Las tasas de interés tienen gran incidencia en el valor de los activos, así como los mercados de divisas y son también un poderoso instrumento para regular las economías nacionales. Frente al repunte de la demanda global en todos los países y los actuales ritmos de inflación preocupantes, los bancos centrales han venido subiendo tasas. Hoy coinciden las reuniones de los directorios del Banco Central Europeo y del Banco de Inglaterra.
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El BCE resolvió el 6 de junio pasado elevar la tasa a 4% anual, como se descontaba. En la correspondiente conferencia de prensa, el presidente Trichet afirmó que se mantiene vigilante de la evolución de los precios al tiempo que dio señales de que las tasas se mantendrían en esos mismos niveles hasta fines de año. Si bien la inflación, que está en 1,9%, viene moderándose y está debajo del tope superior deseado por el Banco, existe el temor a que la gran reducción del desempleo, que ahora llega a 7% para la zona, induzca concesiones salariales inflacionarias. Otro temor es el posible impacto del precio del petróleo. No obstante, no se esperan ajustes de la tasa en los próximos meses.
Respecto del Banco de Inglaterra, después de que las minutas de la reunión de junio pasado mostraran la decisión de mantener la tasa sin cambios, en 5,5%, fue muy reñida, pues la votación fue 5 a 4 -estuvo muy cerca de haber sido un aumento a 5,75%-; los mercados apostaron a que el incremento se producirá hoy. Los operadores subrayan que los datos justifican un nuevo ajuste.
Si bien la inflación ha aflojado un poco, como en otros países, desde 3,1% a 2,5%, el guarismo todavía excede a 2% establecido como meta. Con un mercado laboral muy demandado y precios de inmuebles exuberantes, los riesgos inflacionarios deben ser contenidos. Hasta la directora Kate Barker, la menos firme respecto de la inflación, ha señalado esa necesidad. El caso de Japón es más complejo. Desde hace 17 meses los precios vienen cayendo de forma consecutiva y todavía pesa el recuerdo del gran estancamiento de la economía durante la década del 90. Se pasó del milagro japonés al desencanto.
Por ello, el Banco de Japón mantiene las tasas más reducidas del planeta. En febrero subieron de 0,25% a 0,5% anual. El gobernador Fukui manifestó que las tasas se irán ajustando a medida que la economía y los precios lo justifiquen. Como el consumo privado se está recuperando junto con la macroeconomía, parece que bastaría que los precios comiencen a subir para que las tasas sean nuevamente ajustadas. La curva de rendimientos incorpora la expectativa de un aumento a 0,75% hacia fines de año. Pero en el país nipón las cosas no son tan transparentes y el Banco de Japón usa otros instrumentos. Si bien las tasas no sufrieron los ajustes que varios operadores esperaban, la base monetaria viene cayendo en picada. Se redujo 27% desde enero 2005, una contracción sin precedentes.
A su turno, la decisión del Banco de Canadá de mantener la tasa en 4,25%, el pasado 29 de mayo, no trajo sorpresas. Lo que sí fue sorpresivo fue el agresivo comunicado tras la medida. El banco señaló que la inflación se mantenía por encima del objetivo de 2% y que una suba de tasas era esperable en el plazo cercano. En consecuencia, los operadores modificaron sus expectativas. Es que el índice de precios al consumidor de abril fue de 2,5%, aunque las últimas lecturas se aflojaron un poco. No obstante, con precios internos, metales y petróleo en alza, la próxima suba de tasas no tomaría a los operadores por sorpresa. El directorio se reúne el 10 de julio.
En Suiza
El Banco de Suiza elevó la tasa a 2,5% en su sesión del 14 de junio pasado. Aunque la tasa esté en su nivel más alto de los últimos 6 años, y la inflación está por debajo del límite de 2%, impuesto por el Banco, la aceleración de la economía hace temer nuevas subas de tasas. Sobre todo porque los actuales niveles, muy inferiores a los internacionales, han incentivado las operaciones de «carry trade», depreciando la moneda y arreciando los riesgos de importar inflación.
A su turno, el Banco de Australia decidió mantener su tasa en 6,25%, la más alta de los últimos 6 años. Esa decisión estaría justificada en que la inflación está en 2,4%, cumpliendo su meta de entre 1% y 3% anual.
Por último, la Reserva Federal de los EE.UU. mantuvo la tasa sin cambios, tal como se descontaba, el 28 de junio pasado. La próxima ocasión es el 7 de agosto. No obstante, los operadores estarán siguiendo las señales del mercado para anticipar cambios en el sentimiento de las autoridades, que se mantienen vigilantes. Por una parte, la caída de la demanda en el sector inmobiliario, con consecuencias más agudas en las hipotecas más riesgosas, sub-prime, pone un freno al crecimiento. Por el otro, a pesar de que la tasa de inflación core se estaría reduciendo, la inflación general permanece en niveles peligrosamente elevados. Es importante recordar que los bancos entienden prioritario que las subas de precios no eleven las expectativas inflacionarias de la población, pues ello haría mucho más complicada su tarea de custodiar el valor de la moneda. Al mismo tiempo, el crecimiento de las economías ha superado las previsiones más optimistas. Tanto que, para varios observadores calificados, se estarían excediendo las posibilidades productivas de largo plazo. De tal modo, los aumentos de las demandas globales, con su impacto en los precios y los mercados de commodities, estarían sobreestimulando la actividad. En ese marco, nuevas alzas de tasas para atenuar la demanda no pueden sorprender. Ello impactaría sobre los países emergentes. Finalmente, como la situación de cada moneda y país es diferente, los operadores continuarán siguiendo muy cuidadosamente los datos para aprovechar posibles diferencias, anticipándose a las decisiones oficiales.
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