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Parece complicado, pero se aclarará bastante el concepto con un ejemplo sencillo. Para ello consideremos el comportamiento de un individuo cualquiera, que llamaremos «Juan», quien tiene $ 20 en su bolsillo un día 30 a la noche y se va a dormir. Al día siguiente cobra su sueldo de $ 300, que luego gasta durante el mes, quedándose con los $ 20 que ya tenía por cualquier eventualidad. Sin embargo, un mes desea ser más precavido, y quiere terminarlo con $ 30 de reserva en su bolsillo. Para eso, en principio no le quedaría más alternativa que bajar de $ 300 a $ 290 su gasto.
Lo primero que debemos observar como consecuencia del cambio de conducta de Juan es que el aumento en la demanda de pesos genera simultáneamente una disminución idéntica en la demanda de bienes o del gasto. Luego, para entender cómo se eliminan estos desequilibrios simultáneos, tendríamos que preguntarnos de dónde salen los $ 10 para satisfacer el aumento en su demanda si no hay emisión monetaria, y quien va a gastar los $ 10 que Juan deja de gastar.
Veamos las siguientes respuestas:
1)
En este caso, o bien el gobierno retira los pesos excedentes con algún instrumento financiero, o bien los retira con superávit fiscal, o bien deja que se expanda la demanda total de bienes, que se traduciría en un aumento de actividad y precios, y finalmente en una pérdida de divisas y déficit comercial si el Banco Central interviene en el mercado cambiario. Esto ocurriría también por única vez, ya que al mes siguiente se restablecería el equilibrio inicial.
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