La pandemia, ¿la pagarán los administradores?

El administrador (director o gerente) de la sociedad tiene todos los números comprados para ser demandado. Pero, ¿está en juego su patrimonio? Sí, si no hace las cosas bien.

Con la mayoría de las sociedades en problemas económicos, los trabajadores, proveedores, locadores y muchos otros están inquietos por saber si les pagarán. Como saben que recibir moneda de quiebra (o sea, migajas) es una posibilidad, miran de reojo otras alternativas. El administrador (director o gerente) de la sociedad tiene todos los números comprados para ser demandado. Pero, ¿está en juego su patrimonio? Sí, si no hace las cosas bien.

Persianas bajas

Para saber si un administrador va a pagar la quiebra de la sociedad, partamos de una idea básica: no es responsable por el fracaso de la empresa, pero sí por causarlo. Parece contradictorio, pero no lo es. Veamos.

Para ganar plata, hay que arriesgar. Esto hacen los administradores. Difícil estar hoy en sus zapatos. Fabricaba ropa, reorientó la producción para hacer mascarillas y salvó el negocio. “Un fenómeno”. Encontraron la cura y se fundió. “Un fracasado”. Muchos dicen que están blindados por este tipo de decisiones (las de negocio), pero esa inmunidad no funciona cuando los errores son groseros. Entonces: tomar riesgos, sí, pero con racionalidad. De otra forma, lo que estará en riesgo será su patrimonio.

En el otro extremo, paralizarse o dejar que fluya también es peligroso. Operar en insolvencia y no tomar algún remedio (por ejemplo, el concurso) lo puede comprometer. De nuevo: ocupa el cargo para tomar decisiones. No hacerlo es otra forma de faltar a sus deberes.

De todos modos, la pandemia ayudará a disimular hasta las peores administraciones. Su sola invocación parecerá (y muchas veces, será) razón suficiente para explicar el descalabro.

Por supuesto, están también los casos patológicos. Dos clásicos: vaciar de bienes el patrimonio de la empresa o continuar el negocio a través de otra sociedad (o las dos). Acá es claro que los administradores van a responder. En teoría, al menos: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

La relación con los trabajadores

Los administradores no responden por las deudas con los empleados. Sí cuando actúan mal con ellos.

Por cierto, la pandemia no es de ningún modo excusa para anotar al empleado por la mitad del sueldo o por menor jornada. Tampoco para reducirle el salario sin su consentimiento. En un país con altos índices de empleo mal registrado, no es simple azar encontrar empresarios por los pasillos del Tribunal. Llevado el caso a la Justicia, va a responder la sociedad, pero también el administrador. Por ahora, legalmente, no hay mucho margen de maniobra, más que negociar suspensiones con los empleados. El futuro dirá qué sucede con los ajustes que se están haciendo.

Un tema complicado es el de organizar y adecuar el trabajo a la pandemia. Entre licencias, trabajo a domicilio, normas sanitarias y otros, el empresario tiene que hacer malabares. Muchas decisiones que lo pueden comprometer. ¿Qué pasa si hay un contagio de coronavirus en su empresa? ¿Y si un empleado se da por despedido, disconforme con las nuevas tareas, la modalidad de prestarlas o los horarios? Son situaciones inéditas y es difícil arriesgar respuestas. Debe actuar con prudencia y razonabilidad. Por él y por los trabajadores. Por más que suene obvio –y lo sea-, es todo lo que se le puede exigir jurídicamente.

Responsabilidad ante los impuestos

Acá el Estado se dio un privilegio. El administrador es “responsable por deuda ajena”, o sea, por los tributos de la sociedad (Ganancias e IVA, por citar dos). Pero no lo será si prueba que no es posible pagar. Hoy, con recursos escasos, podría ser razonable postergar el pago de los impuestos y privilegiar a empleados y proveedores, de modo de no paralizar la empresa. Claro que la sociedad tiene que pagar, pero en esta sí se salva el patrimonio del administrador (o así debería ser).

Dicen que la experiencia es un peine que te dan cuando estás pelado. Esto no les cabe a los administradores de nuestro país, que ya pasaron otras situaciones críticas. Esta será su ventaja para adaptarse y sacar adelante la empresa. El futuro parece más incierto que nunca, pero, si actúa correctamente, al menos una cosa estará segura: su patrimonio.

(*) Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral.

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