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Esto llevó a formular una suerte de consenso compartido por la mayoría de los analistas económicos (locales e internacionales): «A corto plazo no surgirán problemas ni políticos ni económicos, pero el largo plazo, de no mediar un cambio en algunas políticas públicas, es otra historia».
La estabilidad nominal y la recuperación económica fueron hasta aquí los pilares sobre los cuales el presidente Kirchner construyó poder. Sin ellos, la capacidad del Presidente para suplantar los votos que no recibió con apoyo popular hubiera sido extremadamente reducida. La combinación de estabilidad nominal y fuerte recuperación económica fue posible gracias a un tipo de cambio real depreciado (o «Kompetitivo»), una política de gasto público compensatorio (de los bajos salarios resultantes del tipo de cambio depreciado), un superávit primario récord, y una política monetaria acorde (con dicho superávit y con dicho objetivo cambiario).
Si bien este esquema funcionó bien hasta aquí, resulta difícil que pueda continuar en un contexto de aumento de la tasa de inflación. A medida que los precios se aceleran, los tiempos de una política económica capaz de mantener, sin mayores sobresaltos, los dos pilares de la administración se acortan.
Existe cierto consenso en torno a la idea de que el aumento reciente de los precios es la resultante de un cóctel de políticas monetarias y fiscales expansivas en un contexto en el que existen cuellos de botella y presiones por el lado de los costos salariales en varios sectores. De ser así, las autoridades económicas estarían en condiciones de evitar una aceleración inflacionaria. De hecho, la expansión monetaria y la expansión del gasto público compensatorio fueron utilizadas para maximizar la recuperación del nivel de actividad económica.
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