El mundo actual, y sobre todo pospandemia, ha cambiado. Y lo seguirá haciendo. No adaptarse a los cambios para muchas organizaciones significa poner en juego su supervivencia. Es necesario incorporar nuevas maneras de observar para lograr enfoques más productivos. En ese sentido, las mujeres hoy lideran espacios que aportan un complemento que hace la diferencia.
Las mujeres ocupan apenas el 13,7% del total de los integrantes de los directorios de las 1.000 empresas que más venden en la Argentina, mientras que el cargo de presidente en esas compañías está ocupado por hombres en un 95%, es decir, solo el 5% son mujeres.
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En 2022, Néstor García, el presidente y CEO de KPMG Argentina (red global de firmas que presta servicios de Auditoría, Impuestos y Consultoría) a partir de los datos que surgieron de encuestas que la empresa lleva a cabo anualmente, señaló que: “este año en los directorios hay un poco menos del 15% de mujeres y en los directorios suplentes llegan al 16%, comparado con el mundo desarrollado, que está en un 30% o 40%”.
En ese sentido, cabe preguntarnos ¿De qué se estarán perdiendo las organizaciones sin la mirada e integración femenina en las empresas? ¿Qué aporta el liderazgo femenino en una organización? Aunque falta mucho por recorrer, las mujeres han logrado un espacio dentro de las organizaciones en roles que históricamente eran exclusivos de los hombres. Hoy, la mirada de las mujeres al momento de tomar decisiones ha revolucionado la forma de ser y hacer empresa.
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Desafiar estereotipos, creencias, etiquetas, capacidades y habilidades son algunos de los retos que las mujeres hoy eligen asumir para desarrollarse personal y profesionalmente.
El nuevo paradigma del liderazgo se centra en la idea de ser un líder colaborativo que facilita el aprendizaje y la transformación. Las mujeres están dejando una huella en las empresas, aportando un estilo que se centra en la empatía, la escucha, la conversación y la inteligencia emocional.
Ahora bien, ¿cuáles son los obstáculos para liderar siendo mujer? Podríamos enunciar numerosas trabas que se presentan diariamente. La cultura, la historia, la falta de oportunidades, los prejuicios, la desigualdad entre otros. Incluso para muchas mujeres el obstáculo es que ellas mismas creen que no pueden llegar a donde quieren y juzgan su propia capacidad frente a un contexto que no siempre facilita el desarrollo de su potencial.
Por esto, cada vez es más frecuente que las mujeres hoy realicen procesos de coaching ontológico para descubrir su potencial y diseñar su futuro dentro las organizaciones. Las y los coaches acompañamos los procesos de transformación en donde la persona puede mostrarse vulnerable dentro de un espacio seguro. De esta forma, facilitamos un espacio donde se puede mostrar tal cual son y planificar de qué manera quieren ser y ejercer su rol profesional.
Todas las personas guardan un líder-coach en su interior y las mujeres no son la excepción, el descubrimiento de su propio potencial es lo que revoluciona el mundo. Más allá de las dificultades externas ya conocidas, las mujeres hoy creen en sí mismas, en quienes están siendo, en sus capacidades y potencial.
Este 'poder' femenino surge como resultado de procesos de introspección donde el coach asiste para que pueda encontrar infinitos espacios de posibilidades para actuar y transformar la cultura de las organizaciones hacia una mirada más inclusiva.
El o la líder que transforma desarrolla habilidades como la creatividad, escucha, planificación, la capacidad de conversar, trabajar en equipo, inteligencia emocional y otras habilidades con el compromiso de valorar las diferencias entre lo masculino y femenino.
El liderazgo femenino no excluye, sino que incluye. Por sobre todas las cosas, busca ser un complemento. Busca aportar una mirada integradora a las empresas sin perder de vista las metas y los objetivos por cumplir.
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