La incertidumbre está aumentando entre las filas de los inversionistas. Lo que está sucediendo actualmente no se parece en nada a las correcciones cortas y violentas de octubre. Mantener la cabeza fría se está volviendo cada vez más difícil, ahora que las fluctuaciones diarias se están volviendo un tema de actualidad.
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Todo el mundo, de repente está gritando: «¡Inflación, inflación!». Pero lamentablemente (¿o afortunadamente?) los comentarios tienen un nivel superficial, o sea, «¿cuánto subirán las tasas?» y «¿cuánto más bajarán las acciones?». Es interesante hacer unas consideraciones sobre los orígenes de la situación que estamos viviendo actualmente. Se llega rápidamente a la conclusión de que el problema de raíz es monetario.
De un lado hubo demasiados años que Alan Greenspan pasó inundando el mercado de liquidez. Las tasas reales (tasa de interés - tasa de inflación) fueron negativas por muchos años consecutivos y siguen en niveles históricamente muy bajos, empujando a los inversores a buscar alternativas para proteger sus capitales. La protección fue encontrada en todos los bienes: no me he fijado en nada -durante los últimos 5 años- que no haya subido de valor: bonos, acciones, euros, commodities, inmuebles, tierras...
Por otro lado, los políticos han hecho todo lo que estaba en su poder para gastar dinero público, aparentemente en la convicción más profunda de que las generaciones futuras serán entusiastas de poder pagar deudas acumuladas para el pago de sueldos, pensiones y asistencia pública. Pero eso no es todo: los responsables de las estadísticas en los Estados Unidos (el discurso seguramente vale para muchos otros países) se han vuelto verdaderos artistas en los métodos de cálculo de los datos sobre la inflación. Han aprendido a publicar índices de precios a medida, según las conveniencias: una vez incluyendo los costos de la energía, una vez quitando los alimentos. Tanto es así que hoy, si el cálculo de la inflación fuera sobre la misma canasta como hace 30 años, su nivel anual sería de 8% y no de 3% como nos hacen creer No sé si ha llegado la hora, pero de una cosa se puede estar seguro: las cuentas las pagaremos nosotros mismos, de una forma o de otra. Lamentablemente no hay muchas opciones para reducir las deudas, siendo la más fácil una buena inflación que erosione el valor de lo adeudado. La reciente alza de los commodities, y de los metales preciosos en particular, fue rápida y violenta. Podría ser que algunos estén posicionándose en bienes reales en previsión de algo que pueda suceder. Si estuviéramos hablando de un libro, diría que ésta es «la trama del cuento».
Para entender el capítulo actual, no queda más que abandonarse al análisis técnico, un arte que confía mucho en la interpretación de líneas trazadas encima de otras líneas y, por lo tanto, no siempre muy confiable. Los mercados seguirán débiles y se podría seguir aprovechando los días positivos para aliviar las carteras cuyos resultados siguen siendo positivos en términos anuales, a pesar de la severa y elevada corrección. Pero eso lo dicen muchos. ¿Será que después de esta corrección, las acciones comenzarán de vuelta a seguir sus trazos desafiando las leyes de gravedad? La respuesta -por un razonamiento elemental- es un «no» claro: los niveles de las tasas de interés y del barril de petróleo están vaciando los bolsillos de los consumidores norteamericanos. La economía se va a enfriar, y las acciones pueden caer aun más.
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