Aunque en la actual crisis financiera la preocupaciónse concentra en los bancosde inversión, fundamentalmente por ser más conocidos y por su extraordinario tamaño, en este partido están lejos de ser los únicos jugadores. Los pasivos que ha de pagar un banco, se satisfacen con las deudas que alguien paga, por lo que concentrarse en las hipotecas subprime es sólo la punta del iceberg. A la vez, los trillones de dólares involucrados en la crisis no están concentrados en EE.UU. Hasta ahora pareciera que los que están dispuestos a solventar los problemas son básicamente la Reserva Federal y el Tesoro americano, con costo impositivo para los contribuyentes americanos. En una postura miope, otros países están preocupados,pero no tan dispuestosa hacer grandes sacrificios aunque sus inversores están afectados.
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Los últimos años vieron el crecimiento de diversos jugadores en el sistema financiero que no están sujetos a regulaciones en ningún lugar del mundo. Son los Fondos de Riqueza Soberana o Sovereign Wealth Funds (SWF, inversores de naciones con grandes excedentes, particularmente exportadores de petróleo), Hedge Funds (fondos con un altísimo apalancamiento que invierten el dinero de sus clientes pero casi sin respaldo patrimonial) y empresas de private equity (fondos que tienen grandes participaciones en empresas que no cotizan en Bolsas).
No hay que confundir los bancos centrales con los SWF, que son Fondos propiedad del Estado, compuestos por activos financieros o reales (empresas, bienes raíces). Privilegian los retornos por encima de la liquidez, y por lo tanto pueden asumir mucho mayor riesgo que un Banco Central. En los últimos años el espectacular crecimiento del precio del petróleo ha alimentado a algunos de ellos hasta alcanzar importantísimas cifras. No deben rendir cuentas nada más que a sus respectivos países y tienen amplia libertad para elegir sus inversiones y casi seguramente carecen de fines políticos de corto plazo.
Con datos a agosto de 2008, el mayor Fondo del mundo era el de Abu Dhabi, con aproximadamente $ 800 billones, seguido por Noruega, con casi $ 400 billones.
Desde julio del año pasado fueron noticia por realizar aportes de capital en varias instituciones financieras. Han inyectado más de u$s 60 billones en bancos occidentales (City Group, Barclays, Merrill Lynch, entre otros), y en todos los casos han perdido mucho dinero. En general, invirtieron en acciones preferidas, que pagan dividendos. El cobro de un dividendo minimiza el riesgo de la inversión, respecto a otros accionistas, y tiene otra gran ventaja: si suben las acciones, hay una ganancia de capital. Muchos de estos fondos están en países respetuosos del islam, donde la Ley Sharia no permite cobrar intereses. De esa manera, las inversiones pueden recibir un pago equivalente, y para la empresa que recibe la inversión esos pagos son deducibles de impuestos. Esto explica en gran parte la forma de los aportes de capital recibidos por entidades financieras en el último año y esto alejó el fantasma de la crisis hasta ahora.
Exigencia
Pero hay otro tema de gran importancia que hoy dificulta enormemente los aportes de capital (aunque no hubiera pánico en los mercados): las condiciones de emisión de estas acciones incluyen cláusulas que exigen que, en caso de realizarse nuevas emisiones, no se pueda diluir al inversor original. Es decir, si es necesaria una nueva emisión de capital, las nuevas no pueden ser más baratas. O alternativamente, que ha de compensarse la diferencia al inversor inicial.
Claro, ambas situaciones son imposibles en momentos en que las acciones de entidades financieras han bajado en promedio 50%.
Es probable que algunos inversores admitan modificar esa cláusula en su contrato, ya que preferirán que las acciones mantengan algún valor, aunque bajo, antes que presentar a la empresa en quiebra.
Hace menos de dos semanas los sovereign funds se reunieron en Santiago de Chile y adoptaron un Código de Etica o principios similares a una autorregulación, que será hecho públicoen la reunión del FMI del 11 de octubre. Conscientes de su importancia, han considerado establecer un comité que les represente en los debates de política internacional.
Nunca es demasiado pronto, ya que el rol que han cumplido para recapitalizar diferentes bancos y empresas ha sido muy grande. Sin embargo, la suspicacia hacia inversores extranjeros sigue siendo muy fuerte. Ahora parece historia antigua, pero hace sólo meses se impidió que empresas árabes compren puertos, o empresas chinas compren petroleras en Estados Unidos.
Los Hedge Funds crecieron notablemente en los últimos diez años aprovechando la tasa de interés baja con la que se endeudaban para comprar activos de riesgo que esperaban fueran más rentables. Son gran parte del motor de la crisis, ya que deben desarmar rápidamente posiciones para responder por préstamos recibidos o retiros de fondos de sus clientes. Estos fondos son criticados por no hacer públicas sus carteras pero sobre todo por los grandes beneficios que recibían sus administradores.
En 2007, John Paulson (sin relación con Henry Paulson del Tesoro americano) tuvo una ganancia de más de u$s 3 billones, superando a Soros. Sin embargo, estos Fondos contribuyeron en gran medida a una notable eficiencia y liquidez de los mercados que crecieron-(y se derrumbaron), entre ellos los de hipotecas subprime y derivados. Al tener ahora que vender sus activos, contribuyen a la baja de precios, generando un círculo vicioso.
Dado que no son entidades reguladas por ningún banco central y sus posiciones cambian a la velocidad de un click, es difícil calcular su tamaño, pero la revista «Institutional Investor» estima que los 100 mayores fondos de Asia administran u$s 11 trillones, habiendo aumentado 18,3% desde 2007.
Los private equity firms o funds (que reciben múltiples Inversores) no están expuestos en cuanto al resultado de sus inversiones ya que por definición, casi no invierten en activos que cotizan en Bolsa. Están básicamente dedicadas al sector real de la economía, y no a operar con activos financieros. Son fondos que compran empresas que producen y que deben seguir produciendo y aumentando de valor para subsistir. Tienen múltiples estrategias, pero terminan siendo sofisticadísimas formas de «comprar barato y vender caro». Algunas se dedican a financiar empresas que recién comienzan, pero en general, compran empresas que consideran baratas, estén o no listadas en una Bolsa, y utilizan una rápida reingeniería de procesos y fundamentalmente financiera. Pueden desmembrar a la empresa si así fuera más rentable e intentan lograr que alcance un valor mucho mayor que cuando la compraron. Su intención no es permanecer como accionistas, sino revender las empresas a mucho mayor valor. Justamente por este modelo de negocios es que, en momentos de iliquidez, los bancos acreedores no pueden recuperar rápidamente sus créditos ya que estos fondos no pueden vender las empresas instantáneamente.
Se estima que estos fondos pasaron de administrar casi u$s 400 billones en 2006 a casi u$s 700 billones en 2007.
Es probable que el valor de algunas de estas inversiones se haya reducido durante 2008, pero recordemos que son empresas, lo que equivaldría al capital de más de 100 General Motors.
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