El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales, personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street», quien justifica la acción de la Reserva Federal para salvar a los acreedores de Bear Stearns, ya que «son los dueños de los bancos los que tienen que afrontar los costos del tropiezo», sostiene. Por otro lado, Gekko considera que ante la incertidumbre que reina en los mercados internacionales la Fed debería dejar la tasa de interés de corto plazo en sus valores actuales de 3% y debería marcar un umbral de menor tolerancia frente a las presiones inflacionarias.
G.G.: Es la idea que los dueños del banco afronten los costos del tropiezo. No son los únicos; también la Fed está cargando una parte de la mochila.
P.: Con un redescuento extraordinario de u$s 30 mil millones.
G.G.: Otorgado con garantías de dudoso cuño y sin recurso contra el comprador de Bear Stearns.
P.: JP Morgan Chase asoma como un gran pescador en río revuelto.
G.G.: Su valor en Bolsa trepó u$s 12 mil millones tras el fin de semana. No está nada mal cuando la cotización de sus competidores se destruye.
P.: Una cifra no muy distinta del valor de libros de Bear Stearns; u$s 80 por acción y no los u$s 2,16 que ofrece pagarles a sus accionistas.
G.G.: Correcto. Fíjese que JP Morgan constituyó una reserva de u$s 6 mil millones y la motivación principal es cubrir posibles litigios.
P.: ¿No es un precio abusivo?
G.G.: En la presentación a sus inversores, JP Morgan defiende las bondades de un precio módico. Reconoce que le concede una gran flexibilidad y margen de error. Pero para que la operación proceda, no basta con el OK de la conducción de Bear Stearns, tendrá que aprobarla la Asamblea de accionistas.
P.: ¿Cree que puede bloquearla?
G.G.: Una mejora marginal es posible. Pero es difícil que se consiga arrimar un comprador que le resulte más conveniente a la Fed. Y no se olvide del redescuento que vence en 25 días. Se necesitará renovarlo y la decisión compete al banco central. El accionista no la tiene fácil: deberá elegir entre tomar poco o nada. O cuestionar en sede judicial el manejo de Bear Stearns durante la crisis con la esperanza de cobrarle luego a JP Morgan.
P.: ¿Cómo prosigue esta película? ¿Cómo evitar que nuevos bancos de inversión se sumen a la fila?
G.G.: La Fed, el domingo, de urgencia, cambió las reglas de acceso a los redescuentos. En rigor, a una ventanilla análoga a la que podrán acceder los intermediarios primarios (primary dealers) y tomar financiamiento a plazos de 1 día contra una variedad amplia de instrumentos con grado de inversión. No importa que los dealers no estén sujetos a la supervisión de la Fed.
P.: Lo que hubiera necesitado Bear Stearns.
G.G.: Probablemente. También se dispuso un recorte de un cuarto de punto en la tasa de descuento primaria (el mecanismo convencional) y se extendió su plazo máximo de 30 días a 90 días.
P.: La lectura no tiene desperdicios: la Fed se prepara para una colocación en masa de redescuentos. ¿O me equivoco?
G.G.: Lamentablemente, no.
P.: La reunión de mañana (por hoy) perdió toda relevancia. ¿Quién se preocupa por la baja de tasas de interés? Nadie pregunta si será de tres cuartos o de un puntocompleto. La percepción es que la crisis no se inmutará.
G.G.: Queda claro que la independencia de Bear Stearns no desaparece porque los fed funds estuvieran en 3% y no en 2%.
P.: ¿No convendría suspender los recortes de tasas? Si a nadie le sirven, ¿por qué no ahorrar esa munición? A este ritmo, pronto escaseará.
G.G.: No tengo objeciones.
P.: Tal vez calme las aguas de los mercados de cambios. El dólar cayendo a pique, día tras día, es una invitación a un accidente de proporciones.
G.G.: La Fed debería dejar las tasas cortas donde están y de paso marcar un umbral de menor tolerancia frente a las presiones inflacionarias.
Desde ya que tendrá que administrar la crisis aumentando sus pasivos vía redescuentos y pases o cambiando la composición de sus activos. En consecuencia, la tasa efectiva de fed funds podría ubicarse por debajo de la tasa de referencia como ya sucediera al comienzo de la crisis o cuando se previno el efecto del año 2000. Pero la Tesorería tendría que recoger el guante -hacerse cargo de los problemas de insolvencia- y no transferirle el recado a las tasas de interés.
P.: ¿Piensa que así se hará? ¿Que la Fed economizará en la baja de tasas?
G.G.: Pienso que tratará de no afectar las expectativas. Evitará sumar nuevos dolores de cabeza. Pero es obvio que así la respuesta de la política monetaria se malgasta.
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