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El significativo aumento de las exportaciones y de la producción manufacturera competitiva, con las importaciones que ello ocasionó, impulsó el crecimiento económico y la expansión de la recaudación tributaria.
A partir de una relación de mayor armonía entre el tipo de cambio y la productividad de nuestra economía, una magna revaluación de la moneda argentina, como la que se aconseja, desvanecería la competitividad internacional de nuestras industrias, ocasionando una recesión industrial en beneficio de un aumento de las importaciones competitivas, que se manifestaría en un aumento de la desocupación forzosa, con su secuela de aumento de la pobreza y de la marginalidad social de amplios sectores de la población.
El crecimiento económico en expectativa se desvanecería, decaería la recaudación tributaria, así como el presente saldo positivo de nuestro comercio exterior. Decaerían así el superávit fiscal primario y la capacidad internacional de pagos de la Argentina para honrar su deuda. Esta es la inconsistencia macroeconómica de la propuesta de marras. La revaluación monetaria dispuesta en 2003, en parte compensada por el aumento de los precios internacionales de los productos de exportación, afectó a algunas importantes industrias domésticas, que quedaron en desventaja competitiva con respecto a las importaciones de bienes homólogos.
Debe reconocerse que existe una gran presión de los EE.UU. para que todas las naciones que con ella comercian revalúen sus propias monedas frente al dólar, para posibilitar que la economía norteamericana pueda tornarse internacionalmente más competitiva y pueda reducir su magno saldo negativo en sus transacciones comerciales con el extranjero. La economía norteamericana es el motor de la economía mundial, a la que impulsa a través de sus gigantescas compras en el extranjero. Su petición de que otras naciones reconozcan una devaluación del dólar frente a sus monedas es, en cierta forma, una solicitud de cooperación para equilibrar su economía, abrumada por los déficit gemelos de su presupuesto fiscal y de balance de pagos, que en conjunto suman más de 10% de su producto interno.
Los países de la Unión Europea han consentido la revaluación de su moneda común, el euro, con respecto al dólar en 50%, muy a pesar del daño que ello les causa, puesto que acota su propio crecimiento económico.
El Japón y otros países amigos de los EE.UU., entre ellos la Argentina, han consentido en revaluar sus monedas en una mucho menor escala. No así la China y otras potencias asiáticas, con enormes excedentes favorables en su comercio con los EE.UU., cuyas monedas están «pegadas» al dólar estadounidense.
• Inversión
En contrapartida, invierten aquellos excedentes en bonos del Tesoro de la Unión, contribuyendo así a la cobertura de sus falencias presupuestarias y de pagos internacionales. La Argentina no se halla en situación comparable con las naciones asiáticas, puesto que su comercio exterior con los EE.UU. es aún deficitario. Tampoco se encuentra en la sólida posición económica de la Unión Europea, como para sacrificar una magna porción de la competitividad internacional de sus industrias, mediante una adicional revaluación del peso. Nuestro país se halla en un proceso de saneamiento y fortalecimiento de su estructura económica para consolidar un crecimiento sustentable que le permita cumplir con sus obligaciones externas y, a un tiempo, reducir el desempleo de su fuerza laboral.
Ello obliga a una política de tipo real de cambio que preserve la competitividad internacional de nuestras industrias y el equilibrio del balance de pagos, habida cuenta de las obligaciones emergentes de la presente renegociación de la deuda externa.




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