Desequilibrios en mercado cambiario
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En primer lugar, la declaración de una cesación de pagos de la deuda pública externa con los inversores privados, posibilitó la ausencia del Estado en el mercado de cambio como demandante de las divisas necesarias para cumplir con las obligaciones de esa deuda. Esta situación posiblemente ha de modificarse a partir de ahora, ya que el Estado comenzará a cumplir con esos compromisos, que han sido reprogramados. No hubo en cambio «default» en los compromisos de pago del Estado con los organismos financieros multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID. En los últimos tres años esos pagos sumaron cerca de u$s 10.000 millones y fueron hechos con empleo de las reservas monetarias internacionales que, a su turno, debieron ser repuestas adquiriendo el Banco Central la oferta excedente del mercado de cambio mediante operaciones de mercado abierto. Esas compras permitieron también hacer previsiones para cumplir con los pagos a los acreedores privados y a esos organismos, durante los próximos doce meses. Esas operaciones tuvieron un efecto monetario expansivo que fue absorbido, en parte, por el aumento de la demanda de dinero atribuible a la reactivación económica y, en alguna medida, mediante la venta al público de bonos de esterilización monetaria emitidos por el Banco Central.
Todo nos indica que el mercado de cambio ha sido y es todavía un «mercado incompleto» debido a la no concurrencia plena de la demanda del sector público «no financiero». Sin una subsidiaria concurrencia del Banco Central, el precio que se habría determinado en ese «mercado incompleto» no habría sido, de manera alguna, un «precio de equilibrio» entre la oferta y la demanda total de moneda extranjera de la economía nacional. En consecuencia no habría sido un tipo de cambio congruente con el equilibrio del balance de pagos internacionales, a mediano y largo plazo.
Es posible que esta situación tienda a modificarse en el futuro, tan pronto como el Estado comience a honrar sus obligaciones en moneda extranjera con fondos provenientes de su «superávit fiscal primario», accediendo a una directa adquisición de divisas en el mercado de cambio a través del Banco de la Nación Argentina como agente financiero del Tesoro. Esto ha comenzado a ocurrir de manera incipiente. Si este proceder se generaliza y el sector público no financiero concurriera en plenitud al mercado para satisfacer su demanda total de divisas, con los fondos de su superávit fiscal primario, que este año podría llegar a ser de u$s 7.000 millones, sus compras no ocasionarían expansión monetaria ni tendrían efectos inflacionarios colaterales, lo cual haría innecesario incurrir en los costos financieros que ahora tiene la emisión de bonos de esterilización indexados.
• Proyección
Si así se procediera, el mercado de cambio dejaría gradualmente de ser un «mercado incompleto» y sus cotizaciones tenderían a ser, finalmente, referentes más confiables de un «precio de equilibrio», habida cuenta además que se han adoptado preventivamente medidas para minimizar los riesgos asociados al ingreso de capitales especulativos («hot money») de inestable residencia en el país. Es posible en ese caso, aunque no es seguro, esas cotizaciones tiendan a situarse en un entorno del presente tipo de cambio de $ 2,90 por dólar y/o a evolucionar en función de los costos y precios internos.
Hago votos para que la autoridad monetaria sea liberada por completo de la regulación de un mercado de cambio «incompleto» y pueda concentrarse en sus funciones esenciales, cuales son el preservar el valor de la moneda nacional y la solvencia y eficiencia operativa de las entidades financieras bajo su supervisión, así como en una prudente regulación de los mercados financieros y de cambio, con un sincero propósito contraespeculativo.




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