Todo esto se traduce en un estímulo positivo para la Bolsa y en un estímulo negativo para los bonos y, especialmente, para el dólar. Se trata de la configuración de una economía de guerra.
Con el paso del tiempo será cada vez más importante evaluar cuán agresivamente se utilizará la reserva estratégica de petróleo. Los mercados saben que cuanto más bajen las reservas, más deberán reponer algún día. Aquello que hoy reduce el precio lo hará subir mañana.
Además, existe una cuestión de seguridad nacional estadounidense y mundial: para el terrorismo, golpear el petróleo en un momento en que las reservas están bajas maximizaría el impacto negativo sobre la economía internacional.
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