en la sólida tecnología blockchain, y en el protocolo ideado por Sakamoto basado en mantener incentivos económicos a los denominados mineros para validar operaciones criptográficamente; que, en esencia permite que dos personas o entidades ubicadas en lugares distintos del planeta y que no se conocen puedan intercambiar electrónicamente sin intermediarios ni restricciones esos activos digitales en cualquier momento en forma anónima.

Sus impulsores más convencidos imaginaron que el bitcoin, por sus características de emisión limitada, iba a ser un activo protectivo contra la inflación mundial y contra burbujas especulativas, fogoneados ambos fenómenos por decisiones arbitrarias de los bancos centrales. Supusieron erróneamente -hasta el momento- que el precio de estos activos digitales no iba a verse afectado por decisiones políticas que sí afectan a activos financieros tradicionales como las acciones, bonos, oro, etc.

El proceso de construcción del nuevo ecosistema cripto anónimo y descentralizado encontró, en esta primera década de vida algunos escollos y realidades inesperadas para aquellos que lo idearon e instrumentaron.

En primer lugar, el propio ecosistema cripto dio a luz -aparentemente contra natura- a un conjunto de poderosos jugadores centralizados que proveen servicios virtuales, algunos de los cuales fueron cayendo a lo largo de este año, generando pérdidas económicas a millones de valientes (tal como los interpeló Matt Damon) inversores minoristas extrañamente convencidos que ni la ley de la gravedad ni los fraudes podían existir para estos novedosos activos.

En esa lista de diversos entes cripto centralizados fallidos se destacan: mercados (exchanges) como FTX; plataformas de créditos como Celsius; criptomonedas -supuestamente- estables como Terra Luna; o grandes inversores cripto como Three Arrows o Alameda.

Un segundo hecho, no previsto por los bitcoiners maximalistas fue que el ecosistema cripto replicó y potenció milimétricamente todas las practicas criticadas por ellos del vilipendiado sistema financiero tradicional al que venía a reemplazar (o al menos a mejorar). Los derivados más exóticos y el apalancamiento sin límites pasaron a formar parte del paisaje cripto, exponenciando su crecimiento y amplificando aún más los ciclos alcistas y bajistas.

Mientras los contagios producto de la reciente caída de FTX siguen esparciéndose sin quedar claro aún su alcance final, los bitcoiners maximalistas siguen señalando enfáticamente que ellos siempre, inclusive en la explosión alcista de precios del 2020-2021, advirtieron que el talón de Aquiles del sistema fue es y seguirá siendo la existencia de entes centralizados (criptos - y por supuesto no criptos) que, a su entender, son los únicos que han fracasado hasta el momento.

Si este análisis es correcto, es posible que la quiebra de FTX haga aún más frágil el sistema, en la medida que previsiblemente conduzca a un mayor grado de centralización, donde -sólo a modo de ejemplo- Binance parece encaminarse a ser un gigante todopoderoso y glotón donde nadie parece estar en condiciones de ponerle límites.

El riesgo sistémico se potencia aún más al observar las enormes tenencias de criptoactivos que hoy mantienen bajo su custodia los principales exchanges y plataformas centralizadas que hacen inviable en la práctica desandar rápidamente el alto grado de centralización del sistema, dejándolo cada vez más expuesto.

La creciente concentración alcanza a distintos segmentos de la industria. En tal sentido un informe publicado el mes pasado por el banco de inversión Morgan Stanley sostiene que la cadena de bloques de Ethereum se ha vuelto mas centralizada ya que el 60% de los validadores son administrados por 4 empresas.

Ampliando la mirada sobre todo el universo cripto es justo señalar que en estos años se ha desarrollado un ecosistema diverso y vibrante involucrado en proyectos de todo tipo que exceden largamente al bitcoin, donde la tecnología blockchain ha encontrado múltiples aplicaciones útiles para la sociedad.

Es cierto también que han sido argentinos los que han creado (y siguen creando) proyectos y realidades tecnológicas que son líderes a nivel mundial.

También es innegable que existen numerosas plataformas de negociación o de préstamos descentralizadas exitosas, pero que, por su propio diseño no han podido competir en un plano de igualdad con sus hermanos (muy) mayores, los entes centralizados que brindan una escala superior y un entorno de operación extremadamente amigable.

Por su parte, los entes cripto centralizados -que seguramente con lógica darwiniana se irán concentrando cada vez más- difícilmente estén genuinamente interesados en reducir sus ingresos a costa de una mayor descentralización.

En definitiva, el propio sistema no parece en condiciones de cambiar el rumbo hacia una mayor concentración sin mayores controles, cruzando los dedos y creyendo que finalmente se llegará a ese mundo ideal descentralizado, al mismo tiempo que crecen los daños colaterales y millones de inversores ven evaporar parte de sus ahorros mientras observan fascinados estos nuevos y sofisticados productos ante la mirada desconcertada de los Estados.

Profesor de Criptoactivos y Monedas Digitales. Posgrado FCE. UBA

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