¿EE.UU. esquizofrénico?: se teme recesión y se vende más
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Por fortuna, un análisis más cuidadoso de la demanda interna revela un patrón de recuperación sostenida cuando se distingue entre ventas finales que sí crecen e inventarios que se liquidan. La secuencia trimestral de las ventas finales es, de lejos, la ficha más sólida de todo el informe de cuentas nacionales: 1,6%, 2%, 2,4%. Aun así presenta un obvio talón de Aquiles: la inversión fija cayó por tercer trimestre consecutivo y ya no sólo por la crisis de la vivienda. La inversión no residencial mostró señales de contagio y cerró en rojo por primera vez desde principios de 2003.
Todo el avance de las ventas finales está apoyado sobre las espaldas del consumidor. Como ya ocurriera en ocasión de la recesión de 2001 (y perdurase hasta 2003). El consumo creció 4,4% en el cuarto trimestre de 2006 (y por sí solo contribuyó con 3 puntos al crecimiento del PBI). Las ventas de bienes durables, por ejemplo, que ya habían aumentado 6,4% en el tercer trimestre anotaron otro avance de 6% en el cuarto. El consumo de bienes no durables escaló 6,9%.
¿Qué economía esquizofrénica es ésta que teme una recesión y, a la par, vende televisores de plasma como pan caliente? Una economía de precios muy flexibles. No basta con mirar cantidades para formarse una opinión. Menos en una coyuntura en la que empresas tan diversas como Ford y General Motors; Home Depot y Gap, por citar unas pocas, enfrentan problemas para satisfacer sus objetivos de ventas y deben apelar a grandes rebajas para alcanzarlos. Tómese el caso de Wal-Mart, que con cuatro mil tiendas en los EE.UU. es el minorista número uno. Sus ventas no llegaron a aumentar 1% en octubre (comparando con las del año anterior), disminuyeron en noviembre y repuntaron apenas 1,6% en diciembre. Las ganancias del último trimestre fueron inferiores a las de igual período de 2006.
En este árido contexto comercial, el deflactor del gasto de consumo cayó 0,8%. No fue sólo la nafta. O los bienes de consumo no durable (-8%). Los precios de los bienes durables también cayeron (-2.8%). ¿Cuánta solidez de base trasunta este patrón? No hay que engañarse: opera sobre un trasfondo de debilidad. Después de todo, los descuentos de precios no sólo alientan la demanda, también la trasladan en el tiempo.
Habrá que dejar que transcurra para verificar si la fortaleza presente no deja un vacío de ventas en los próximos meses. En principio, volviendo a Wal-Mart, sus proyecciones para enero apuntan sólo a una moderada mejoría: 2,2%. Queda como balance provisorio, entonces, un saldo positivo. Pero sin euforias. A saber, un consumidor que no se asusta, sensible a las oportunidades de precio (y por ende una recuperación del gasto con tendencia a autorregular las presiones de inflación minorista); una economía resistente, capaz de digerir la crisis inmobiliaria, que ha perdido el empuje de la inversión aunque ha conseguido potencia sustituta de un motor inesperado: el sector externo. No serán las condiciones ideales para la navegación pero resultan suficientes para un aterrizaje decente. No conviene olvidarse que la Fed, en última instancia, pondrá la política monetaria al servicio de dicho cometido. La carta más poderosa todavía no se ha jugado.




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