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23 de agosto 2026 - 00:00

Tres años de contracción agrícola de empleo en América Latina y el Caribe

La agricultura regional logró frenar en 2025 tres años consecutivos de destrucción de empleo, pero persisten la informalidad y la presión de los costos internacionales.

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El mercado laboral de América Latina y el Caribe mostró una marcada heterogeneidad sectorial entre 2019 y 2025. 

Depositphotos

El informe anual de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026. Crecimiento y productividad en un contexto de alta informalidad: limitantes y desafíos para impulsar la formalización productiva en la región, permite analizar la evolución reciente del sector agropecuario regional. El eje central es claro: mientras las actividades primarias ganan peso en el crecimiento económico, el empleo agrícola muestra señales de fragilidad, alta informalidad y una exposición creciente a los choques internacionales de costos.

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Actividad económica y primarización regional

En los últimos años, las actividades primarias —que comprenden los sectores agropecuario y minero— aumentaron significativamente su contribución al crecimiento del valor agregado en América Latina. Este avance ocurrió en paralelo con una pérdida relativa de protagonismo de la industria manufacturera y la construcción, lo que reabre el debate sobre la primarización de la estructura económica regional y la necesidad de recuperar capacidades de planificación productiva.

El dinamismo de las actividades primarias presenta una marcada heterogeneidad geográfica. Es especialmente visible en América del Sur, donde los sectores agropecuario y minero tuvieron una participación destacada en el crecimiento económico reciente. En cambio, en Centroamérica, las actividades primarias registraron aportes reducidos o incluso negativos durante determinados períodos.

Paraguay ofrece un ejemplo relevante. En 2025 se ubicó entre las economías más dinámicas de la región, con un crecimiento del PIB igual o superior al 5%, impulsado por el fuerte desempeño del sector agropecuario. En 2026, la liquidación de divisas del sector agroexportador paraguayo también incidió en la apreciación de su tipo de cambio nominal.

Empleo agrícola, informalidad y seguridad social rural

En 2025, la cantidad de ocupados en el sector agrícola registró una variación del 0%. Aunque el crecimiento neto fue nulo, la CEPAL señala que esta estabilización representa una mejora significativa después de tres años consecutivos de destrucción neta de puestos de trabajo en la agricultura regional.

En contraste, tanto la industria como los servicios aumentaron la cantidad de ocupados durante 2025: el empleo en los servicios creció 1,9% y el industrial, 1,3%.

La estacionalidad, la dispersión territorial y la informalidad histórica de las actividades agropecuarias dificultan la aplicación de esquemas laborales y previsionales tradicionales. Por eso resultan relevantes las innovaciones fiscales y de seguridad social adaptadas al trabajo rural, como los Convenios de Corresponsabilidad Gremial en Argentina, que captan aportes mediante una tarifa sustitutiva al momento de la comercialización, y el régimen de Asegurados Especiales en Brasil, que ofrece cobertura a trabajadores independientes y agricultores rurales mediante tasas de contribución específicas.

Choques internacionales de costos y seguridad alimentaria

Las tensiones geopolíticas de 2026 en Oriente Medio impactaron directamente en los costos de producción del sector agrícola global. Durante los primeros tres meses posteriores al inicio de las hostilidades, entre febrero y mayo de 2026, los precios internacionales de los fertilizantes aumentaron 37,8%, más del doble del incremento inicial registrado durante el conflicto en Ucrania en 2022, que fue del 17,8%.

Dado que el Golfo Pérsico concentra una parte significativa del comercio mundial de urea y amoníaco, las interrupciones en el suministro de fertilizantes nitrogenados encarecen los costos agrícolas y elevan los riesgos para la producción de alimentos.

El aumento de los fertilizantes y de los costos del transporte, en particular del diésel, presiona la estructura de costos de la producción agrícola regional y puede trasladarse al precio final de los alimentos. Si las tensiones geopolíticas persisten, la Reserva Federal de Estados Unidos profundiza la baja de las tasas de interés y los precios internacionales mantienen una trayectoria ascendente, podrían intensificarse las presiones inflacionarias. A ello se suma el impacto de El Niño y de las sequías sobre distintas producciones agroalimentarias.

Políticas públicas y apoyo al sector agropecuario

El alcance del apoyo estatal al sector agropecuario sigue siendo un componente central de la competitividad internacional. Estados Unidos destina cerca de 35.000 millones de dólares anuales a programas de apoyo agropecuario, mientras que la Unión Europea cuenta con la Política Agrícola Común (PAC), cuyo presupuesto ronda los 55.000 millones de euros.

En América Latina y el Caribe, según el informe de la CEPAL, diversos países implementaron medidas de emergencia para mitigar la crisis provocada por los costos de la energía y los fertilizantes en la producción de alimentos. En Uruguay, por ejemplo, se otorgaron apoyos directos al sector agrícola mediante subsidios a las tasas de interés de préstamos de la Agencia Nacional de Desarrollo.

En Honduras, Panamá y Chile se aplicaron subsidios a los combustibles y las tarifas que beneficiaron a las actividades agropecuarias y al transporte de cargas esenciales. En Argentina, el aumento del gasoil y la falta de mantenimiento de la infraestructura afectaron a los sectores agropecuario y minero.

Un sector que dejó de destruir empleo, pero no logra recuperarse

En síntesis, el mercado laboral de América Latina y el Caribe mostró una marcada heterogeneidad sectorial entre 2019 y 2025. Tras el colapso del empleo total en 2020, cuando cayó 8,1%, la reactivación estuvo impulsada principalmente por los servicios, mientras que el sector agropecuario atravesó una contracción persistente que recién comenzó a estabilizarse en 2025.

Aunque la agricultura fue el sector más resiliente en 2020, con una caída del 3,5%, y repuntó 3% en 2021, luego acumuló tres años consecutivos de destrucción neta de empleo: 0,9% en 2022, 2,3% en 2023 y 1,8% en 2024.

La variación del 0% registrada en 2025 detuvo la pérdida de puestos de trabajo, pero no resolvió los desafíos estructurales asociados con la informalidad, los costos internacionales y la dependencia de las actividades primarias.

¿Se consolida el “granero del mundo”? Habrá que pensar otro nombre ante la profundización de la minería como una de las principales actividades regionales, aunque tanto esta como la agricultura tienen un impacto limitado en la creación de empleo.

Economista de la UBA, docente e investigador del IDEPI-UNPAZ y de la FCE-UBA

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