El contexto económico global y local presenta un gran desafío a la hora de tomar decisiones de inversiones La suba de tasas de interés de los principales bancos centrales golpeó a la renta fija y renta variable global en tanto que el siempre frágil panorama local nos expone a gran volatilidad e incertidumbre. Con este marco de fondo, priorizando la diversificación entre instrumentos, analizamos las alternativas de inversión para lo que resta del año tanto para la cartera global como para la local.
En cuanto al entorno global, la situación continúa siendo desafiante. Si bien en los últimos dos meses los mercados tuvieron una importante recuperación, la historia de este año sigue siendo muy decepcionante tanto para la renta fija como la renta variable. Detrás de estos resultados se encuentra un contexto en el que el salto inflacionario –la inflación se ubica en los niveles más altos desde 1981- obligó a la Reserva Federal y a la mayoría de los bancos centrales a iniciar un proceso de suba de tasas de interés de referencia para retornar al nivel de equilibrio de largo plazo. La FED dejó de comprar bonos del Tesoro y subió la tasa de referencia fuerte y rápido –la llevó de 0.25% a 2.50%- situación que no ocurría desde 1994.
La buena noticia es que algunos factores transitorios como el salto del precio del petróleo y las complicaciones en las cadenas de suministro, parecen estabilizarse. Mientras tanto, el mercado laboral trae buenas noticias en cuanto a que la demanda de empleo se mantiene pujante, aunque la tasa de desempleo tan baja plantea un desafío para las autoridades dado que es un factor de presión para los salarios y la inflación de mediano plazo. Así, notamos una tregua en el mercado global, pero no creemos que sea el momento de cantar victoria.
Si bien la inflación de julio –y muy probablemente la de agosto- sean muy bajas, producto de la caída que mostró el precio del petróleo en los últimos meses, la guerra contra la inflación continúa y todo indica que la FED continuará subiendo la tasa de referencia al menos 1 pp adicional.
En este contexto, las tasas cortas seguirán bajo presión mientras que las largas probablemente se van a mantener estables con política monetaria contractiva y mayor demanda por activos seguros. En este escenario bonos del tesoro a largo plazo (IEF) o bonos de calidad corporativos (LQD) son los más recomendables porque tienen margen para reducir los spread. Preferimos no sumar exposición en los bonos corporativos de alto rendimiento y emergentes pues estarán más expuestos al riesgo que trae la desaceleración económica y suba de tasas de interés.
En cuanto a la renta variable, mantenemos un perfil defensivo priorizando servicios públicos, salud y para porfolios más agresivos que apuestan por recuperación pueden invertir en big tech (XLK) que se ven favorecidos por la fortaleza que mostraron sus balances en los últimos años. No recomendamos Europa, pues la situación económica se irá tornando cada vez más difícil a medida que llega el invierno y no cubren el faltante que genera la salida de Rusia como proveedor de gas.
En emergentes, encontramos atractivos a algunos países de Latinoamérica debido a posiciones técnicas y buenos fundamentals como es el caso de Brasil (EWZ) y en menor medida Chile (ECH) en caso que el proyecto de reforma constitucional sea rechazado. Por otro lado, recomendamos alejarse de acciones relacionadas con el consumo cíclico y con el real estate que en un ambiente de desaceleración y suba de tasas probablemente se van a ver negativamente afectados.
En cuanto los commodities, nos mantenemos neutrales dado que la paulatina normalización de la oferta de Ucrania y Rusia y la menor demanda global, están reequilibrando los precios en niveles previos al conflicto.
En cuanto al contexto interno, la situación económica es frágil y está bajo tensión permanente por la delicada situación económica, política y no menos importante, social. Pese al acuerdo con el FMI en marzo y a las bondades de un salto en los precios de las materias primas que exportamos, los fundamentals de la economía no levantan. Déficit fiscal elevado y financiado en mayor medida con emisión monetaria, pérdida de reservas internacionales, control de cambios e inflación creciente son un desafío para nuestras carteras locales.
