CUENTOS DE LA PANDEMIA VI: "El amante pandémico"

Opiniones

¿Qué harías para encontrar a tu amor eterno en medio de una pandemia? ¿Qué harías si lo perdés?

Rocío lo amaba en secreto desde que tenía 12 años. Era uno de esos amores que se dicen no correspondidos, inconclusos, pendientes. Se conocían poco a pesar de verse seguido en la entrada del natatorio. Ella sabía de su afición por las carreras largas y su resistencia física. Sabía del premio que obtuvo en los intercolegiales y del viaje a Chile en medio del terremoto. Sabía de todo eso, y más. Creía conocerlo bastante bien. Enamoramiento o amor eterno.

Con los años maduraron, pero mantuvieron el contacto. El paso del tiempo los puso a prueba. Sus vidas y las de millones cambiaron de repente. Algo inesperado sucedió, algo que nadie esperaba: una pandemia y una larga cuarentena. Un aislamiento social obligatorio para todos.

Con la pandemia el vínculo virtual se hizo diario, charlaban durante horas. Ella recibía sus mensajes antes de dormir y cuando se levantaba. Durante el día el contacto cibernético era reiterado, siempre en línea, siempre disponible, atento, ocurrente, salvaje. “Un novio ideal”, pensaba ella. “Listo, siempre listo”, pensaba de él. Después de todo era un profesional obstinado en salvar vidas.

Intercambiaban consejos de desinfección, se burlaban de las conspiraciones, comentaban recetas de cocina que nunca harían y tutoriales de cómo evitar el contagio con elementos de protección caseros. Eran verdaderos infectólogos adhoc.

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Cuentos de la Pandemia: "El amante pandémico" (Ilustración de Sandra Piterman).

Cuentos de la Pandemia: "El amante pandémico" (Ilustración de Sandra Piterman).

Pasada la novedad de la pandemia, después de un corto tiempo, se relajó el confinamiento. Y con ese final también se terminaron los contactos: él ya no respondía a sus mensajes, no estaba en línea, la tenía bloqueada. Sus ocupaciones aparentemente lo desbordaban.

Como muchos otros virus, el Covid-19 posee una capa de lípidos que lo cubre y protege. Un caparazón como los que tiene el verdadero amor. Pero nadie está a salvo. El jabón más modesto puede, si se lavan bien las manos, eliminar la capa grasa que cubre al virus, desprotegerlo y causar finalmente su destrucción. Lo mismo ocurre con un desamor.

Decidida a todo, una noche Rocío ingresó a la Clínica del Este, se desvistió despacito, se quedó en piel y hueso y se metió en la terapia intensiva, donde convalecían pacientes infectados graves. Deshabitada se abrazó a las camas de los enfermos, se restregó en las paredes de los cuidados intensivos, tocó frenética los utensilios de los baños y hasta lamió los elementos sanitarios que suponía podrían haber llegado a tener contacto con el virus mortal.

Exhausta, conmovida, pero totalmente convencida, se acomodó sonriente sobre el catre hospitalario aún desordenado de un fallecido reciente. Amoldó la almohada a su cabeza y respiró profundo. Por un instante cerró los ojos, estiró las piernas y apretó fuerte los puños contra las sábanas hasta largar el aire contenido. El sonido de los respiradores y las máquinas de la terapia la regresaron a un estado consciente. Tomó su celular, se sacó una selfie y comenzó dichosa, a toser.

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Cuentos de la Pandemia: "El amante pandémico" (Ilustración de Sandra Piterman).

Cuentos de la Pandemia: "El amante pandémico" (Ilustración de Sandra Piterman).

Para leer más:

CUENTOS DE LA PANDEMIA I: "Clase a distancia en cuarentena"

CUENTOS DE LA PANDEMIA II: "La Rabia"

CUENTOS DE LA PANDEMIA III: "Qué día es hoy"

CUENTOS DE LA PANDEMIA IV: "Retorcijones"

CUENTOS DE LA PANDEMIA V: "La casa de los sordos"

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