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28 de abril 2021 - 11:43

El Gobierno explora un nuevo gambito entre el Banco Central y el Tesoro: ¿quién se sacrifica?

Si la inflación está en el 40,6% anual y se proyecta al 50%, nadie querrá colocar sus pesos a una tasa inferior al 40% anual. El Tesoro ofrecería una mayor tasa de interés en sus colocaciones para seducir a inversores.

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El título de la serie "Gambito de Dama", de Netflix, refiere a la jugada de Ajedrez gambito, que es una apertura en la cual se sacrifica un peón para conseguir una ventaja.

Netflix

El Gobierno nacional tiene dificultades para contener la inflación: en los últimos seis meses fue del 24,5% y en los últimos tres meses del 13%. Conclusión: vamos rumbo a una inflación del 50% anual, como piso.

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La suba de la inflación es la primera sintomatología de un grave problema que es el déficit fiscal. Por cada $100 que gastamos (gasto del Estado más pago de intereses) solo financiamos con recursos genuinos $73,00. El resto hay que conseguirlo en el mercado, vía endeudamiento en pesos o emisión monetaria del Banco Central.

En lo que va del año, el Banco Central asistió al Tesoro con $190.000 millones, y esta cifra está llamada a crecer. La crisis sanitaria ahonda la diferencia entre ingresos escasos y gastos abundantes.

El Gobierno nacional explora un nuevo gambito entre el Banco Central y el Tesoro. Actualmente, el Tesoro sale a buscar dinero al mercado vía letras y bonos, pero el mercado viene siendo arisco con el Tesoro: pocos quieren comprar bonos con rendimientos inferiores al 40% anual.

Para la jornada de hoy se está trabajando con una estrategia de tenaza, por un lado, el Banco Central dotó de liquidez a los bancos, liberó de pesos a las entidades al comprar menos letras y les dejó en caja cerca de $ 470.000 millones, bajando el stock de Leliq en las dos últimas licitaciones. Por otro lado, estos fondos se aplicarían a la colocación de letras y bonos del Tesoro en el día de hoy, el Tesoro ofrecería una mayor tasa de interés para seducirlos a invertir en sus instrumentos financieros.

Estamos en un escenario de manta corta. Si la inflación en el último año está en el 40,6% anual, y se proyecta al 50% anual, nadie querrá colocar sus pesos a una tasa inferior al 40% anual. El Gobierno confía en que la inflación bajará y probará colocando letras a 60 días a una tasa superior al 40% anual, pan para hoy y hambre para mañana, ya que en 60 días la inflación será más elevada que hoy.

La inflación viaja al 4% mensual, con tarifas congeladas, servicios que no aumentan de precio por la recesión y un tipo de cambio planchado. Estas tres variables no se pueden mantener inalteradas por mucho tiempo más.

La política antiinflacionaria del Gobierno se divide en dos frentes, por un lado, experimenta con el frío, desea congelar los precios de todos los productos que pueda en el mercado. Cada vez que se le aplicó frío a los precios, se cortó la luz, el deshielo fue peor que la baja temperatura. Por otro lado, el Gobierno desea bajar la inflación de palabra, se queja que la alta inflación es parte de la expectativa que generan los economistas cuando aducen que habrá más inflación a futuro. El Gobierno está convencido que, si todos dijéramos que habrá menos inflación, eso ocurriría. Es como las abuelas que te curaban el empacho o la ojeadora de palabra.

En economía los problemas no se resuelven ni con frío, y menos con palabras. La inflación es la consecuencia del desorden de las cuentas públicas, financiado con emisión monetaria sin respaldo. Hay más pesos para una economía que cada día produce menos. Más pesos en el mercado, contra menos productos ofertados, la consecuencia lógica es aumento de precios.

En este contexto, emerge la suba de los dólares alternativos, que es el acto de repudio de la sociedad argentina a la mala administración de las cuentas públicas de nuestra clase política.

El mercado nada en una abundancia de pesos. En el mercado financiero hay depósitos en las entidades financieras por un total de $6,9 billones, de los cuales $3,9 billones están en cuenta corriente y caja de ahorro sin generar interés. Si solo un 20% sale de los bancos para comprar dólar blue, la demanda sería de u$s 4.850 millones, lo que implicaría una espiralización del precio del dólar blue.

Conclusiones

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