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La fuerte devaluación real de nuestra moneda en un marco de austera política fiscal y prudente gestión monetaria posibilitó a vastos sectores de bienes transables disminuir significativamente sus costos en dólares, haciendo rentable y dando viabilidad a amplios segmentos de nuestra producción industrial.
Sectores productivos de bienes intermedios tales como siderurgia, aluminio, petroquímica crecieron en una primera instancia mediante el incremento de sus exportaciones y fueron seguidos por la mejora de la actividad que mediante la sustitución de importaciones se obtuvo en industrias como la textil y la metalmecánica fuertes demandantes de mano de obra.
Esta recuperación productiva fue posible por la existencia de una importante capacidad productiva moderna que había quedado ociosa y que fue puesta rápidamente en funcionamiento reincorporando a trabajadores desocupados y haciendo uso de adecuados y competitivos servicios de infraestructura ( energía, puertos, vías navegables, comunicaciones, etc.).
Este proceso requiere hoy para su continuidad dinamizar la inversión para que mediante la ejecución de nuevos proyectos se incrementen las capacidades instaladas.
Sectores como industrias metálicas básicas, refinación de petróleo, papel y cartón, sustancias y productos químicos, operan ya hoy cercanos al límite de sus posibilidades y varios de ellos deben disminuir sus exportaciones para satisfacer la creciente demanda interna. Por el lado de la infraestructura, aparece como preocupante cuello de botella el abastecimiento energético.
La intervención del Estado alterando las señales de precios ha desalentado las necesarias inversiones introduciendo además distorsiones notables en los consumos. Una indicación en este sentido la brinda el hecho de que en el año 2004, con un PBI todavía 3,2% menor al de 1998, tuvimos consumos de energía eléctrica 33% mayores (92 GWh en 2004 vs. 69 GWh en 1998).
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