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El alcohol, por su parte, es otro agravante del problema de la violencia, y aquí nuevamente la televisión ejerce su poderoso influjo. Los jóvenes beben mucho, en un mes se emborracha uno de cada tres de ellos, y no hay dudas de que el alcohol es la vía de comienzo de otras adicciones, como el tabaquismo y las drogas. Las asociaciones entre etilismo, tabaquismo y drogadependencia son indiscutidas. Pero además el alcohol favorece la violencia. El 72% de las muertes entre estudiantes y adultos jóvenes se debe, en orden de prioridades, a: accidentes de tránsito, otros accidentes, homicidio y suicidio, donde el alcohol es un factor de riesgo importante para los tres. El alcohol aumenta la letalidad de los accidentes de tránsito, y es un factor de riesgo independiente para la ocurrencia de suicidios y homicidios. En Estados Unidos, por ejemplo, las bebidas alcohólicas son el tercer contribuyente en importancia a la mortalidad por todas las causas entre los jóvenes. La televisión otra vez tiene aquí su parte de responsabilidad.
Exponerse a la pantalla demostró ser un factor de riesgo independiente para el consumo de alcohol. Un estudio longitudinal realizado por la Universidad de Auckland, de Nueva Zelanda, por ejemplo, investigó la relación entre la exposición de jóvenes de 13 y 15 años de edad a diferentes modos de presencia del alcohol en la televisión («publicidad televisiva de bebidas alcohólicas», « mensajes destinados a moderar el consumo de alcohol», y « escenas relacionadas al alcohol en programas de entretenimiento»), y el consumo en esos mismos jóvenes cuando tuvieran 18 años de edad. Los investigadores pudieron constatar una relación positiva muy consistente entre la exposición a «publicidad televisiva de bebidas alcohólicas» a los 15 años, y las cantidades de cerveza consumidas a los 18 años.
La mayor parte de la publicidad de bebidas alcohólicas promociona cervezas; en consecuencia, a mayor publicidad recibida a los 15, mayor consumo a los 18. Otro trabajo, esta vez de la Universidad de Stanford, en California, siguió a 1.533 jóvenes con una edad promedio de 14 años buscando establecer el tipo de relaciones existentes entre la exposición al alcohol en televisión, videoclips, videocasetes, y el uso de videojuegos, y su consumo a los 18 meses de seguimiento. Los resultados fueron impactantes: entre los adolescentes que no bebían alcohol, cada aumento de una hora por día de televisión incrementa 9% las posibilidades de comenzar a consumirlo en los próximos 18 meses; cada hora de videomúsica en TV (videoclips) las aumenta 31%, mientras que los videojuegos y videocasetes no tienen efecto en el consumo. Los adolescentes que ya consumían alcohol en el momento de ingresar al estudio no vieron afectado su hábito por las horas de exposición a ninguno de los medios descriptos. El riesgo de comenzar a beber aumentó a medida que crecía el tiempo ante la pantalla del televisor o los videoclips.
Pero más interesante aun es que no sólo la violencia televisiva aumenta el delito, sino que una sociedad violenta favorece a su vez conductas violentas. Estudios que comparaban el pasado de delincuentes con el de personas normales mostró que los primeros tenían más frecuentemente antecedentes de haber sido maltratados o abusados durante la niñez. Los niños que reportan haber presenciado mayor número de escenas de violencia en las calles o en sus hogares exhiben un riesgo aumentado de desarrollar ellos mismos conductas delictivas en el futuro. Además, sus cerebros expresan niveles aumentados de algunos neurotransmisores relacionados con la ansiedad. Recientemente la prestigiosa revista «Science» publicó un trabajo científico donde los autores analizaron 1.517 adolescentes entre 12 y 15 años de Chicago, y hallaron que los expuestos a situaciones de violencia en las cuales veían disparar a otra persona, por ejemplo, fueron más propensos en el futuro a portar armas y a disparar a su vez contra otros. Nuevamente la relación entre número de exposiciones y riesgo de convertirse en violento fue dosisdependiente.
* Especialista en medicina interna, Hospital de Clínicas, Universidad de Buenos Aires.




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