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7 de septiembre 2004 - 00:00

¿Subir sueldos o bajar precios?

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La devaluación de enero de 2002 produjo la mayor transferencia regresiva de ingresos de la que se tenga recuerdo. El PBI cayó 12% y prácticamente se duplicó el número de pobres e indigentes, según los indicadores del INDEC. Ya está hecha y no vale la pena discutir el pasado, aunque sí recordar que quienes la objetamos sabíamos que con respecto a Estados Unidos el uno a uno era correcto, que el euro subvaluado 20% poco tiempo después se revaluó en relación con el dólar y con el real brasileño se pudo compensar el «gap» de 40% aplicando las cláusulas de salvaguarda del Tratado de Asunción, además de anticipar, ya en ese momento, los resultados negativos que produciría.



La devaluación produjo, como se dijo, una enorme transferencia de ingresos de los consumidores y trabajadores de ingresos fijos a favor de dos sectores: uno, los directamente vinculados a la exportación, y otro, el Estado que incrementó su recaudación vía retenciones a las exportaciones, IVA sobre precios más altos, Ganancias al no admitir amortizaciones por diferencia de valores, lo mismo que el impuesto a los créditos y débitos bancarios.

Dos beneficiarios (el Estado y la producción para la exportación) y un gran perdedor (el pueblo consumidor).

La incidencia del tipo de cambio sobre el consumo varía, de país en país, según la índole de las exportaciones. Si fuésemos exportadores de «chips» de computación (entre tantas otras cosas) como Singapur, el asunto sería diferente, pero en la Argentina al exportar primordialmente alimentos (primarios o industrializados) y combustibles, su gravitación es mucho mayor. Piénsese que mientras más bajo es el nivel de ingresos de una familia, mayor es proporcionalmente el gasto en alimentación y por lo tanto, componiéndose ésta de bienes transables de precio internacional, mayor será su incidencia en el costo de vida.

Por eso la espectacularidad de la curva creciente de pobres e indigentes después de la devaluación. Si acordamos que el consumo interno es un factor preponderante de nuestro crecimiento y la inversión es el otro componente necesario para que haya continuidad en el desarrollo, cabe preguntarse ¿qué incidencia tiene el tipo de cambio en el crecimiento sostenido y en la equitativa distribución de la renta nacional? Este debate, que constituye uno de los ejes de la cuestión, es absolutamente ajeno a las discusiones políticas y sociales actuales. No está en el debate del oficialismo ni de la oposición. El gobierno ha tomado partido. La devaluación inicial fue de 40% (excesiva, dijo Kirchner), a la que se debe sumar 50% de aumento de precios minoristas, lo que nos arrojaría hoy un dólar equivalente a dos pesos, pero el BCRA compra todos los días para que siga valiendo tres, con toda la incidencia que esto tiene en el costo de vida y, por ende, los niveles de pobreza e indigencia, como se dijo antes.



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