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24 de julio 2007 - 00:00

Falta más inversión

Carlos Magariños fue secretario de Industria de Domingo Cavallo -delineó el actual régimen automotor que atrae inversiones- y estuvo en Viena durante dos períodos al frente de la ONUDI. Eso le permite tener una visión particular del país. Es importante lo que dice sobre la necesidad de revisar la relación entre la política de ingresos, la fiscal y la cambiaria. Y también alerta por las consecuencias de sostener en el largo plazo un dólar alto para mantener la competitividad.

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Carlos Magariños
PERIODISTA: ¿Cómo ve la economía hoy?

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Carlos Magariños: Bajo el «estrés» típico del que está en una encrucijada. Por un lado, las condiciones excepcionales de la economía internacional (creció 5,4% en 2006, máximo de tres décadas) la empujan hacia delante. Por el otro, aprovechar ese envión en lo inmediato implica revisar las relaciones entre las políticas de ingresos, fiscal y cambiaria, repensar la estrategia comercial (retenciones y prohibiciones) y asumir las restricciones energéticas con decisiones valientes y de fondo. En el mediano y en largo plazo habrá que desplazar los ejes del crecimiento argentino de los últimos años desde el tipo de cambio competitivo, los bajos costos laborales ( promedio) y las tarifas congeladas hacia un esquema futuro basado en aumentos de productividad a partir de la inversión en equipos, infraestructura, educación y en un aumento de las capacidades sociales. Fomentar la innovación y la incorporación de tecnología es crucial para lograr ese tránsito.

P.: ¿Se está quedando atrás la Argentina respecto de Brasil y otros países de la región?

C.M.: Crecemos más rápido que Brasil y otros países, pero, paradójicamente, recibimos menos inversión extranjera directa, que suele ser el vehículo preferido de las nuevas tecnologías y los nuevos negocios. El campo argentino hizo una revolución tecnológica, empresas y entidades innovadoras participan en mercados de alta tecnología (BioSidus en biotecnología; INVAP en energía nuclear) y hay dinamismo en servicios privados (call centers, etc.) pero la estructura de nuestras exportaciones (salvo por la aparición de la minería la década pasada) no se ha modificado en los últimos 30 años. Aunque ese patrón se reitera en América latina, Chile (salmón, frutas, vino), Costa Rica (informática) México (maquila) y Brasil (agroindustria y energía) están más activos en los mercados globales. ¿No será tiempo de liberar el potencial de nuestros emprendedores y aumentar los incentivos para la inversión? Hace un siglo la Argentina tenía el PBI más grande de América latina; hoy estamos terceros.

P.: ¿La Argentina no está perdiendo competitividad pese al dólar alto?

C.M.: Esta pregunta tiene varias dimensiones. Aunque en el corto plazo es posible y hasta puede resultar conveniente intervenir con inteligencia, en el largo plazo no se puede ir contra las fuerzas del mercado. El tipo de cambio nominal puede ser una buena manera de comenzar la búsqueda de competitividad, pero no es la mejor manera de continuar, sobre todo desde que el arribo de China e India a la vanguardia de la economía internacional ha hecho imposible competir en sectores trabajo-intensivos. A largo plazo, la clave para asegurar la competitividad está en la incorporación de tecnología y en la construcción de capacidades sociales; y son conocidos los desafíos que enfrentamos en esos campos. Esto debe y puede hacerse con un manejo equilibrado del tipo de cambio.

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