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27 de marzo 2022 - 10:56

¿Dónde refugiarse cuando la FED se embarca en una expedición agresiva de suba de tasas?

La Bolsa despega justo cuando la FED apura el aterrizaje. ¿Podrá dominar una inflación "demasiada alta" sin averiar la economía?

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Adiós sintonía fina. La política monetaria necesita tasas más altas, más de prisa. La inflación golpea con su trazo grueso –triplica la meta de 2% - y la FED ya asumió que no será transitoria, que la corre de atrás y que, después de Ucrania, debe apurarse si quiere que las expectativas sigan aferradas a la pauta oficial.

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El Banco Central cerró el taper e inició la saga de las tasas con un peldaño de un cuarto de punto, pero eso es poco y discurre lento. “Hay que restaurar la estabilidad de precios”, dijo Jay Powell, el responsable de cuidarla. “El cuadro es simple: el mercado laboral es muy robusto y la inflación, demasiado alta”. En el mapa de puntos de la FED, la tasa corta viaja de 0,25%-0,50% a 1,75%-2% hasta fin de año.

En ese sentido, Powell señaló la necesidad “obvia” de sintonizar la política monetaria en un dial de más neutralidad. En otras palabras, debería ubicarse en la franja entre 2,25%-2,50% (si la inflación regresa a dicho nivel en el mediano plazo). Y quizás haya que ser “más restrictivo” para lograr el cometido. “Cuánto más rápido (aumente la tasa) es mejor”, sostiene James Bullard, titular de la FED de Saint Louis, el halcón más inquieto. Su objetivo: 3% en diciembre. Bullard abogó por un ajuste inicial de medio punto que fue desechado. Pero con una inflación punzante que no cede, su prédica temprana es el oráculo más confiable. Pruebas al canto: la FED aplicará aumentos de medio punto de ser necesario, reconoció Powell.

En enero, el deflactor del consumo personal –la medida de inflación que usa el banco central– creció 6,1% interanual. Se estima que trepó a 6,4% en febrero, y no se calmará mientras dure el shock de los precios de los commodities. A buen entendedor, sobran palabras. Los futuros de Chicago ya prevén sendos saltos de medio punto en mayo y junio.

A su manera, la FED avisa que migrará del modo Powell –una cadencia de ocho subas de un cuarto de punto cada una, plasmada entre 2015 y 2018– al estilo Greenspan, más brusco y menos previsible. La tasa escalará más que la inflación hasta doblarle la cerviz. Partiendo de tasas reales negativas, y una inflación exacerbada, no es sencillo saber dónde se ubicará la tasa terminal. Y esa incertidumbre causó estragos esta semana en toda la curva de bonos. La tasa de diez años se disparó 31 puntos base (acumula medio punto en el mes) y merodea 2,50%, a un tris de superar el umbral de la neutralidad.

Los 3 puntos que subió Greenspan en un año –entre los febreros de 1994 y 1995– es el shock que propone Bullard. Las realidades, por supuesto, son muy distintas. En su momento, al viejo maestro le alcanzó para aterrizar la economía con suavidad. “Es el ejemplo perfecto”, según Alan Blinder, quien rastreó en detalle el curso de las políticas de la FED desde 1965. “Legendario”, lo describió. Pero incluso un aterrizaje suave –como su nombre no lo indica– produce trauma. La maniobra “perfecta” causó el Efecto Tequila de fines de 1994, un grave daño colateral cuya convulsión también hizo leyenda aunque su alcance solo fuera regional.

¿Dónde refugiarse cuando la FED se embarca en una expedición agresiva de suba de tasas? La Bolsa trepó con el puntapié inicial, y continuó su ascenso imperturbable al voltaje creciente del discurso oficial. Wall Street sufrió más el examen de estrés –la comunicación anticipada de los preparativos– que la puesta en marcha del plan monetario.

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En el intervalo, Rusia invadió Ucrania y echó leña al fuego. Guerra de tasas y guerra de verdad. El S&P500 cotiza mejor que cuando estallaron ambas. Se diría que toma a Powell al pie de la letra. El informe PMI -con datos del 11 al 23 de marzo - acreditó la robustez de la coyuntura.

La industria y los servicios acusaron el pico de actividad de los últimos 8 meses. El mercado de trabajo bulle al rojo vivo: los pedidos iniciales de subsidios de desempleo son los menores desde 1969 y el total de subsidios roza los mínimos de 1970 (hoy que la población de EEUU es el doble).

¿Podrá dominar una inflación “demasiada alta” sin averiar la economía? Se dice que la curva de bonos descree y las acciones, no. Sin embargo, en el corto plazo, la pendiente de la curva es tan positiva como la Bolsa. No avizora una recesión inminente. La curva sí elevó los break-evens de inflación y supone que habrá que bregar más de la cuenta. Sus dudas son, pues, una materia de 2023. La Bolsa despegó, salió de zona de corrección, no sufre de vértigo, pero tampoco atacó los récords. A 5,3% de distancia todavía medita entre dar el zarpazo o mantener la prudencia de esperar. Es que la FED puede acelerar, pero la lucha contra la inflación será una carrera de resistencia y no de velocidad. No se define con un pique corto.

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