Cualquier evento inesperado puede ser disparador de inestabilidad, tal como ocurrió entre principios de junio y fines de julio pasado con una crisis que golpeó a todos los activos argentinos y alimentó pronósticos muy negativos para el devenir del país. Con una profunda reconfiguración del gabinete y con medidas no exentas de costos futuros, la tensión comenzó a ceder gradualmente desde fines del mes pasado, pero no mucho más.
Con la tregua que marcamos para el escenario global –no exenta de volatilidad- lo que definirá la dinámica de los activos locales es la coyuntura local y más precisamente, la habilidad del gobierno para contener la presión sobre un mercado cambiario muy frágil. Con el cambio de ministro de economía con mayor peso político y con la determinante intervención del BCRA en la curva de pesos, la tensión aflojó y esto trajo un poco de alivio a las valuaciones.
El canje de deuda que despejó los vencimientos en el corto plazo, la buena licitación del Tesoro en agosto y el salto en las tasas de interés fueron medidas acertadas para contener la crisis, pero que no solucionan el problema de fondo e incluso serán un factor de inestabilidad en 2023 en pleno contexto electoral. La mejora fue acotada, quebró la tendencia peligrosa que había tomado en plena corrida contra la deuda, pero no mucho más: el riesgo país se mantiene por encima de los 2.300 puntos -1000 puntos arriba que previo a la crisis- y la brecha cambiaria se estacionó en torno al 110%, 40 pp por encima a la de fines de mayo. Lograr una mejora persistente en las valuaciones dependerá de la consistencia y credibilidad que logre el equipo económico de los pasos a seguir. El mercado espera medidas concretas, especialmente en materia fiscal y los bonos soberanos estarán sujetos a las mismas.
Le damos baja probabilidad a un cambio radical del programa económico. Lo más urgente para el gobierno es revertir la tendencia que viene marcando el mercado cambiario que obliga al BCRA a vender cada vez más divisas y acelerar el ritmo de devaluación. No es un problema de oferta, pues con el shock de precios internacionales la liquidación de exportaciones viene marcando un muy buen dinamismo, sino que es la demanda tanto de bienes como de servicios que suben de la mano de la ampliación de la brecha cambiaria. Es cierto que el déficit energético este año se lleva un importante protagonismo sin embargo notamos que el deterioro comercial sectorial es generalizado.
Considerando que en los próximos meses la oferta del agro tenderá a caer –como ocurre todos los años- frenar el déficit del balance cambiario será clave pues las reservas internacionales netas están en niveles muy bajos. Ante la debilidad de las cuentas externas recomendamos la cobertura cambiaria.
El salto en la brecha cambiaria sumado a la inercia y a la expansión monetaria generada para intervenir en el mercado de Pesos, le dio un nuevo impulso a la inflación que en julio y agosto marcarían un alza promedio del 7% mensual y en lo que resta del año tendrían un piso no menor al 5% por mes. Aun sin prever un salto discreto en el tipo de cambio oficial, nuestro escenario es que difícilmente puede caer mucho más. En este contexto, recomendamos tener una posición importante de la cartera en instrumentos ajustables por inflación pues lucen los más rentables.
Ante la escalada inflacionaria, el BCRA jugó más fuerte de la habitual y subió fuerte la tasa de política monetaria y también para los plazos fijos que llegan hasta el 95% anualizado. Si bien parece insuficiente para ganarle a la inflación en el corto plazo, es una buena alternativa para aquellas inversiones con un plazo de inversión muy corto.
Finalmente, si bien la fragilidad económica y el elevado riesgo país es una pesada carga para la renta variable local, la posición en acciones argentinas la recomendamos para inversores que con un horizonte de inversión mediano y largo. Notamos valor en varias empresas locales, con buenos balances y buenas perspectivas considerando un contexto global con precio de commodities que se mantienen en niveles históricamente elevados.
Dejá tu comentario