"La inflación, paradójicamente, será el precio de haber tenido éxito"
El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien vaticina que, como resultado de la política monetaria llevada a cabo por la Fed, un escenario con inflación será el mal menor que podría suceder. Sería una señal de éxito de las medidas aplicadas. Además, sostiene que los recortes de la tasa de enero fueron generosos y dan margen para soportar nuevas turbulencias en los mercados.
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P.: El informe ISM manufacturero dio una lectura horrible en diciembre y otra, radicalmente distinta, en enero. ¿No pasará lo mismo con la lectura del mundo de los servicios, una trayectoria errática?
G.G.: ¿Cómo saberlo? Febrero recién empieza. El retroceso fue tan drástico que un repunte parcial no debería ser motivo de sorpresa. Pero la medición del informe ISM se correlaciona con el parte oficial de empleo. Es interesante. La economía de servicios creó 140 mil puestos de trabajo netos por mes en fecha tan reciente como el último trimestre del año pasado. En enero, la cifra bajó a sólo 34 mil. Son dos fuentes independientes, pero ambas aportan una misma historia de corrección súbita.
P.: La Fed, este lunes, reveló que los bancos están endureciendo sus criterios para conceder préstamos con una velocidad inaudita en los 17 años en que se llevan registros. ¿Será la razón del descarrilamiento imprevisto en los servicios?
G.G.: Para 85% de los encuestados, las turbulencias financieras no afectaron, en forma directa, la capacidad de financiarse y, por ende, la marcha de sus negocios. No es una señal promisoria: quiere decir que, además, hay otros factores que aprietan. Está claro que rige una fuerte presión sobre los márgenes de rentabilidad.
P.: ¿Cree que la Fed ya tomó nota de estas señales de creciente fragilidad en sus recortes de tasa de enero? ¿O deberá apurarse para volver a actuar? ¿ Esperará a la reunión de marzo?
G.G.: La aplicación de enero fue una dosis muy generosa destinada a oxigenar expectativas y con margen para soportar una cuota adicional de malas nuevas. Pero con la suerte de la economía en la picota, no cierra las puertas a futuras intervenciones.
P.: ¿Cómo se procesa la existencia de un disenso interno?
G.G.: Desde setiembre, cuando la Fed ajustó las tasas por primera vez, no hubo decisión tomada en forma unánime. Pero a la par, nada impidió operar a baja velocidad hasta diciembre y saltar en enero a un ritmo frenético de acción.
P.: Los halcones están a la defensiva.
G.G.: Richard Fisher discrepó de la última decisión, pero otro de los «duros», Charles Plosser, apoyó la iniciativa. Las posiciones son flexibles, consultan con la marcha de los acontecimientos, no se toman por capricho. Jeff Lacker, presidente de la Fed de Richmond y uno que milita entre los halcones, hoy (por ayer) reconoció su preocupación por las tensiones inflacionarias. Pero admitió la posibilidad de una recesión moderada. ¿Cómo se resuelve el dilema? Mientras las expectativas de inflación no se desborden, o sea, mientras el anclaje de las tasas largas se conserve en su sitio, la Fed mantendrá su juego. Y, si hace falta, doblará la apuesta. Si la Fed fracasa en su empeño, la deflación será su dolor de cabeza. La inflación, paradójicamente, será el precio de haber tenido éxito. El mal menor que Bernanke y sus colegas han elegido.




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