Por Lic. Agustina Chacón, Lic Sonia Checchia, Lic. Nancy Ferro, Psicooncólogas del Instituto Alexander Fleming.
Por Lic. Agustina Chacón, Lic Sonia Checchia, Lic. Nancy Ferro, Psicooncólogas del Instituto Alexander Fleming.
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En La cara social del cáncer, Fernando Gil Villa (Barcelona, Octaedro, 2012) dice que no se puede comprender el cáncer si no conocemos su dimensión social. En una encuesta realizada a la población española, sobre un total de 400 entrevistados, el 71,8% contestó que le temía al cáncer; el 12,5% al Alzheimer; y el 3% al sida. Además, el 50% manifestó temer las consecuencias negativas del diagnóstico en las relaciones de pareja; el 46% en el terreno laboral y el 35% destacó el temor a las consecuencias en las relaciones de amistad.
“¿Cómo? ¿No te hacías los controles?”; “No me gustan las metáforas bélicas. Estoy enferma, no voy a la guerra”; “Los rencorosos se enferman de cáncer. El rencor es la causa”; “No te culpes por estar enfermo”; “Larga y cruel enfermedad”
Estas son algunas de las frases incluidas en nuestro libro “El Cáncer y las Palabras”, en el cual exploramos las vivencias de los pacientes, analizando lo que escuchan y les gustaría escuchar del ámbito médico, laboral, social, familiar y medios de comunicación.
Muchas de estas frases, clichés muy a la mano, pueden resultar muy perturbadoras para quienes las reciben. Las palabras reproducen estereotipos, mitos y prejuicios que funcionan como amplificadores del sufrimiento y también son herramientas muy valiosas a la hora de reflexionar, transformar y proponer otras representaciones sociales en torno a la enfermedad.
El cáncer continúa siendo un tema tabú, del que se prefiere no hablar. Continúa asociándose al deterioro, al dolor, al sufrimiento, a procedimientos agresivos y, de manera inexorable, a la muerte, sin importar su tipo, detección, localización y posibles tratamientos. Su diagnóstico es un evento disruptivo en la vida de una persona. Rompe con lo cotidiano, con lo conocido. Nos enfrenta con la certeza del diagnóstico y la incertidumbre de su evolución.
Es importante saber que cada persona afrontará la enfermedad de manera única y particular. La adaptación psicológica frente al impacto emocional dependerá no sólo de los mecanismos defensivos en juego, sino de lo que sucede alrededor de la persona enferma, es decir, del momento vital en el que se encuentre, su estilo personal, su historia familiar, el tipo de enfermedad y su posibilidad de tratamiento, y el significado que tenga de la enfermedad y el estar enfermo.
Ser diagnosticado de cáncer es mucho más que una experiencia médica. El término “cáncer” trasciende el ámbito de la salud y la enfermedad, tiene una connotación cultural y trascendencia social. Se utiliza como adjetivo común a la hora de dar cuenta de cualquier mal social que esté al acecho para destruir o corromper.
Por nuestro trabajo como psicólogas creemos profundamente en el carácter terapéutico de las palabras durante las consultas y fuera del consultorio. Las palabras son imágenes, y las imágenes nos devuelven palabras. Necesitamos seguir trabajando sobre el uso de las palabras que ayuden a la comunicación, para que la primera asociación que surja cuando decimos “cáncer” no sea muerte.
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