2 de abril 2008 - 00:00

Si se quiere Estado intensivo, primero hay que tener Estado

La llamada Nueva Economía Institucional se ha concentrado en estudiar no sólo los contextos institucionales en que se definen en una sociedad los derechos de propiedad -división de poderes, garantías y deberes, etc.- resumidos en «las reglas del juego», sino también, y en especial, los problemas derivados de la «gobernabilidad», en el sentido de alinear las estructuras de gobierno con los contratos que surgen de la interrelación entre gobierno y privados y entre privados, resumidos en «el desarrollo del juego». Un ejemplo ilustrativo de esto último podría ser, por qué un mismo proceso de privatización puede derivar en el «capitalismo popular» de Inglaterra o, en menor medida Chile. O en el capitalismo de «mafiosos» de Rusia. Pero un ejemplo mucho más contemporáneo, para los tiempos que corren en la Argentina, es el problema que surge de utilizar instrumentos intensivos en Estado, sin capacidad de gestión y sin tener los recursos necesarios en el Estado para llevarlos a la práctica. Esto cobra gran importancia hoy, en que una de las «soluciones» que se ofrecen para el problema planteado por el sector agropecuario, pasa por ampliar los mecanismos de compensaciones y subsidios que rigen la producción láctea o de trigo, hacia los productores de menor tamaño de soja y girasol. Como diría algún fallo judicial, «sin entrar a juzgar el fondo de la cuestión», es decir si es sustentable continuar con esta política de destruir los mercados para aislar los precios locales de los internacionales -como ya ha pasado en la carne y los lácteos- y priorizar la distribución y subsidios a los sectores más pudientes de la sociedad, en detrimento de la eficiencia productiva, se intenta en estas líneas destacar cómo está funcionando la gestión pública, en toda esta maraña de reglas, subsidios cruzados, impuestos, compensaciones, reintegros, etc. Un rápido paneo, que no intenta ser exhaustivo.

  • Energía

  • Mercado de la energía eléctrica: Según información de las empresas generadoras, Cammesa, la compañía oficial que administra el mercado eléctrico, facturando a las distribuidoras y pagando a las generadoras, en función a su oferta de energía y que, además, compensa el uso de combustibles más caros, en sustitución del gas, lleva en promedio, más de un año de atraso en los pagos correspondientes, por más de 1.000 millones de pesos. Pero, simultáneamente, le gira a las empresas que necesitan fondos para mantenimiento de equipos, « adelantos de financiamiento», para que puedan seguir funcionando.

    Comercio exterior: Muchas empresas exportadoras manifiestan grandes retrasos en los cobros de reintegros a la exportación, en algunos casos, superiores a los seis meses.

    Subsidios de tasas de interés: Los bancos adheridos al sistema de préstamos con tasas subsidiadas por el Estado, también informan que «devengan» pero no cobran el monto del subsidio correspondiente. A estos ejemplos hay que sumar, entre otros, resoluciones publicadas en el Boletín Oficial en el área de energía y telecomunicaciones, que no se instrumentan, por incapacidad de gestión, desidia, u «otras motivaciones».

    Finalmente llegamos al sector agropecuario: Los subsidios y compensaciones instrumentadas para el trigo, los lácteos, el maíz, los porcinos, etc. tampoco se pagan. El ente encargado, el ONCCA que, según su página web, ya repartió más de 1.500 millones de pesos en subsidios, de acuerdo a los productores, presenta atrasos de más de nueve meses. Sin estructura, y sin capacidad de gestión.

    Y ahora, a esas limitaciones de acción, se le agrega un esquema mucho más difícil de instrumentar: el subsidio a ciertos productores de soja y girasol. Si ya parece difícil el pago a « todos» los productores de algunas producciones, imaginen lo que implica « discriminar» y desglosar a pequeños productores -muchos, por ejemplo, formando parte de «grandes» fideicomisos-. En síntesis, más allá de estar de acuerdo o no con el creciente sistema de subsidios, compensaciones, pagos y cobros que ha «inventado» este gobierno, como sustituto de una economía de mercado y subsidios directos a los que sí los necesitan, la moraleja es que si se quiere ser intensivo en Estado, primero hay que tener un Estado.

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