22 de octubre 2008 - 00:00

"Solución liberal" a las jubilaciones

«Todas las familias felices se parecen entre sí; las infelices son desgraciadas a su propia manera.» Así comienza León Tolstoi su novela «Anna Karenina».

La Argentina, sin embargo, se ha encargado de desmentir la primera parte de esta cita. En efecto, en los momentos de bonanza hemos sido felices a nuestra propia manera, con despilfarro, explosión del gasto público, caídas violentas del tipo de cambio real, aceleración de la inflación y sin prepararnos para los momentos negativos. Pero es cierto que, ahora, que «llegó la malaria», nos hemos encargado de vivir nuestra desgracia, como sugería el gran escritor ruso, diferenciándonos del resto de la región.

Todos enfrentamos un menor precio de nuestros productos de venta, y todos, en la región, en mayor o menor medida, estamos empezando a sentir los coletazos de la crisis financiera global y del «efecto riqueza negativo» sobre nuestros ahorros y sobre la demanda real. Sin embargo, a nadie, salvo a nosotros, se les ha ocurrido, en medio de una crisis del mercado de capitales, agravarla destruyendo la presencia de los únicos estabilizadores del mercado, los inversores institucionales «obligatorios» de largo plazo.

  • Destrucción

  • Mientras en el mundo y en la región tratan de garantizar liquidez y tranquilidad para el sector privado financiero y productivo, aquí, insisto, se busca destruir el escaso mercado de capitales institucional que nos quedaba, condenándonos, ahora sí, casi de manera irremediable a bajos salarios, para compensar altos costos de capital.

    En todo el mundo, al menos en todo el mundo que importa, los sistemas previsionales han sido transformados en sistemas mixtos, en donde el Estado cubre los aspectos mínimos de protección a la vejez, financiado con rentas generales o con un esquema «de reparto» y el resto lo proveen diversas variantes de un sistema de capitalización, en donde cada trabajador, individualmente, aporta fondos para su retiro, y un conjunto de administradores profesionales, sujetos a ciertas reglas, tratan de maximizar ese ahorro. Este paso fue «obligado» básicamente, por la demografía. Las tasas de natalidad están cayendo, la gente vive más tiempo y vive más tiempo retirada, de manera que no hay forma que, con impuestos al trabajo no confiscatorios, los trabajadores puedan, simultáneamente, vivir razonablemente, y mantener a los jubilados correspondientes mediante un sistema de reparto tradicional. El «ahorro obligatorio» entonces, no fue una «reforma neoliberal» de los sistemas jubilatorios, por el contrario, fue la solución «estatista y progre» al problema que generaba la demografía. La «solución liberal», por el contrario, se basó en un régimen universal de protección mínima a la vejez, financiado con rentas generales, mientras el ahorro para el futuro pasa a ser voluntario. Y si lo ahorrado no alcanza para un buen nivel de vida, o fallan los administradores profesionales, mala suerte.

    De esa manera, los Estados se fueron liberando, a su modo, del compromiso de una «jubilación proporcional al salario en actividad», impagable, por lo ya comentado.

    Contrariamente al discursooficial, la propuesta anunciada de Sistema Previsional Argentino es, básicamente, la «solución liberal» al problema. Hoy, más de 50% de los fondos que reparte el ANSeS proviene de los impuestos generales y menos de la mitad lo financian los impuestos al trabajo propiamente dichos. Es decir, es un régimen de reparto financiado, mayoritariamente, con rentas generales. Estos fondos que se reparten, por lo ya expuesto, convergen, lenta, pero inexorablemente, a una remuneración mínima, licuada con la inflación, la devaluación y con diversos métodos de cálculo. El resto, habrá que ahorrarlo voluntariamente, y cada uno que se arregle.

  • Incompatible

    El único «pequeño detalle», incompatible con la « solución liberal» es la expropiación del stock, los ahorros actuales acumulados en las cuentas individuales, y la destrucción, ya mencionada, en el corto plazo, del mercado de capitales. Esos fondos expropiados servirán, como siempre, para financiar gasto corriente, la campaña electoral, pagos diversos, y hasta, a lo mejor, un aumento jubilatorio el año próximo.

    También mejorarán, por la parte de los aportes mensuales que no se destinaban a comprar deuda pública, los ingresos del Estado, y ésos también se asignarán a repartir más clientelismo en el presente, contra menos en el futuro.

    En síntesis, la «solución K» es una mezcla de peronismo ortodoxo, ¿acaso Perón no hizo lo mismo a su llegada al poder, apropiarse de las cajas jubilatorias para financiar populismo? Y la «solución liberal», una jubilación mínima para todos y el resto, ahorro voluntario.

    Es decir, lo peor del populismo, sumado a la variante más rancia del conservadurismo liberal. Lo de siempre. Al final, Tolstoi, no tenía razón.
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