Argentina, ¿mano de obra barata para el Silicon Valley?

Opiniones

La ecuación cierra para las empresas del norte con la posibilidad de pagar salarios mucho más bajos que en sus propios países, pero igualmente muy altos en relación a lo que se paga en Argentina. Sin embargo, la pregunta a hacernos es por qué los salarios de profesionales calificado/as son tan bajos en Argentina.

A principios de abril y mayo se vieron una serie de notas en diversos medios de comunicación que alertan sobre cómo los/as programadores son contratados directamente por empresas extranjeras por salarios muy por encima de lo que pagan las empresas locales. Así funciona el sector de software y soluciones informáticas hace años, por lo cual resulta extraño que dos veces en el último mes y alrededor de las mismas fechas hayan aparecido notas en medios de distinto tinte político criticando a los/as programadores por su decisión de trabajar para el exterior. ¿Qué se esconde detrás de esta denuncia piloteada por las grandes empresas de software de Argentina, Globant a la cabeza, y qué es lo que estas Globant omite porque no les conviene que se sepa?

Globant, muy lejos de ser una PyME acechada por la competencia extranjera

Entre las empresas más beligerantes en contra de los programadores deslocalizados está la empresa de software Globant, catalogada como unicornio por haber estado valuada por encima de los mil millones de dólares antes de lanzarse a cotizar en bolsa. Globant hoy cotiza en la bolsa de Nueva York y su capitalización bursátil supera los 8,5 mil millones de dólares.

Además de lanzar su campaña mediática y de buscar apoyo en otras empresas del sector, Globant ensayó -y sigue ensayando- otra estrategia para atraer programadores. Ofrece hasta un 30% del salario en una cuenta en dólares en el exterior o bien contratar a empleados a contra factura -es decir de manera informal, sin aguinaldo, ni vacaciones- y así pagarles un salario más alto. ¿Esta es la propuesta de la empresa líder en software del país para contribuir al desarrollo?

El problema para Globant es que incluso estas ofertas no le hacen ni cosquillas a los salarios que ofrecen empresas rivales. Pues hay que decirlo con claridad, Globant no compite contra empresas argentinas sino con empresas de software globales, basadas en países centrales, en particular Estados Unidos, a dónde se origina el 70% de los ingresos de Globant. En este país Globant tiene clientes de la talla de Google, Disney, la FIFA y la empresa de transporte de Nueva York. Europa concentra el 8% y América Latina y otros destinos el 22% de sus ingresos. En 2020, las ventas totales de Globant alcanzaron los 814,1 millones de dólares, con un crecimiento anual de 23,5% y un 37,4% de margen bruto de ganancias. ¿No podría acaso Globant usar parte de sus más de 300 millones de dólares de margen para mejorar los salarios que paga a sus empleados en lugar de quejarse porque los programadores prefieren los sueldos más altos del Silicon Valley?

No sólo sus salarios no están acordes a lo que gana la empresa por operar a nivel internacional y en dólares. La salud laboral es también marginada en Globant. Como se trabaja para clientes de distintos lugares del mundo, es común que la jornada de trabajo deba ajustarse en función de lo que pide el cliente y el nivel de presión y tensión que se vive internamente está muy lejos del ideario de trabajo relajado y descontracturado que se asocia a la industria del software a nivel global.

¿Por qué lo/as programadores de Argentina son contratados/as por empresas de países centrales?

Otra pregunta que queda soslayada es cuáles son las razones que explican por qué Argentina es fuente de mano de obra calificada bajo la forma de exportación de servicios digitales, tales como el trabajo de programación.

Un 40% de la población de entre 25 y 34 años tiene un título terciario en Argentina. Esta cifra es 50% para Estados Unidos, 24% para México y 21 para Brasil según datos de la OCDE. La alta tasa de calificación de la fuerza de trabajo de Argentina se debe, en gran medida, a que la educación superior es gratuita. En el caso específico de la economía digital, de acuerdo al Global Skill index de Coursera, Argentina es el país líder en la región en habilidades tecnológicas y ciencia de datos y rankea 22 a nivel mundial esta última. En el desarrollo de estas capacidades contribuyó la política industrial de fomento al sector, en pie desde el 2004, que incluye la promoción de carreras universitarias y terciarias asociadas al software. Además, Argentina es el único país de América Latina está clasificada como país con alto nivel de inglés. Ocupa la posición 25 a nivel global en este indicador.

Estos motivos explican por qué Argentina tiene fuerza de trabajo calificada de primer nivel en el sector del software y, más en general, en tecnologías digitales. Vivir en una zona horaria próxima a la de San Francisco también influye. La ecuación cierra para las empresas del norte con la posibilidad de pagar salarios mucho más bajos que en sus propios países, pero igualmente muy altos en relación a lo que se paga en Argentina.

Así las cosas, si fueras un/a programador/a, ¿qué preferirías? ¿Ganar entre 3.000 y 6.000 dólares por mes -según tu nivel de experiencia- para una empresa de Estados Unidos, o aproximadamente 1.500 dólares -un buen sueldo en Globant- de los cuales máximo 500 los cobrarías en dólares fuera del país y el resto en blanco con jubilación y obra social? Evidentemente, el camino no es culpar a las personas que aceptan -lógicamente- lo primero.

En cambio, la pregunta a hacernos es por qué los salarios de profesionales calificado/as son tan bajos en Argentina. Pregunta urgente en un contexto en el cual la digitalización permite estas formas de contratación a distancia e informales. La pregunta le cabe especialmente a la industria del software porque las empresas, las más de las veces, venden parte de sus servicios en dólares al exterior. ¿Si venden en dólares y a precios internacionales, por qué pagan salarios tan bajos a quienes hacen el trabajo que vuelve su negocio posible y altamente rentable?

(*) CONICET, Universidad de Buenos Aires y Université de Paris.

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