La producción industrial pyme cayó 6,1% y la actividad económica nacional disminuyó 1,7%. Ambos datos corresponden a mediciones interanuales de agosto. Detrás de estos indicadores en rojo hay empresas que postergan inversiones, márgenes de ganancias cada vez más estrechos, comercios que cierran, industrias que frenan la producción y puestos de trabajo que desaparecen.
Las pequeñas y medianas empresas bonaerenses atraviesan un escenario que exige atención y respuestas. La industria enfrenta dificultades para sostener sus niveles de producción, el comercio trabaja con consumidores que cuidan cada vez más sus gastos y miles de empresarios deben tomar decisiones cotidianas para mantener sus negocios en funcionamiento. No hablamos de una estadística aislada, se trata de la capacidad de producir, vender, invertir y generar empleo en la Provincia de Buenos Aires.
Los indicadores oficiales permiten dimensionar el problema. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la producción industrial pyme cayó 6,1% interanual en agosto de 2026. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la utilización de la capacidad instalada industrial se ubicó en el 58,5% ese mismo mes, por debajo del 59,6% registrado en agosto de 2025. Esto significa que una parte importante de la capacidad productiva disponible continúa sin utilizarse.
La actividad económica tampoco ofrece señales contundentes de recuperación. El INDEC registró una caída interanual del 1,7% en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de agosto. Aunque el indicador tuvo una leve mejora del 0,1% respecto de julio, esa variación mensual no alcanza para afirmar que existe una recuperación sostenida.
En la Provincia de Buenos Aires, donde conviven grandes polos industriales, parques productivos, comercios de cercanía, empresas familiares y economías regionales, estos números adquieren una dimensión particular. Cuando una fábrica reduce sus turnos, el impacto no termina en su planta: alcanza a sus proveedores, transportistas, talleres, distribuidores y comercios. Cuando un negocio vende menos, se resienten sus ingresos, su capacidad de reponer mercadería y sus posibilidades de sostener el empleo.
El comercio minorista refleja con claridad las dificultades del consumo. De acuerdo con el relevamiento de CAME, las ventas de las pymes comerciales durante el Día de la Madre de 2026 disminuyeron 1,4% interanual a precios constantes. Fue la quinta caída interanual consecutiva para esa fecha. Si bien es algo que ya pasó hace algunas semanas, el dato es relevante porque una fecha comercial tradicionalmente importante no logró revertir la cautela de los consumidores. Durante el año, los comerciantes ya no logran repuntar las ventas en las fechas comerciales especiales, que solían generar una diferencia. La gente cuida su bolsillo porque no hay dinero en la calle y lo que es aún más preocupante, no hay trabajo.
La actividad económica tampoco ofrece señales contundentes de recuperación.
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Los descuentos y las cuotas ayudan a concretar operaciones, pero también pueden reducir los márgenes de los comerciantes. Vender más no siempre significa ganar más, y sostener la actividad mediante promociones permanentes tiene un límite. A esto se le suma los números ya conocidos sobre endeudamiento de las familias, y no por consumos extras, se endeudan para poder pagar los servicios, la comida del mes, lo básico.
Frente a este escenario, desde FEBA y las cámaras empresarias que representamos sostenemos que la estabilización macroeconómica debe traducirse en condiciones concretas para producir, invertir y trabajar. Las pymes necesitan previsibilidad, pero también instrumentos que les permitan atravesar esta etapa sin perder capacidad productiva ni mercados.
La primera prioridad es recuperar el capital de trabajo y el acceso al financiamiento. Necesitamos líneas de crédito accesibles para las pymes industriales y comerciales, con tasas y plazos compatibles con sus ciclos productivos, así como herramientas que faciliten la inversión, la incorporación de tecnología y la modernización de los establecimientos. Sin financiamiento adecuado, muchas empresas quedan limitadas a administrar la urgencia, en lugar de planificar su crecimiento.
La segunda es reducir la presión sobre los costos y mejorar la competitividad. Es necesario revisar la carga tributaria que recae sobre la producción y el comercio, coordinar políticas entre los distintos niveles de gobierno y avanzar en una reducción efectiva de los costos que afectan a las empresas formales. Esto debe acompañarse de reglas claras, simplificación administrativa y condiciones que favorezcan la competencia en igualdad de condiciones.
La tercera es impulsar la demanda y fortalecer los mercados locales. La recuperación de la actividad requiere que los hogares puedan volver a consumir y que las empresas encuentren oportunidades para colocar sus productos. Proponemos profundizar las herramientas de financiamiento al consumo, promover acuerdos entre productores y comerciantes, fortalecer los centros comerciales abiertos y desarrollar iniciativas que articulen a las pymes con las cadenas de valor y las compras públicas, con criterios transparentes y mecanismos que faciliten la participación de proveedores locales.
También debemos impulsar una agenda de desarrollo productivo bonaerense que contemple las diferencias entre regiones y sectores. Las necesidades de una pyme metalúrgica del conurbano no son necesariamente las mismas que las de un comercio del interior, una empresa alimenticia o un establecimiento vinculado a las economías regionales. Las políticas públicas deben reconocer esa diversidad y construirse con participación de quienes conocen de primera mano la realidad de cada territorio.
Las políticas públicas deben construirse con participación de quienes conocen de primera mano la realidad de cada territorio.
Estamos convencidos de que el diálogo entre el sector privado y el Estado es indispensable. Las entidades empresarias no solo representamos reclamos: también acercamos diagnósticos, propuestas y conocimiento territorial para construir soluciones posibles. Por eso, necesitamos ámbitos de trabajo permanentes que permitan evaluar resultados, corregir medidas y priorizar acciones con impacto verificable sobre la producción y el empleo.
La Argentina necesita empresas capaces de competir, innovar y crecer. Pero para que eso suceda, primero debemos evitar que la pérdida de actividad se convierta en un deterioro permanente de su estructura productiva. Una fábrica que deja de producir, un comercio que cierra o una pyme que pierde trabajadores no se recuperan de un día para otro.
Las pymes bonaerenses no piden privilegios, solo necesitan condiciones para trabajar, invertir y competir con reglas previsibles y herramientas para atravesar un escenario complejo sin resignar su futuro.
La Provincia de Buenos Aires tiene un entramado empresarial fundamental para el desarrollo nacional. Cuidarlo no es una medida sectorial, es una decisión estratégica para sostener el empleo, dinamizar las economías locales y construir una recuperación que llegue a quienes producen y trabajan todos los días.
Presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA).