4 de junio 2008 - 00:00

"La hemorragia inmobiliaria persiste"

El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien afirma que la crisis financiera internacional aún no terminó y «que habrá una nueva oleada de pérdidas a las que ponerle el pecho que exigirá, en no pocos casos, reforzar el capital». Además, Gekko considera que las cotizaciones de los papeles de los bancos no son mayores porque a los accionistas les va peor que a las entidades financieras.

La hemorragia inmobiliaria persiste
PERIODISTA:¿Otra vez los bancos? ¿Se repite la historia? ¿Regresa la inestabilidad bancaria al centro de la escena?

Gordon Gekko: Se tocó un nervio que permanece sensible. Y que no admite una solución de fondo instantánea. Se necesita tiempo para terminar de digerir los problemas.

P.: Se pensó que la experiencia de Bear Stearns -el rescate gubernamental a sus acreedores- daba vuelta la página.

G.G.: Lo hizo. Frenó la corrida sobre los bancos de inversión. Instaló la idea de que las grandes instituciones no van a caer aun si la gravedad de sus problemas lo ameritase. Y ello sigue vigente.

P.: Pero los bancos cotizan hoy a los mismos precios que cuando se dispuso el salvataje de Bear Stearns. Todo lo que se avanzó en su momento ya se esfumó.

G.G.: La hemorragia persiste. La crisis inmobiliaria sigue su curso. Los precios de la vivienda caen a una velocidad de 25% anual en los EE.UU. Corolario: cobrar una hipoteca es más difícil hoy que en marzo. Es decir que mana sangre en abundancia, las heridas de los bancos no cicatrizaron. Con Bear Stearns lo que la Fed instrumentó fue una transfusión. Prestarles en forma directa a los bancos de inversión permitió su acceso a un banco de sangre -público e ilimitado-. El paciente recuperó rápido un mejor semblante, pero no se confunda, no curó sus males.

P.: No hasta que un buen torniquete detenga la hemorragia inmobiliaria.

G.G.: O se neutralicen sus efectos con una inyección fuerte de capital. Yo diría que si bien la crisis inmobiliaria hoy es peor que en marzo, la situación de los bancos es mejor. Si la estimación del Fondo Monetario es correcta -aquella que consideraba que los costos financieros de la crisis iban a trepar a u$s 945.000 millones de dólares y que los bancos tendrían que cargar con una factura de entre u$s 440.000 millones y u$s 510.000 millones-, entonces el sistema ya absorbió tres cuartas partes de la cuenta total. Y lo hizo sin mella en su posición patrimonial.

P.: La calidad del nuevo capital que recolectaron los bancos -sobre todo después del caso Bear Stearns- no es de lo mejor.

G.G.: Es uno de los puntos que levanta Standard & Poors esta semana cuando decide bajar las calificaciones de Lehman, Merrill Lynch y Morgan Stanley y revisar a negativa su visión sobre Bank of America y JP Morgan Chase. Hay un exceso de instrumentos híbridos.

P.: Se venden acciones preferidas de bancos como si fuera pan caliente. Como si fuesen bonos que, por descuido, los bancos estuviesen emitiendo con cupones extraordinarios de 8% o más.

G.G.: Hay un componente de riesgo moral (moral hazard) que está ligado también a la operación de Bear Stearns. El accionista ordinario de la firma se arruinó; el accionista preferente atravesó la crisis sin un rasguño. En el diseño del rescate se lo dejó, deliberadamente, a salvo de toda contusión. Pero no hay garantías, si la historia se repite, de que vuelva a ser así. En la medida en que los instrumentos híbridos cobran importancia en la estructura de capital, mayores son las probabilidades de que se vean afectados en el futuro. Y, a diferencia de otros pasivos como los credit default swaps, no hay una razón sistémica para eximirlos de un corte.

P.: Si los bancos ya reconocieron la parte del león de las pérdidas probables, si han tenido éxito en recabar capital, ¿por qué las cotizaciones no son más elevadas que en marzo, cuando regía la zozobra?

G.G.: Porque a los accionistas les va peor que a los bancos. Es una estimación imperfecta, no la tome al pie de la letra, pero yo calculo que desde que estalló la crisis en agosto, el valor de las acciones de los bancos cayó en más de u$s 700.000 millones.

P.: Mucho más de lo que les va a costar a las entidades toda la crisis.

G.G.: Es que el nuevo capital que se acerca a los bancos lo hace a partir de condiciones más ventajosas.

P.: Que termina pagando el accionista ordinario.

G.G.: Correcto. Se lo diluye. Y si quiere capital de mejor calidad, es más costoso aún. Tome un caso extremo que también se ventiló esta semana: Bradford & Bingley.

P.: Un banco inmobiliario inglés.

G.G.: Así es. Tenía proyectado realizar una emisión pública de acciones a 82 centavos de libra. De buenas a primeras, se canceló y se anunció la venta de 23% de su capital, en bloque, a 55 centavos de libra a un private equity fund de los EE.UU., Texas Pacific (TPG Capital).

P.: Fue una conmoción. La acción se derrumbó 24%. No se les preguntó primero a los accionistas si querían participar. Se los enfrentó con el hecho consumado.

G.G.: Correcto. ¿Será una defraudación? Sería una maniobra indefendible, muy burda. Lo más probable es que haya buenas razones para abrochar la operación. Y acá se presenta la dualidad: la baja en la cotización del papel castiga a los accionistas preexistentes mientras, en paralelo, la solidez del banco se afianza.

P.: Ver de nuevo a las acciones de los bancos merodeando sus valores de marzo supone que este tipo de hechos puede emerger en cualquier momento.

G.G.: El acento está puesto en que habrá una nueva oleada de pérdidas a las que ponerle el pecho. Y ello exigirá, en no pocos casos, reforzar el capital. Ya es vox populi que Lehman prepara una emisión de u$s 4.000 millones a tal fin. Los bancos podrán salir mejor parados, pero no está claro cómo les irá a sus accionistas. De ahí la sensibilidad. Los precios caen para acomodar una prima de riesgo, por lo menos hasta que pase la temporada de balances.

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